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miércoles, 5 de mayo de 2010
PARA NO PERDÉRSELO!
domingo, 2 de mayo de 2010
Cosas salvajes...
viernes, 12 de febrero de 2010
Magaly Solier
Hace unos meses, en el programa Mesa de Noche que conduzco junto a Renzo Schuller y Denise Arregui, pronuncié la palabra chullo ligada a lo que estarían haciendo en el festival de Cannes las actrices Norma Martinez y Magaly Solier por lo cual terminé siento tildada de racista, envidiosa y prejuiciosa.
Han tenido que pasar algunos meses para que yo me sienta en capacidad de hablar sobre esto. Mucha gente me preguntaba que por qué no escribía algo al respecto y es que la verdad, no podía hablar. Me sentía silenciada. Nunca antes mi trabajo había sido descalificado de tal manera y necesité tiempo para elaborarlo. Por otro lado, estaba embarazada. Tenía las hormonas revueltas y simplemente cubrí mi panza junto conmigo bajo una frazada y dejé de ver televisión y de revisar mi correo. Lo que estaba sucediendo era nuevo y desestructurador para mí. Yo iba a convertirme en madre y necesitaba por todos los medios mantenerme entera. Duele ser insultada de manera anónima por el correo electrónico.
Evaluando ahora, pienso que sí fue un comentario desacertado. Si pudiera retroceder el tiempo lo volvería a hacer? Absolutamente no. Una de mis lecciones es que cuando uno está en una mesa de conducción tiene una enorme responsabilidad. Trate el tema que trate.
Creo que lo que se generó fue más importante que el comentario mismo. Una de las cosas que sentí, es que a veces necesitamos encontrar culpables a través de los cuales canalizar nuestros propios miedos, dolores y frustraciones. Nos es necesario. Porque proyectando nuestro dolor en otro nos liberamos. Porque el dolor no es nada más que la otra cara de la rabia. Y entiendo que duela y que haya dolido. Intento pensar porque la gente reaccionó así y tal vez sea porque sí pues, estamos en un país fracturado y las fracturas duelen. Quizá porque, durante tantos siglos los españoles y sus descendientes dominaron las estructuras de poder sin mirar a nadie. Quizá porque, hay personas que creen que pueden decir o hacer cualquier cosa por el simple hecho de tener más dinero. Quizá porque en este país no siempre gana el mejor ni el que más trabaja sino el más vivo. Y tal vez también hayan podido pensar, qué hacen estos tres estúpidos tras una mesa de conducción. Y lo entiendo. Entiendo. Entiendo.
lunes, 11 de enero de 2010
Jelou!

Seguiré con este blog. Espero que con más frecuencia.
Les cuento que estoy escribiendo otro sobre mi "ser madre" para RPP. Sólo entren a www.rpp.com.pe, a Blogs y dentro de ellos al mío titulado: LA GALLINA. Si les gusta dejen comentarios.
Gracias a todos! Siempre.
Muaaaaaaaaaaaa!!!!!
jueves, 5 de noviembre de 2009
martes, 20 de octubre de 2009
Randy Pausch / La última lección
domingo, 18 de octubre de 2009
Los sueños, sueños son...

sábado, 17 de octubre de 2009
lunes, 5 de octubre de 2009
Las flores de Alicia...

Me gusta comprar flores. Me gusta caminar por la calle con un ramo de flores en los brazos. Cuando lo hago me siento alegre, iluminada, colorida. Así también, cuando veo a una mujer con un ramo de flores en los brazos la imagino contenta, delicada, gustando de su propia vida.
Talvez sea sólo una ilusión.
Cuando era niña, estaba "destinada" a ser una bailarina de ballet. Así me lo había planteado yo. No así mi padre que quería que yo llegara a ser cinturón negro en Tae-kwon-do y estudiara en la UNI ingeniería civil para convertirme así en una ingeniera de armas tomar. Yo en cambio, con mi "delincuencial personalidad”, soñaba más con un universo de tutús de algodón blanco, lagos de cisnes, moños, coronas y flores.
