sábado, 12 de abril de 2008

Contemplación



Me gusta contemplar y ser contemplada. Cuando vi esta película mas allá de que me gustara o no (no tengo un gran recuerdo de ella), se me quedó impresa en la memoria la escena final que aquí les ofrezco. Es ella (Julie Delpy) bailando ante la mirada de él (Ethan Hawke). La mirada de Ethan Hawke en ese momento es uno de los regalos más bonitos que me ha dado el cine. Es sólo un instante. Es bello. Los dos, están bellos.

jueves, 10 de abril de 2008


¿Quién dijo que la depresión iba de la mano con la inspiración?

Interiores femeninos.


Cada vez me sorprende más el lazo tan estrecho que existe entre lo físico y lo anímico. Por eso, hay que cuidar el cuerpo, porque este es nuestra puerta visible a la felicidad o al desastre. Me he descuidado. No, ese no es el verbo. La frase correcta sería: Me he autosaboteado. Cuando todo está yendo bien, como una siempre soñó, cuando una está dejando salir de sí misma a ese ser maravilloso al que nunca antes había dejado salir... ¡Pum! Hace algo porque ya mucha felicidad pues y donde está mi inestabilidad tan querida. Lo más increíble es que este autosabotaje viene cada vez más encubierto. Una es inteligente y mientras más conciente está, una misma se vuelve más mañosa para los disfraces, para los engaños. Qué locura. El autosabotaje viene entonces en forma de amiga al teléfono, de copa de vino, de pastilla, de antibiótico (de salud), de viajecito de vacaciones... Se trata de hacer algo que en ese preciso instante de tu vida no deberías hacer pero que parece tan inofensivo y tan "productivo" que se hace. Simplemente se hace. No caben dudas ni contradicciones.

Y así se hizo.

Y así, después de batallar con la jodida depresión se llega al ojo de la tormenta. La depresión viene de a poquitos. No te tumba de una sola. Se va manifestando poco a poco. Y ahí está una para agarrarla del cogote mirarla por los dos, tres, cinco lados. Deducir de donde vino y porqué e intentar solucionarse.

Todo esto iba porque sí, estoy deprimida. Jodidamente. No es nada que no tenga solución. Un problema de hormonas nada más... Nada más... Para esto pido una solución que me es dada y la solución me pide paciencia. Un par de semanas. No se como soportarme durante un par de semanas más. Respiro, respiro, respiro. Pero qué jodidas son las hormonas y qué vinculadas estamos las mujeres a nuestro cuerpo. Con razón las embarazadas a veces quieren matar a sus maridos. Lo entiendo todo.

Buscaba apoyo. Lamentablemente, en ese estado, una busca apoyo de la peor manera. Una demanda, llora, pide mal y grita. Sólo estamos con el interior un poco herido. Alterado. Nadie tiene la culpa, ya lo sabemos.

