domingo, 30 de marzo de 2008

Respira...

Así es cuando no entiendes nada. Hablas de la invocación, del poder de las palabras y de pronto te hundiste en otro agujero negro. En otro bache cósmico. Lo viste venir y no hiciste nada. Sentiste la exaltación del pecho y el latido corto. No hiciste nada y ahora piensas que has invocado al demonio por andar diciendo por ahí que estás bien, por andar hablando de la felicidad. Te culpas por la invocación y piensas que esto es llamar al demonio. A tú demonio. Escribes la fórmula: sentirse bien, decirlo, compartirlo, tal vez... jactarse un poco. Y ahí está. Aparece el ego y cuando le das cabida, entonces no te suelta. Ahora está de vuelta y no quiere irse. Ese otro tú que es tan tú. De pronto tu cuerpo empieza a sentirse absurdamente cómodo. Triste, cómodo. Violento, en casa. Gracias. Mi hogar. Nuevamente.

Empiezas a odiarte en el espejo, a pronunciar "odios" y "ascos" y nuevamente encajas en la imagen que tú misma tenías de tí. Ya no te sorprendes, ya no te extrañas, nuevamente te acomodas en esa que tú siempre has considerado ser "tú". Te duele un poquito y echas una lagrimita, pides un poco de ayuda, pero tampoco tanta porque que raro era estar bien. Piensas en tu sonrisa de todos los días y te recuerdas mirando al vacío de hace años. Te molestas y tu brazo aparta otro brazo. Te vas. Lejos. Alguien te pide que no te vayas. Eres tú misma. Esa otra tú que eres tú. Te acaricia y te dice que te dejes querer. Por tí. Por otro. No te permite que te mires al espejo y te odies. Te pide rigor pero la otra es viciosa. Multiplemente viciosa. Drogas y alcohol, pero sobre todo, violencia, dolor, agujeros negros. Casa. Hogar. Ese es tu hogar. Era. Es. Era. Ya no ya.

Estás a tiempo. Nuevamente. Lo sabes pero no sabes por donde empezar. Una cuarta o quinta reconstrucción. El límite entre la aceptación y competir con el universo es muy frágil en ti. Una, dos, tres respiraciones no bastan para acallar al mounstruo que ha despertado. Un día más y te hacías daño. Un día más y torturabas. Quieres encontrar la raíz pero no sabes como. ¿Cuándo empezó todo lo que no sea el inicio primigenio? ¿Cual es este último inicio? Atribuyes cambios a pastillas, alcohol, sueño, desconcierto, viajes... Intentas encontrar una respuesta y piensas que la respuesta no es lo que importa. Lo que importa ahora es la acción a seguir. Ya no piensas más y decides respirar hondo. Te cruzas con una mariposa y decides con fuerza que todo va a estar bien nuevamente. Y punto. Respira. Hondo. Fuerte. Ya está. Regresa.

lunes, 24 de marzo de 2008

What do you do with the pieces of a broken heart?



Video recomendado por la revista DEDOMEDIO.
Hermoso.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Silencio...

"Pon el cerebro en funcionamiento antes de poner la lengua en movimiento", era una de las frases que mi padre, Lord Enrique, usaba cada vez que alguno de sus hijos decía una burrada. Esta frase, ha resonado en mi cabeza durante los últimos 15 años como un recordatorio de que a veces, debo callarme la boca. No, no soy partidaria del "derecho a decirlo todo". Hay cosas que una debe callar. El silencio tiene su valor y la omisión no es siempre un pecado sino un acto de amor.

Amo las palabras y amo el silencio. He amado en mi vida más a las palabras que al silencio y este año, mi espada del augurio me dijo que debía empezar a callar un poquito más. Durante la última década me dediqué a construir frases de escándalo. Lord Enrique se habría vuelto loco al verme pronunciar tantas burradas a la vez. Los que no hayan herido de palabra que tiren la primera piedra. A veces, uno no se entera del poder que una frase puede tener en otra persona. La sóla palabra se puede convertir en flecha certera, en avalancha destructora, en garganta cerrada, en llanto. Cada individuo tiene su propia historia construida para cada palabra. Cada resonancia interna es única y particular. Cada quien le otorga su propio significado interior. Así es, así fue y así sea. Amen.