Dada mi afición a los tules mi madre me llevaba continuamente al Ballet. Así cuando era pequeña, tuve la oportunidad de ver a Alicia Alonso en una presentación, me parece que en el Teatro Municipal. Puedo equivocarme. Decían que Alicia era ciega y que se orientaba por la luz de los reflectores. También decían que los bailarines que tenía a su lado jamás la dejaban sola fungiendo así de lazarillos. Yo simplemente alucinaba porque estaba viendo a Alicia Alonso que para mi, junto a Barishnikov eran de niña, el non plus ultra de cualquier ambición dancística. Al final de la obra todos aplaudimos y un hombre a mi lado gritó desgarrado: "¡¡Grande Alicia!!" Y yo pensé, que tal vez algún día alguien gritaría mi nombre así. Tal vez... Algún día... Tal vez, pensé.
Gente muy importante subió al escenario y le entregaron flores. No se que edad habría tenido la Alonso en esa época pero desde mi punto de vista, desde mi ilusión, era una jovenzuela espigada, recibiendo unas hermosas flores frescas que la hacían ver aun más elegante y adorada.
Hace un par de años estuve en una reunión con gente de una importante compañía de ballet de Lima. Habían muchos bailarines y entre todos, una prima ballerina y un primer bailarín. Yo, me había tomado unas copillas de más y no dejaba de reír y de tomarme fotos con los "primos ballerines" porque: "¡¡¡No jodan! ¿Cuándo voy a tener otra oportunidad de tomarme unas copas con los primos ballerines!!!" Y nos moríamos de la risa y tomábamos fotos con el celular.
No se en que momento de la desordenada conversación se me ocurrió hablarles de mi infantil y adolescente amor por el ballet, de Alicia Alonso y de mi deformado punto de vista al verla tan jovenzuela recibiendo un hermoso ramo de flores cuando la Alonso en la época en que la vi tenía más de 60 años. En ese momento una de las chicas preguntó con ironía si es que alguien creía que Alicia Alonso también habría tenido que devolver las flores que le regalaron. Yo la miré sin entender y me explicó que a ellas, a las bailarinas, a la prima ballerina, al final de la función les entregaban flores sí, pero que eran flores de plastico que ellas debían de devolver después de la función. ¿Habría tenido Alicia Alonso que devolver sus flores después de la función?
Recordé mi visión de Alicia rodeada por su propio ramo, iluminada por los colores de la naturaleza. Pensé en cuantas veces había ido al ballet y había visto a las bailarinas recibiendo sus ramos, hermosas, sin saber yo que eran de plástico y que luego les serían arrebatados. Pensé en mi y en cuantas veces había recibido flores después en un estreno. Pensé en las historias que me creaba en la cabeza cuando veía a una mujer con un ramo de flores caminando por la calle. Pensé que talvez todo era una ilusión. La juventud de Alicia, sus flores, su figura espigada, la alegría de la gente con flores en los brazos, su delicadeza, mi percepción del maravilloso universo que rodea a las mujeres que compran o reciben flores… Puedo equivocarme. Quien sabe.
domingo, 4 de octubre de 2009
miércoles, 30 de septiembre de 2009
domingo, 27 de septiembre de 2009
jueves, 27 de agosto de 2009
Who cares?
Lee la nota completa en: http://peru21.pe/impresa/noticia/quien-le-importa/2009-08-24/254539
A quién le importa
Autor: Ricardo Vásquez Kunze
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Una madrugada de hace 6 años en el Haití. Un elegante caballero es abordado justo saliendo de pagar la cuenta por un tipo cualquiera. El fulano lo saluda, sonriente, y el caballero le responde el saludo. Aunque no lo conoce le pasa a menudo que incógnitos procedan a hacerle venias. Resulta que el caballero tiene una columna diaria en un periódico local, con su foto y todo. El fulano insiste en caminar a su costado y conversar fruslerías, como que estudia en un instituto de comunicaciones o algo así. El caballero sonríe e intenta despedirse cuando el fulano le dice que la vida está dura y tiene que “recursearse”. El caballero entiende de qué se tratan tantas amabilidades y que no le van a pedir un autógrafo. Con el tacto que lo caracteriza le responde que estaría encantado de irse con él pero que lamentablemente tiene una relación que se siente incapaz de traicionar (lo que, por supuesto, es mentira). Se despide y a otra cosa mariposa.Unos días después, doña Jessica Tapia anuncia en Panorama uno de sus tantos especiales de interés público: La prostitución masculina en el Parque Kennedy. Agrega, friedmaniana, que si hay oferta es porque hay demanda. Y entonces sale el