viernes, 29 de febrero de 2008

Yo quiero ser como...


Hay días en los que una se ilumina y puede dar el consejo correcto. Aunque eso sí, los mejores consejos creo yo, son aquellos que una realmente se está repitiendo a sí misma. Para creérselo. Para alcanzar la relización del consejo.

Hace unos días una de mis princesas se me acercó y me dijo que tenía miedo de haber echado su vida a la basura. Que a sus treinta y tantos sentía que no había hecho nada importante y que todos sus sueños de niña-adolescente no habían sido alcanzados. En ese momento pensé: "¿Cómo es posible que los caminos se crucen y entrecrucen todo el tiempo?" Esto, que la hermosa princesa me decía, lo había dicho yo unos meses antes entre lágrimas a otras personas... Entre ellas, a mi madre quien con esa calma que le ha dado los años me decía: "Todo te va a salir bien". Y yo, gracias mami, gracias... Eso es lo que quería escuchar.

Pero yo, después de tantas reflexiones no le dije a mi princesa que "todo iba a estar bien". Le dije que "todo ESTABA bien". Y fue un no sé qué de conexión en ese momento en el que yo estaba con un vodka con naranja en la mano y la gente pasaba a nuestro alrededor bailando, que de pronto estuvimos las dos solas en el universo y hablamos de filosofía en una fiesta, del desapego al pasado, sobre todo, del desapego a la imagen que una soñó de sí de niña-adolescente.


De niña, yo quería ser como Drew Barrymore en E.T y luego, de adolescente, quería ser como Marilyn... Deseada por los hombres... No se de dónde le viene a una niña de 13 años un deseo por el estilo, pero ahora, a mis 31, creo que es un sueño que no me interesa. Y lo dejé atrás (no hace mucho por cierto). "Ser como", "ser como", "ser como", "ser como", "ser como"... son sueños que no son nuestros sueños. Esto me lo está enseñando la vida, la experiencia, el aire, la respiración. Sólo así, y es una ecuación matemática, cuando una deja atrás sueños de niña, pueden abrirse las puertas para la mujer que se es, o que se puede ser. No pienso llorar más pensando que no "alcancé mis sueños", mis sueños por demás, eran grandes, increíbles. Tanto como "ser astronauta" o tener los poderes de "mi bella genio". Ojo, no digo que algunos sueños no se puedan realizar, pero si uno no trabajó para alcanzarlos, por algo fue. Expreso todos los días mi agradecimiento al universo por la realización de algunos de mis sueños. Este blog es parte de ellos. Pero habían tantos deseos en mi cabeza... Por eso en algún momento no entendía la ley de atracción que reza que si uno desea algo realmente, el universo se lo otorga. Yo deseaba muchas cosas y el universo no me otorgaba nada. Y pensé: ¿Las deseo realmente? Concluí que más difícil que desear es descubrir qué es lo que uno desea realmente. De corazón. Realmente de corazón. Yo aun no lo sé. Se que quiero estar bien. Nada más. y desde que trabajo por estar bien y por acercarme a mí, las cosas se van presentando de manera positiva.

De todo esto hablé con la princesa en una fiesta. No se si le sirvió, pero de hecho nos abrazamos fuertemente. Si supiera que yo alguna vez quise ser ella... Es gracioso, de hecho se lo diré la próxima vez que la vea. Por eso las cosas están bien. No es que van a salir bien. Todo está bien como está y todo lo que sucede es lo mejor que nos ha podido suceder. Cuesta aceptarlo. Este post, es también una manera de convencerme.

domingo, 24 de febrero de 2008

Luna lunera cascabelera...



Deseo mi centro como deseo el universo entero. Intento todos los días no desviarme como he intentado en los últimos días pedirle a mi entorno un pedacito de luna. Es posible... "En los cuentos amor", me decía mi madre. Y yo, no la escuché. Sigo pidiendo pedazos de luna y hasta ahora nadie me los ha podido traer. Empiezo a creer que es imposible. Tal vez sea lo mejor. Pisa tierra princesita... La luna no se corta, a la luna no se llega. Entonces yo imagino mil formas de metáfora que significan "luna" en mi cabeza. Pero es mi cabeza y nadie tiene porque leerme. Y me pregunto porqué no me entienden y siento que he retrocedido mil pasos. Despierto por la mañana y me siento pésima y niña y pienso que es el eclipse lunar de hace unos días que nos tiene un poco así a todos y luego en el arcoiris que vi ayer desde una terraza en miraflores a las 6 de la tarde y que según yo, bendijo mi día... Pero no, me digo, los arcoiris están resguardados por duendes y los duendes no bendicen princesas. Las persiguen.

Siento que un duende se clavó en mi músculo vital ayer. Supongo que cavaba algo, un no se qué para no se qué. Pero cuando metía su pala a mi me daba una punzada y mi cuerpo adormilado por el buen vino tinto se crispaba un poquito y luego volvia a sonreír. Y así toda la noche. El duende me hacía vivir una ciclotimia antigua, infinita. Maldito seas duende del arcoiris.

Y es así que de pronto una se ve retornando a casa triste y llorando el mar inmenso. Ayer estuve tan cerca del mar que siento que se me metió en los ojos. Duende, mar, luna, arco iris... ¿Demasiadas emociones para una semana? Siento que estar conectada con el universo es hermoso, pero cuando el universo se mueve, también se siente un poco más fuerte el movimiento. Ayer llovió, salieron colores del cielo y luego vi el mar la noche entera. Demasiado llanto, demasiada agua, demasiada magia. ¿Se puede hablar de "demasiada magia"? He deseado tanto la magia en mi vida que ahora cuando se hace presente me atemoriza. Ahí pienso en un dicho que repetía mi prima: "Ten cuidado con lo que deseas....(y blah blah blah)".