Me voy a pinchar el cuerpo con agujas chinas. Tal vez ahí digo, tal vez ahí me calmen. Llego con los ojos hinchados de haber llorado y me encuentro en la sala de espera con un folleto de una terapeuta de flores de bach. Hace tiempo que quiero buscar una terapeuta de flores de bach mujer. Hace tiempo que quiero conversar con una mujer. Entro a pagar y sale del salón de "pinchado" mi mejor amiga. Me cruzo con mi mejor amiga, la que sabe todo de mí, la madre universal. La abrazo y me derrumbo. No es nada, ya lo sabemos, son las hormonas que se tienen que estabilizar. No hay nada real en mis apreciaciones negativas de las últimas semanas. Por lo menos ya lo se diferenciar. Me invita a cenar a su casa por la noche. Vamos a estar entre chicas solas, me dice. Vamos a hablar. Entro al salón de terapias y me echo en la camilla. Me calmo. Entra la doctora y yo como una niña pequeña la siento acercarse y empiezo a llorar. Necesito que me calmen. Ella no me pincha, me hace no se qué círculos mágicos con los dedos por todo el cuerpo. No me pregunta nada y me deja ahí, casi dormida. Tranquila. Por fin. Después de 20 minutos viene otra mujer a hacerme la "moxibustión". Me pone el calor en los puntos indicados y me habla con voz tranquila. Salgo flotando aunque se que nada se ha solucionado aun. Me dicen que espere, que la doctora quiere conversar conmigo. Espero. Entre tanto me llama por teléfono otra de mis mejores amigas (tengo tres), y siente mi voz desde el primer saludo. Me pide paciencia. Ella también sabe de lo que sabemos. Todas hemos pasado por eso. Paciencia, soledad, de toda crisis se saca un aprendizaje. Paciencia. Sale la doctora y vamos a conversar bajo una higuera. Le cuento mi atrevimiento. Me automediqué. Yo que intento cuidar tanto de mi cuerpo. Yo que quiero ver luz. Autosabotaje. Me dice para mi sorpresa que agradezca esta crisis, que la mire. ¿Por qué ha venido ahora? Mi nivel de conciencia está en un buen nivel. Reímos. Siento que mi hueco del estómago se calma. Se hace más pequeño. Ellas me entienden. Sin palabras. Me dijo: "Estas crisis se pasan entre mujeres. Nadie más las entiende. Sólo entre mujeres nos curamos" Y yo alucino porque hace unos días escribí un post agradeciendo a todas las mujeres que me ayudaron alguna vez y pienso que partió de la necesidad de estar entre mujeres ahora, en esta crisis. Alucino también porque me crucé con las dos chicas que más quiero en menos de una hora y porque una de ellas al verme me dijo: "He estado pensando mucho en ti." Me recomienda la doc que llame a mis amigas, que me junte con ellas y que hablemos de todo. Como siempre. Como a veces. Ya no hay tiempo. Regreso a casa en el coche con el estómago calmado y pensando en todo esto casi me paso de largo a una poli de tránsito que estaba haciéndonos el pare. Se me acercó y me pidió documentos que yo no tenía. Le agarré la mano y confié en toda la fuerza femenina del universo y le pedí que me disculpara que me venía de terapia, que no la habia visto porfavor. Me vio los ojos hinchados. Nos miramos y me dejó ir. Llegué a casa y abrí el blog de mi tercera y última mejor amiga, K. Escribió un blog de despedida a una casi hermana suya que se fue a vivir fuera del país. En uno de sus párrafos dice: "...gracias por que me enseñan que las mujeres son buenas y son sabias y viven en manadas y así se curan y avanzan gracias gracias gracias..." Y ya no puedo creer tantas casualidades. Todas hablamos de lo mismo, porque todas sabemos de lo que estamos hablando. Y se que tengo que confiar de nuevo. Esto pasará. Como ya pasaron otras. Y yo también digo gracias a mis lindas amigas. Gracias a las mujeres que quiero y que me quieren. Y hoy, me iré a cenar con mis mejores lindas y hablaremos y sanaremos un poquito tal vez. Qué bueno.

lunes, 7 de abril de 2008

Entre mujeres solas...