caballero, desde distintos ángulos, conversando con un amigo de la profesión más antigua del mundo que, para estos efectos, es también un periodista de cámara escondida. El caballero era yo y el día el de la Madre. ¿Que qué tenía que hacer yo en un especial de “fletes” cuando había declinado precisamente la “oferta” por razones morales de fidelidad? Vayan a preguntárselo a doña Jessica Tapia.Si hay algo que tengo entre mis pocas virtudes es el entendimiento claro del mundo en el que vivo. Por eso es que una vez visto el especial de doña Jessica no se me ocurrió ni por asomo pedirle la más mínima rectificación por inexacta e injuriosa. Primero, porque a nadie le importa rectificación alguna. Las personas no dejan de creer en lo que creen porque un medio se rectifica si es que todavía les interesa el tema. Pero el asunto es que, después de unas horas, ni siquiera les interesa. Ya se olvidaron de ti. ¿Qué objeto tiene pues una rectificación así? Segundo, porque no tiene ningún sentido apelar a honores mancillados en una sociedad regida por el dinero como máximo objetivo del éxito en la vida. El honor y el dinero son como el agua y el aceite. En una sociedad de consumidores no hay sitio para el honor porque nadie lo entiende. Y si nadie lo entiende, ¿para quién querría yo restaurar mi honor? El asunto es tan ridículo como los duelos de los que hoy todos se ríen. Finalmente, ¿alguien cree realmente en lo que dice la prensa? ¿Alguien cree que allí se van a encontrar verdades en un mundo donde nadie cree en la verdad? La función de la prensa no es informar sino divertir. Esa es su medida hoy. Por eso espero no haberlos aburrido.
jueves, 20 de agosto de 2009
Náusea

No puedo escribir. Siento como si me hubieran atado las manos. Como si cualquier cosa que dijera pudiera ser usada en mi contra en un tribunal. Estoy silenciada. El silencio. No se de donde vino, aunque si se. Proviene de una reflexión. De un anonadamiento (¿se puede decir asi?). De observar, mirar, concluír, joderse un poco.
Es un momento, lo se. Es un punto de quiebre. Un momento en el que tomas la decisión.
Y a la mierda.
Te vas con los que hablan no con los que se quedan callados.
Tomas partido. Ejerces tu propio derecho a la libertad.
La libertad piensas... Que concepto tan amplio, básico y desconocido.
Estoy atada a mi nutrición, a mi hidratación, a mi sueño, a mi hijo...(básicamente).
Desato lo demás y... ¿Qué queda?
Me pone triste a veces ser un ser que es y que no es.
Me pone triste mirar.
Y claro, pienso, son esas depresiones que reconocemos como "filosóficas/existenciales". Ja. Esas que empezaron hace años con el famoso: "De dónde vengo... A dónde voy...".
Es la náusea. La puñetera náusea.
Espero se pase pronto porque ya veo, me inmoviliza. No me deja escribir.
O tal vez sea mejor aceptarla y escribir desde ella.
Y ¿qué?
No pasa nada. No pasará nada.
¿Quienes somos nosotros para mirar a alguien por el rabillo del ojo?
¿Quienes somos nosotros para insultarnos en la calle?
Estoy cansada y tengo náuseas.
Uacala. Wakala. Huacala. Huakala.
miércoles, 5 de agosto de 2009
La mano poderosa...

Hace días que no se qué escribir y pienso... Qué fácil empezar un post diciendo: "No se qué escribir...".
Hace unos meses caminando por la calle me encontré dinero. No poco. Bastante dinero. No conté bien los billetes, pero eran varios de cien soles. Deduje que en el fajo habrían unos quinientos soles.
Eran las dos de la tarde, hacía calor y yo estaba en medio del parque Kennedy con decenas de personas caminando a mi alrededor. Vi los billetes, los recogí y me quedé ahí parada mirando a la gente. A un metro de distancia un gran grupo de turistas oía con atención las indicaciones en inglés de un guía. Posiblemente, pensé, este dinero sea de alguno de ellos. Me acerqué hablando en "excuse me" y solicité que revisaran si es que a alguno le faltaba dinero. Me dijeron que no y el guía me miró y dijo: "Suerte flaquita, son para ti."
No se como explicar esto, pero el dinero literalmente, "me quemaba". Miré al guía y le dije: "No, yo no lo quiero. Tómalo tu". Y como si las quinientas lucas fueran una bombita apestosa, le entregué los billetes al guía y me fui corriendo a mi ensayo. Mientras caminaba pensaba en la cantidad de veces que había deseado en mi vida encontrarme "algo" de dinero en el suelo. Las muchas veces que, caminando por Madrid y con muy poco dinero para llegar a fin de mes, caminaba con la cabeza gacha mirando el suelo, porque tal vez... Por ahí... Algún despistado... Unos veinte euros... En fin.