Tengo recuerdos, imágenes verborréicas en las que mi boca no paraba de pronunciar sandeces sólo porque sabía que la otra persona tenía razón y mi objetivo era no dejar ni un espacio de silencio en el que ésta persona pudiera expresar su opinión. "Pon el cerebro en ...", repetía Lord Enrique en mi cabeza y yo nada. Maldiciendo, gritando, argumentando lo inargumentable, defendiendo lo indefendible. Tal vez debería haber sido abogada. Se me dan bien las causas perdidas. Mis propias causas perdidas.
Es por estos recuerdos que este año, a principios de Enero, cuando mi espada del augurio me recomendó el silencio, yo pensé que había llegado el momento de hacerle caso a mi padre y dejar de creerme con derecho a decir todo lo que mi lengua quisiera escupir. Esa lengua que ya había inventado, engañado, insultado. Una vez maldije a alguien con tanta fuerza que realmente creí que tenía poderes. Ahora me río por lo absurdo de la situación pero en ese momento me sentía la bruja que condenó a la Bella Durmiente. El poder destructor de las palabras estaba de mi lado y yo, cual bruja mala del oeste, lo usaba.
Pienso que las palabras no "se las lleva el viento". Flotan. Toda frase flota en el espacio-tiempo que nos rodea y yo no quiero flechas certeras ni avalanchas destructoras paseando a mi alrededor. Algunas se quedan para siempre.
En fin, que para mí, el silencio es un ejercicio diario. Va desde no responderle a la combi que me cerró el paso, hasta no expresar aquella locura que mi cabeza intenta hacerme creer. Hay que saber diferenciar lo que es de lo que no es. Suena elemental. Ojalá lo fuera. Hay millones de cosas que preferiría no haber dicho nunca. Hay muchas cosas que preferiría no haber escuchado. El que no haya herido de palabra que tire la primera piedra.

viernes, 29 de febrero de 2008

Yo quiero ser como...


Hay días en los que una se ilumina y puede dar el consejo correcto. Aunque eso sí, los mejores consejos creo yo, son aquellos que una realmente se está repitiendo a sí misma. Para creérselo. Para alcanzar la relización del consejo.

Hace unos días una de mis princesas se me acercó y me dijo que tenía miedo de haber echado su vida a la basura. Que a sus treinta y tantos sentía que no había hecho nada importante y que todos sus sueños de niña-adolescente no habían sido alcanzados. En ese momento pensé: "¿Cómo es posible que los caminos se crucen y entrecrucen todo el tiempo?" Esto, que la hermosa princesa me decía, lo había dicho yo unos meses antes entre lágrimas a otras personas... Entre ellas, a mi madre quien con esa calma que le ha dado los años me decía: "Todo te va a salir bien". Y yo, gracias mami, gracias... Eso es lo que quería escuchar.

Pero yo, después de tantas reflexiones no le dije a mi princesa que "todo iba a estar bien". Le dije que "todo ESTABA bien". Y fue un no sé qué de conexión en ese momento en el que yo estaba con un vodka con naranja en la mano y la gente pasaba a nuestro alrededor bailando, que de pronto estuvimos las dos solas en el universo y hablamos de filosofía en una fiesta, del desapego al pasado, sobre todo, del desapego a la imagen que una soñó de sí de niña-adolescente.


De niña, yo quería ser como Drew Barrymore en E.T y luego, de adolescente, quería ser como Marilyn... Deseada por los hombres... No se de dónde le viene a una niña de 13 años un deseo por el estilo, pero ahora, a mis 31, creo que es un sueño que no me interesa. Y lo dejé atrás (no hace mucho por cierto). "Ser como", "ser como", "ser como", "ser como", "ser como"... son sueños que no son nuestros sueños. Esto me lo está enseñando la vida, la experiencia, el aire, la respiración. Sólo así, y es una ecuación matemática, cuando una deja atrás sueños de niña, pueden abrirse las puertas para la mujer que se es, o que se puede ser. No pienso llorar más pensando que no "alcancé mis sueños", mis sueños por demás, eran grandes, increíbles. Tanto como "ser astronauta" o tener los poderes de "mi bella genio". Ojo, no digo que algunos sueños no se puedan realizar, pero si uno no trabajó para alcanzarlos, por algo fue. Expreso todos los días mi agradecimiento al universo por la realización de algunos de mis sueños. Este blog es parte de ellos. Pero habían tantos deseos en mi cabeza... Por eso en algún momento no entendía la ley de atracción que reza que si uno desea algo realmente, el universo se lo otorga. Yo deseaba muchas cosas y el universo no me otorgaba nada. Y pensé: ¿Las deseo realmente? Concluí que más difícil que desear es descubrir qué es lo que uno desea realmente. De corazón. Realmente de corazón. Yo aun no lo sé. Se que quiero estar bien. Nada más. y desde que trabajo por estar bien y por acercarme a mí, las cosas se van presentando de manera positiva.