Dicen que las mujeres somos "interiores" y los hombres "exteriores". Dicen que el mundo interior de las mujeres asusta (a los hombres, claro). Dicen por ahí que este mundo interior es tan grande y extenso que puede convertir a las mujeres en brujas. O en hadas. Depende del miedo que les tenga uno.
Releo a Simone de Beauvoir, me sumerjo en su mirada lúcida y vuelvo a sentir mi cuerpo. Hace tiempo que no me sentía tan unida a las mujeres. Nuevamente. Me encanta.
Recuerdo conversaciones, miradas, abrazos y besos. Me gusta estar entre mujeres. Siempre me ha gustado aunque en alguna época distorsionada llegué a decir que prefería estar entre hombres. Hablé mal de las mujeres y dije que eran complicadas y locas. Como yo. En ese momento no lo entendía pero simplemente no quería estar de mi propio lado.
He vivido con muchas mujeres. Alguna vez viví con 4 mujeres al mismo tiempo y mi casa exudaba femineidad. No, me equivoco... No era femineidad lo que exudaba mi casa. Era fuerza, color, intensidad, risa, carcajada y llanto profundo. ¿Es eso femineidad? No lo se.
Recuerdo los saludos, la mirada somnolienta y el primer cigarro con café de las 10 de la mañana junto a una conversación animada, el abrazo diario, otro cigarro, la complicidad de una llamada inesperada, la botella de vino de las 6 de la tarde, la risa y a veces, el llanto. Nuevamente ahí, el abrazo, el beso. Gracias.
Hay muchas mujeres a quienes tengo que agradecer una mirada, una palabra, una tarde entera de abrazos y melancolía. A mi madre para empezar, la gran maestra, el centro del universo, la fuerza hecha fémina. La mujer que me enseñó que existe algo dentro de uno que nadie puede tocar y que ese algo es lo que nos salva de todo lo demás. A mi hermana que me enseña cada día que hay que mirar para adelante y confiar. A mi abuela quien me enseñó lo que es que una mujer se redescubra a los 70. A mis amigas de la vida. A mis amigas del mundo. A quien me abrazó con fuerza y me convenció de darme una oportunidad. A la que lloró conmigo por amor. A la que me dio un beso. A la que quiso convertirse en mi hermana. La que me dio una cachetada en un baño para que reaccionara. La que me invitó a su cama. A la que me esperaba por las tardes para furmarnos un cigarro juntas. A quien me contó su historia más íntima. A quien di un consejo. La que me abrazó cuando me pasé de vueltas y me dijo que volviera a mi cuerpo. La que bailó conmigo en un rave como loca, zafada ante la mirada atónita de ellos. A quien me abraza todos los días y siente mi ombligo de hermana. A quien me pregunta cómo estoy, en serio. A quien me mira detrás de los ojos. La que me conoce. La que sabe.
Dicen que las mujeres tenemos un mundo interior misterioso y ajeno. Me decía un profesor de historia que las mujeres no sabíamos leer mapas porque nuestro espacio de juego infantil era la casa, el interior y no la calle como la de los hombrecitos. Hoy un amigo hablando de la complejidad me preguntó: "¿Por qué las mujeres son así?" Y yo pensé en responderle algo racional, pero le dije simplemente: "No se... no se porque somos así." Y así, acepté que de alguna manera, "eramos así".

domingo, 30 de marzo de 2008

Respira...

Así es cuando no entiendes nada. Hablas de la invocación, del poder de las palabras y de pronto te hundiste en otro agujero negro. En otro bache cósmico. Lo viste venir y no hiciste nada. Sentiste la exaltación del pecho y el latido corto. No hiciste nada y ahora piensas que has invocado al demonio por andar diciendo por ahí que estás bien, por andar hablando de la felicidad. Te culpas por la invocación y piensas que esto es llamar al demonio. A tú demonio. Escribes la fórmula: sentirse bien, decirlo, compartirlo, tal vez... jactarse un poco. Y ahí está. Aparece el ego y cuando le das cabida, entonces no te suelta. Ahora está de vuelta y no quiere irse. Ese otro tú que es tan tú. De pronto tu cuerpo empieza a sentirse absurdamente cómodo. Triste, cómodo. Violento, en casa. Gracias. Mi hogar. Nuevamente.

Empiezas a odiarte en el espejo, a pronunciar "odios" y "ascos" y nuevamente encajas en la imagen que tú misma tenías de tí. Ya no te sorprendes, ya no te extrañas, nuevamente te acomodas en esa que tú siempre has considerado ser "tú". Te duele un poquito y echas una lagrimita, pides un poco de ayuda, pero tampoco tanta porque que raro era estar bien. Piensas en tu sonrisa de todos los días y te recuerdas mirando al vacío de hace años. Te molestas y tu brazo aparta otro brazo. Te vas. Lejos. Alguien te pide que no te vayas. Eres tú misma. Esa otra tú que eres tú. Te acaricia y te dice que te dejes querer. Por tí. Por otro. No te permite que te mires al espejo y te odies. Te pide rigor pero la otra es viciosa. Multiplemente viciosa. Drogas y alcohol, pero sobre todo, violencia, dolor, agujeros negros. Casa. Hogar. Ese es tu hogar. Era. Es. Era. Ya no ya.