No tenía claro qué coño había hecho. Sabía que no había querido tener ese dinero de no-se-quien, porque seguro ese no-se-quien, estaría destrozado pensando en lo idiota que había sido por perder el dinero de su alquiler, o de sus medicinas... O yo que se. "Carmón", me dije, "ese dinero estaba carmeado". Quemaba. En serio, quemaba.
De casualidad me llamó mi madre. My beloved and practical mother. Le conté el hecho como quien cuenta una anécdota de la cual aun no está muy convencida. Me dijo directamente que era "una cojuda". Que era tan improbable encontrarse dinero en la calle... Que ese dinero era para mi. Dios y la vida me lo habían regalado y yo había dicho: "No gracias." Qué sonsa Jimena.
Llamé a mi novio. El, compartiendo mi misma sensibilidad, (o cojudez según mi madre), me dijo que había hecho lo correcto y que seguro que en estos días algo muy pero muy bueno me pasaría. Ja. Ja. Ja. Ahora me río.
Cual sería mi sorpresa cuando a los pocos días, yo, esperando la buena nueva que me daría la vida, recibí en vez de eso, un golpe bajo, fuerte, duro y directo al estómago. Pum. ¡Toma!, me dijo la vida. Y yo... no pude evitar pensar en el dinero y en las palabras de mi madre. Dije "no gracias" a un regalo y ahora me lo están cobrando. Y ja, ja, ja. AHORA me río. Antes no.
No pude evitar pensar tampoco en un sorteo que me había ganado días antes de encontrar ese dinero que consistía en una sesión de fotos gratis en no se que estudio y que yo rechacé por flojera. Ja. Ja.
Entonces... Estén o no vinculados los hechos... Sea el pensamiento que sea que uno mantenga... Hace unos días almorzaba con mi madre y mi hermana en un restaurant y al bajar la mirada me encontré con una estampita de Santa Rosita y San Martín (por un lado y por el otro lado). La cogí sin chistar y sin dejar siquiera que mi hermana la tocara, me la metí en la cartera y riendo dije: "Para mi, para mi". Y cual sería mi gran sorpresa cuando tres días después, un golpecito bajito y duro del exterior entró nuevamente en mi panorama dejándome vulnerable y llorosa. Dos minutos después del golpecito salgo caminando de mi casa hacia el yoga y me encuentro en la calle una estampita. Otra estampita. Esta vez, de "la mano poderosa". Y la mano poderosa, miren ustedes, es la que la protege a una de los enemigos y de las personas que no nos quieren. Simplemente nos hacen invisibles a ellos. ¿Coincidencia? No me importa. Yo cogí mi mano poderosa, le hice un rezo mientras caminaba, la metí en mi billetera y riendo por dentro me dije: "Para mi, para mi". Ja.
jueves, 23 de julio de 2009
Atención preferencial...

lunes, 1 de junio de 2009
Imperdible....
domingo, 31 de mayo de 2009
Compañía infinita...

He pospuesto millones de tareas en este último mes. La noticia de mi compañía infinita me tumbó al colchón con la mirada pegada al techo. Asustada, contenta, asustada. Estaba en funciones de teatro. Recuerdo que en un momento de la obra las tres actrices nos quedábamos quietas bajo una luz roja mirando al público. Como tres guerreras. Tres mujeres salvajes. En ese instante bajo la luz roja del escenario, me sentía poderosa, hembra, grande, doble. Doble. Sin temor, miraba el público con amor, con una sensación infinita de universo, de estrella, de cielo oscuro lleno de lunas. Me doy cuenta de que mis energías han bajado pero que aun tengo mucha. Pienso que tengo grandes cantidades de ella. Me dicen mis amigas madres que duerma. Duerme, duerme, duerme. Me lo dicen todas y yo, no tengo sueño. Duermo lo necesario, quiero trabajar más. Seguir con mi vida como si nada. Pero no es así. Mi vida sigue como si todo. He cancelado proyectos de fin de año. Los que ya no podía realizar con un ser humano deseoso de salir al mundo. Hay personajes que no encajan con una mujer embarazada y río. Siento como todo se relativiza. Nada es tan importante como esto. Nada. De pronto, el proyecto que había deseado tanto hacer se diluye y se convierte en "sólo un proyecto." Vamos por nuestra tercera obra de teatro. Los dos. Ambos, juntos. Antes, sin darnos cuenta, ahora absolutamente concientes. Mi fuerza se doblega. Mi mal genio también. El estrógeno me estrogena. Mis lágrimas a flor de piel me hacen llorar por cualquier cosita. Me engrío y mi amor me engríe más que antes. Aun más que antes. Y yo lo miro y le agradezco y el me coge la panza y me pide no agradecer. Nos miramos al espejo los dos, los tres. Nos preguntámos cómo cambiará el movimiento de la casa cuando llegue. Ahora es todo tan calmo y tan callado. A veces, sólo a veces escuchamos el ladrido de un perro y seguimos durmiendo. ¿Te imaginas?, me pregunta. No, no me imagino, le respondo. No nos imaginamos. La realidad siempre puede superar cualquier idea así que preferimos no imaginar demasiado.