De todo esto hablé con la princesa en una fiesta. No se si le sirvió, pero de hecho nos abrazamos fuertemente. Si supiera que yo alguna vez quise ser ella... Es gracioso, de hecho se lo diré la próxima vez que la vea. Por eso las cosas están bien. No es que van a salir bien. Todo está bien como está y todo lo que sucede es lo mejor que nos ha podido suceder. Cuesta aceptarlo. Este post, es también una manera de convencerme.

domingo, 24 de febrero de 2008

Luna lunera cascabelera...



Deseo mi centro como deseo el universo entero. Intento todos los días no desviarme como he intentado en los últimos días pedirle a mi entorno un pedacito de luna. Es posible... "En los cuentos amor", me decía mi madre. Y yo, no la escuché. Sigo pidiendo pedazos de luna y hasta ahora nadie me los ha podido traer. Empiezo a creer que es imposible. Tal vez sea lo mejor. Pisa tierra princesita... La luna no se corta, a la luna no se llega. Entonces yo imagino mil formas de metáfora que significan "luna" en mi cabeza. Pero es mi cabeza y nadie tiene porque leerme. Y me pregunto porqué no me entienden y siento que he retrocedido mil pasos. Despierto por la mañana y me siento pésima y niña y pienso que es el eclipse lunar de hace unos días que nos tiene un poco así a todos y luego en el arcoiris que vi ayer desde una terraza en miraflores a las 6 de la tarde y que según yo, bendijo mi día... Pero no, me digo, los arcoiris están resguardados por duendes y los duendes no bendicen princesas. Las persiguen.

Siento que un duende se clavó en mi músculo vital ayer. Supongo que cavaba algo, un no se qué para no se qué. Pero cuando metía su pala a mi me daba una punzada y mi cuerpo adormilado por el buen vino tinto se crispaba un poquito y luego volvia a sonreír. Y así toda la noche. El duende me hacía vivir una ciclotimia antigua, infinita. Maldito seas duende del arcoiris.

Y es así que de pronto una se ve retornando a casa triste y llorando el mar inmenso. Ayer estuve tan cerca del mar que siento que se me metió en los ojos. Duende, mar, luna, arco iris... ¿Demasiadas emociones para una semana? Siento que estar conectada con el universo es hermoso, pero cuando el universo se mueve, también se siente un poco más fuerte el movimiento. Ayer llovió, salieron colores del cielo y luego vi el mar la noche entera. Demasiado llanto, demasiada agua, demasiada magia. ¿Se puede hablar de "demasiada magia"? He deseado tanto la magia en mi vida que ahora cuando se hace presente me atemoriza. Ahí pienso en un dicho que repetía mi prima: "Ten cuidado con lo que deseas....(y blah blah blah)".

Hace un tiempo empecé a pensar seriamente en que tener la luna en mi habitación era imposible. Más imposible aún que me la regalaran. Pero aun trastabillo. Se que si quiero la luna sólo me la puedo regalar yo e intento regalármela todos los días para luego no pedírsela a nadie más. Porque andar pidiéndosela a personas que quiero es volverlas inválidas ante mí. Es ponerlos ante una imposibilidad y al mismo tiempo, volverme imposible yo.

viernes, 22 de febrero de 2008

Mi directora favorita...




