
Cada vez me sorprende más el lazo tan estrecho que existe entre lo físico y lo anímico. Por eso, hay que cuidar el cuerpo, porque este es nuestra puerta visible a la felicidad o al desastre. Me he descuidado. No, ese no es el verbo. La frase correcta sería: Me he autosaboteado. Cuando todo está yendo bien, como una siempre soñó, cuando una está dejando salir de sí misma a ese ser maravilloso al que nunca antes había dejado salir... ¡Pum! Hace algo porque ya mucha felicidad pues y donde está mi inestabilidad tan querida. Lo más increíble es que este autosabotaje viene cada vez más encubierto. Una es inteligente y mientras más conciente está, una misma se vuelve más mañosa para los disfraces, para los engaños. Qué locura. El autosabotaje viene entonces en forma de amiga al teléfono, de copa de vino, de pastilla, de antibiótico (de salud), de viajecito de vacaciones... Se trata de hacer algo que en ese preciso instante de tu vida no deberías hacer pero que parece tan inofensivo y tan "productivo" que se hace. Simplemente se hace. No caben dudas ni contradicciones.
Y así se hizo.
Y así, después de batallar con la jodida depresión se llega al ojo de la tormenta. La depresión viene de a poquitos. No te tumba de una sola. Se va manifestando poco a poco. Y ahí está una para agarrarla del cogote mirarla por los dos, tres, cinco lados. Deducir de donde vino y porqué e intentar solucionarse.
Todo esto iba porque sí, estoy deprimida. Jodidamente. No es nada que no tenga solución. Un problema de hormonas nada más... Nada más... Para esto pido una solución que me es dada y la solución me pide paciencia. Un par de semanas. No se como soportarme durante un par de semanas más. Respiro, respiro, respiro. Pero qué jodidas son las hormonas y qué vinculadas estamos las mujeres a nuestro cuerpo. Con razón las embarazadas a veces quieren matar a sus maridos. Lo entiendo todo.
Buscaba apoyo. Lamentablemente, en ese estado, una busca apoyo de la peor manera. Una demanda, llora, pide mal y grita. Sólo estamos con el interior un poco herido. Alterado. Nadie tiene la culpa, ya lo sabemos.
Me voy a pinchar el cuerpo con agujas chinas. Tal vez ahí digo, tal vez ahí me calmen. Llego con los ojos hinchados de haber llorado y me encuentro en la sala de espera con un folleto de una terapeuta de flores de bach. Hace tiempo que quiero buscar una terapeuta de flores de bach mujer. Hace tiempo que quiero conversar con una mujer. Entro a pagar y sale del salón de "pinchado" mi mejor amiga. Me cruzo con mi mejor amiga, la que sabe todo de mí, la madre universal. La abrazo y me derrumbo. No es nada, ya lo sabemos, son las hormonas que se tienen que estabilizar. No hay nada real en mis apreciaciones negativas de las últimas semanas. Por lo menos ya lo se diferenciar. Me invita a cenar a su casa por la noche. Vamos a estar entre chicas solas, me dice. Vamos a hablar. Entro al salón de terapias y me echo en la camilla. Me calmo. Entra la doctora y yo como una niña pequeña la siento acercarse y empiezo a llorar. Necesito que me calmen. Ella no me pincha, me hace no se qué círculos mágicos con los dedos por todo el cuerpo. No me pregunta nada y me deja ahí, casi dormida. Tranquila. Por fin. Después de 20 minutos viene otra mujer a hacerme la "moxibustión". Me pone el calor en los puntos indicados y me habla con voz tranquila. Salgo flotando aunque se que nada se ha solucionado aun. Me dicen que espere, que la doctora quiere conversar conmigo. Espero. Entre tanto me llama por teléfono otra de mis mejores amigas (tengo tres), y siente mi voz desde el primer saludo. Me pide paciencia. Ella también sabe de lo que sabemos. Todas hemos pasado por eso. Paciencia, soledad, de toda crisis se saca un aprendizaje. Paciencia. Sale la doctora y vamos a conversar bajo una higuera. Le cuento mi atrevimiento. Me automediqué. Yo que intento cuidar tanto de mi cuerpo. Yo que quiero ver luz. Autosabotaje. Me dice para mi sorpresa que agradezca esta crisis, que la mire. ¿Por qué ha venido ahora? Mi nivel de conciencia está en un buen nivel. Reímos. Siento que mi hueco del estómago se calma. Se hace más pequeño. Ellas me entienden. Sin palabras. Me dijo: "Estas crisis se pasan entre mujeres. Nadie más las entiende. Sólo entre mujeres nos curamos" Y yo alucino porque hace unos días escribí un post agradeciendo a todas las mujeres que me ayudaron alguna vez y pienso que partió de la necesidad de estar entre mujeres ahora, en esta crisis. Alucino también porque me crucé con las dos chicas que más quiero en menos de una hora y porque una de ellas al verme me dijo: "He estado pensando mucho en ti." Me recomienda la doc que llame a mis amigas, que me junte con ellas y que hablemos de todo. Como siempre. Como a veces. Ya no hay tiempo. Regreso a casa en el coche con el estómago calmado y pensando en todo esto casi me paso de largo a una poli de tránsito que estaba haciéndonos el pare. Se me acercó y me pidió documentos que yo no tenía. Le agarré la mano y confié en toda la fuerza femenina del universo y le pedí que me disculpara que me venía de terapia, que no la habia visto porfavor. Me vio los ojos hinchados. Nos miramos y me dejó ir. Llegué a casa y abrí el blog de mi tercera y última mejor amiga, K. Escribió un blog de despedida a una casi hermana suya que se fue a vivir fuera del país. En uno de sus párrafos dice: "...gracias por que me enseñan que las mujeres son buenas y son sabias y viven en manadas y así se curan y avanzan gracias gracias gracias..." Y ya no puedo creer tantas casualidades. Todas hablamos de lo mismo, porque todas sabemos de lo que estamos hablando. Y se que tengo que confiar de nuevo. Esto pasará. Como ya pasaron otras. Y yo también digo gracias a mis lindas amigas. Gracias a las mujeres que quiero y que me quieren. Y hoy, me iré a cenar con mis mejores lindas y hablaremos y sanaremos un poquito tal vez. Qué bueno.