Me siento en mi café favorito y escribo. Tal vez si escriba hoy pueda seguir escribiendo mañana.
A mi alrededor todos fuman y toman café. Recuerdo infinitas tardes de café y cigarro. Ahora, chupo limón y como tostadas. Acompañada. Desde ahora, para siempre, como me dicen. Para siempre.
martes, 7 de abril de 2009
Sonrisa bonita...

Dicen que la sonrisa estructura la psique. O algo así.
Cuando nace un bebé el caos es tan grande a su alrededor, que lo único que estructura su alocada y desesperada psique es la sonrisa de la madre.
La sonrisa de la madre...
Mi madre rie mucho.
Corrijo: Sonríe mucho.
En realidad creo que nunca le he escuchado una carcajada. Yo tengo carcajadas aunque no sonría mucho.
Ultimamente sonrío más. Eso estructura mi psique. ¿O es que la sonrisa es consecuencia de que mi psique está más estructurada?
Me gustan las sonrisas. Sean como sean.
Mi chico sonríe pequeño y de medio lado. Mi hermana sonríe y abre la boca grande para dejar salir una carcajada. Ella también se carcajea. Le gusta reír. Mi mejor amiga sonríe y parece que un big-bang fuera a sucederse en sus ojos. Así de brillante.
La gente que no me conoce dice que soy seria. Y soy seria para algunas cosas. Seria, seria. No tanto, mentira. Los que me conocen se burlan cuando me pongo seria y me hacen reir. A veces.
De niña reía con los ojos y ponía medias lunas en mi cara.
¿Alguien se acuerda de en que momento fue conciente de la sonrisa?
La sonrisa es una llave.
Tengo unas primas que tienen las sonrisas más bellas que he visto. Esas sonrisas abiertas de puro diente, de extremo a extremo, de boca grande.
Conozco a una chica que sonrie tanto que parece que va a quebrarse en mil pedazos. Su sonrisa es nerviosa, grande, de diente puro y ojo brillante, pero nerviosa. Rara. Aun así me gusta.
Unas chicas frente a mi se toman una foto justo en este instante. Sonríen. "Si salgo yo, estará linda", dice una y se carcajean las tres. Bonito.
Yo no se de donde ha salido mi forma de reír. A veces, puedo ser un poco escandalosa. Recuerdo que cuando era adolescente tenía esa forma de reír con sonido de metralleta. Ahora ya no tanto, pero aun a veces, en un ambiente de mucha confianza, suele salir.
Hay gente que realmente te hace reír. Hay personas que tienen esa capacidad para decir cosas graciosas sin parar. Yo les pregunto: ¿Cómo puedes tener esa capacidad para decir huevadas sin parar? Mientras nos reímos todos.
Es una suerte poder reír porque cuando uno está mal, la sonrisa es lejana y difícil. Casi inalcanzable. Es bueno reírse de uno sólo que a veces no se puede. O no se quiere.
Qué rico reírse de uno sin llegar a ser cínico. Sin hacerse daño. Queríendose. Qué rico cuando se ríen de uno para reírse con uno y no molesta porque se hace con cariño. Para sacarlo a uno del marasmo.
Una de las definiciones del Diccionario de la Real Academia:
Reír: 2. intr. Manifestar regocijo mediante determinados movimientos del rostro, acompañados frecuentemente por sacudidas del cuerpo y emisión de peculiares sonidos inarticulados. U. t. c. prnl.
Sonreír: 2. intr. Dicho de una cosa: Ofrecer un aspecto alegre o gozoso.