Ser una inmigrante tenía su “rollo”. Su “cosa”, su “divinidad propia”. Caminar por las plazas entre miles de personas vestidas de colores, abrigarse con una chalina roja, ponerse innumerables gorros para que no se te cayeran las orejas de frío, mirar el cielo en invierno y constatar su condición de “azulidad”, su belleza, tragar con los ojos nubes de algodón de cuento infantil…Ser una chica sola joven e inmigrante, estudiante y trabajadora, tenía su “rollo”, su propia belleza interna, su ritmo, su modernidad. Un interés particular, una valentía extrema, un no se qué de muerte y de vida, un poco de locura y por debajo, siempre, una extrema soledad.

Hace unos años un filósofo viejo y maravilloso me dijo que tenía que dejar de ver mi vida como una película. Entendí perfectamente lo que me quería decir. Desde hacía algunos años sentía que no vivía realmente mi vida, sino la “imagen de mi vida”. Mi vida, sentía yo, se había convertido en algo así como “fotogramas vitales” que me espantaban. En ese momento no supe como salir de ahí. Entendía lo que el sabio me decía pero no fue hasta muchos años después que logré salir de esa locura. En esos años, no vivía el amor, vivía “la proyección del amor”. O del dolor, claro.

Haber logrado salir de la locura de vivir mi vida como salida de una película ganadora del Oso de Berlín es realmente para mí un logro mayúsculo. Es un placer vivir la vida “de verdad”, aunque eso no pueda comprobarlo tampoco, pero por lo menos, un poquito más de verdad que antes. Es un trabajo diario. Ya saben… Nadie tiene la partida ganada en esta vida.

Echo una mirada atrás, a mis años de inmigrante de chalina roja, y puedo ver innumerables fotogramas. Cada uno dirigido por un artista distinto. Mis favoritos por supuesto, yo no vivía una película en la que no quisiera estar. Así podría decir que alguna noche peligrosa fue vista a través del lente de Tarantino, alguna escena de cocina llorando con una cebolla podría haberla hecho Almodóvar, muchos momentos en blanco y negro en mi habitación se los otorgo a Bergman, algún encuentro casual de esos de fin de semana se los regalo a Winterbottom y algún momento de desesperación monetaria se lo copié a Fernando León. Alguna vez podían fallar. Bergman dejaba de ser sublime y solitario, algo fallaba en la edición y Winterbottom dejaba de ser placentero y alguna reconciliación hacía que la violencia de Tarantino se fuera al tacho. Pero lo que siempre estaba ahí, lo que nunca fallaba era el telón de fondo. La “azulidad” del cielo, la flor roja en contraste con la nube, el verde de los parques en invierno, la blancura de palacio real… Es decir… la dirección de arte de mi propia película.

Es así que la escena Bergmaniana de mujer sola en habitación mirando al vacío, daba como resultado, a mujer sola en habitación blanca con edredón de plumas de colores, y ventana de fondo con copas de árboles. Hermoso.

La escena Tarantiniana de mujer violenta de noche en un bar, daba como resultado, una mujer violenta con un brandy en la mano, sentada en unos sofas de terciopelo rojo estilo Luis XVI, rodeada de espejos barrocos y paredes pintadas de verde oscuro. Hermoso.

La escena Fernando Leoniana de mujer caminando por la calle con cabeza abajo buscando algo de dinero, mostraba a una chica joven con pantalón verde acampanado, abrigo negro entallado, cabello corto, piel blanca y nariz roja, cruzando una plaza llena de balcones y en la que el sol daba directamente al monumento del centro. Un imponente caballo de bronce. Se podía abrir el plano y seguir viendo el pantalón verde avanzar. Hermoso también.

Increíble como una puede ver su vida en fotogramas y casi dejar así de vivir su propia vida. Mi vida de inmigrante fue dirigida por varios directores. Varios artistas favoritos que manipularon mis reacciones porque yo creía que las cosas eran así. He visto tantas películas… Me he enamorado de tantos films… He querido ser tantas otras personas. Tantas otras actrices… Tantos otros actores…
Pero llega un punto en el que uno se da cuenta, respira, y de pronto aparece el instante. Ese que no tiene ni ayer ni mañana. Ese que hace que la directora sea una misma. Y decides todo. Incluso tu propia dirección de arte, que en mi caso es ahora un poco más gris y menos vistosa. Pero aún así, hermosa también.

domingo, 17 de febrero de 2008