Estás a tiempo. Nuevamente. Lo sabes pero no sabes por donde empezar. Una cuarta o quinta reconstrucción. El límite entre la aceptación y competir con el universo es muy frágil en ti. Una, dos, tres respiraciones no bastan para acallar al mounstruo que ha despertado. Un día más y te hacías daño. Un día más y torturabas. Quieres encontrar la raíz pero no sabes como. ¿Cuándo empezó todo lo que no sea el inicio primigenio? ¿Cual es este último inicio? Atribuyes cambios a pastillas, alcohol, sueño, desconcierto, viajes... Intentas encontrar una respuesta y piensas que la respuesta no es lo que importa. Lo que importa ahora es la acción a seguir. Ya no piensas más y decides respirar hondo. Te cruzas con una mariposa y decides con fuerza que todo va a estar bien nuevamente. Y punto. Respira. Hondo. Fuerte. Ya está. Regresa.

lunes, 24 de marzo de 2008

What do you do with the pieces of a broken heart?



Video recomendado por la revista DEDOMEDIO.
Hermoso.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Silencio...

"Pon el cerebro en funcionamiento antes de poner la lengua en movimiento", era una de las frases que mi padre, Lord Enrique, usaba cada vez que alguno de sus hijos decía una burrada. Esta frase, ha resonado en mi cabeza durante los últimos 15 años como un recordatorio de que a veces, debo callarme la boca. No, no soy partidaria del "derecho a decirlo todo". Hay cosas que una debe callar. El silencio tiene su valor y la omisión no es siempre un pecado sino un acto de amor.

Amo las palabras y amo el silencio. He amado en mi vida más a las palabras que al silencio y este año, mi espada del augurio me dijo que debía empezar a callar un poquito más. Durante la última década me dediqué a construir frases de escándalo. Lord Enrique se habría vuelto loco al verme pronunciar tantas burradas a la vez. Los que no hayan herido de palabra que tiren la primera piedra. A veces, uno no se entera del poder que una frase puede tener en otra persona. La sóla palabra se puede convertir en flecha certera, en avalancha destructora, en garganta cerrada, en llanto. Cada individuo tiene su propia historia construida para cada palabra. Cada resonancia interna es única y particular. Cada quien le otorga su propio significado interior. Así es, así fue y así sea. Amen.

Tengo recuerdos, imágenes verborréicas en las que mi boca no paraba de pronunciar sandeces sólo porque sabía que la otra persona tenía razón y mi objetivo era no dejar ni un espacio de silencio en el que ésta persona pudiera expresar su opinión. "Pon el cerebro en ...", repetía Lord Enrique en mi cabeza y yo nada. Maldiciendo, gritando, argumentando lo inargumentable, defendiendo lo indefendible. Tal vez debería haber sido abogada. Se me dan bien las causas perdidas. Mis propias causas perdidas.
Es por estos recuerdos que este año, a principios de Enero, cuando mi espada del augurio me recomendó el silencio, yo pensé que había llegado el momento de hacerle caso a mi padre y dejar de creerme con derecho a decir todo lo que mi lengua quisiera escupir. Esa lengua que ya había inventado, engañado, insultado. Una vez maldije a alguien con tanta fuerza que realmente creí que tenía poderes. Ahora me río por lo absurdo de la situación pero en ese momento me sentía la bruja que condenó a la Bella Durmiente. El poder destructor de las palabras estaba de mi lado y yo, cual bruja mala del oeste, lo usaba.
Pienso que las palabras no "se las lleva el viento". Flotan. Toda frase flota en el espacio-tiempo que nos rodea y yo no quiero flechas certeras ni avalanchas destructoras paseando a mi alrededor. Algunas se quedan para siempre.
En fin, que para mí, el silencio es un ejercicio diario. Va desde no responderle a la combi que me cerró el paso, hasta no expresar aquella locura que mi cabeza intenta hacerme creer. Hay que saber diferenciar lo que es de lo que no es. Suena elemental. Ojalá lo fuera. Hay millones de cosas que preferiría no haber dicho nunca. Hay muchas cosas que preferiría no haber escuchado. El que no haya herido de palabra que tire la primera piedra.