Hace un tiempo empecé a pensar seriamente en que tener la luna en mi habitación era imposible. Más imposible aún que me la regalaran. Pero aun trastabillo. Se que si quiero la luna sólo me la puedo regalar yo e intento regalármela todos los días para luego no pedírsela a nadie más. Porque andar pidiéndosela a personas que quiero es volverlas inválidas ante mí. Es ponerlos ante una imposibilidad y al mismo tiempo, volverme imposible yo.

viernes, 22 de febrero de 2008

Mi directora favorita...




Ser una inmigrante tenía su “rollo”. Su “cosa”, su “divinidad propia”. Caminar por las plazas entre miles de personas vestidas de colores, abrigarse con una chalina roja, ponerse innumerables gorros para que no se te cayeran las orejas de frío, mirar el cielo en invierno y constatar su condición de “azulidad”, su belleza, tragar con los ojos nubes de algodón de cuento infantil…Ser una chica sola joven e inmigrante, estudiante y trabajadora, tenía su “rollo”, su propia belleza interna, su ritmo, su modernidad. Un interés particular, una valentía extrema, un no se qué de muerte y de vida, un poco de locura y por debajo, siempre, una extrema soledad.

Hace unos años un filósofo viejo y maravilloso me dijo que tenía que dejar de ver mi vida como una película. Entendí perfectamente lo que me quería decir. Desde hacía algunos años sentía que no vivía realmente mi vida, sino la “imagen de mi vida”. Mi vida, sentía yo, se había convertido en algo así como “fotogramas vitales” que me espantaban. En ese momento no supe como salir de ahí. Entendía lo que el sabio me decía pero no fue hasta muchos años después que logré salir de esa locura. En esos años, no vivía el amor, vivía “la proyección del amor”. O del dolor, claro.

Haber logrado salir de la locura de vivir mi vida como salida de una película ganadora del Oso de Berlín es realmente para mí un logro mayúsculo. Es un placer vivir la vida “de verdad”, aunque eso no pueda comprobarlo tampoco, pero por lo menos, un poquito más de verdad que antes. Es un trabajo diario. Ya saben… Nadie tiene la partida ganada en esta vida.

Echo una mirada atrás, a mis años de inmigrante de chalina roja, y puedo ver innumerables fotogramas. Cada uno dirigido por un artista distinto. Mis favoritos por supuesto, yo no vivía una película en la que no quisiera estar. Así podría decir que alguna noche peligrosa fue vista a través del lente de Tarantino, alguna escena de cocina llorando con una cebolla podría haberla hecho Almodóvar, muchos momentos en blanco y negro en mi habitación se los otorgo a Bergman, algún encuentro casual de esos de fin de semana se los regalo a Winterbottom y algún momento de desesperación monetaria se lo copié a Fernando León. Alguna vez podían fallar. Bergman dejaba de ser sublime y solitario, algo fallaba en la edición y Winterbottom dejaba de ser placentero y alguna reconciliación hacía que la violencia de Tarantino se fuera al tacho. Pero lo que siempre estaba ahí, lo que nunca fallaba era el telón de fondo. La “azulidad” del cielo, la flor roja en contraste con la nube, el verde de los parques en invierno, la blancura de palacio real… Es decir… la dirección de arte de mi propia película.

Es así que la escena Bergmaniana de mujer sola en habitación mirando al vacío, daba como resultado, a mujer sola en habitación blanca con edredón de plumas de colores, y ventana de fondo con copas de árboles. Hermoso.

La escena Tarantiniana de mujer violenta de noche en un bar, daba como resultado, una mujer violenta con un brandy en la mano, sentada en unos sofas de terciopelo rojo estilo Luis XVI, rodeada de espejos barrocos y paredes pintadas de verde oscuro. Hermoso.

La escena Fernando Leoniana de mujer caminando por la calle con cabeza abajo buscando algo de dinero, mostraba a una chica joven con pantalón verde acampanado, abrigo negro entallado, cabello corto, piel blanca y nariz roja, cruzando una plaza llena de balcones y en la que el sol daba directamente al monumento del centro. Un imponente caballo de bronce. Se podía abrir el plano y seguir viendo el pantalón verde avanzar. Hermoso también.

Increíble como una puede ver su vida en fotogramas y casi dejar así de vivir su propia vida. Mi vida de inmigrante fue dirigida por varios directores. Varios artistas favoritos que manipularon mis reacciones porque yo creía que las cosas eran así. He visto tantas películas… Me he enamorado de tantos films… He querido ser tantas otras personas. Tantas otras actrices… Tantos otros actores…
Pero llega un punto en el que uno se da cuenta, respira, y de pronto aparece el instante. Ese que no tiene ni ayer ni mañana. Ese que hace que la directora sea una misma. Y decides todo. Incluso tu propia dirección de arte, que en mi caso es ahora un poco más gris y menos vistosa. Pero aún así, hermosa también.

domingo, 10 de febrero de 2008

Empatheia


Me gusta la palabra "empatía". Creo además recordar de alguna clase de filosofía, que proviene de la palabra griega "pathos. Según el diccionario empatía significaría: "Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro." Me gusta la palabra, pero en algunos casos creo que "padezco de empatía" y eso me ha traído algunos problemillas.

Me es difícil ver a una mujer llorar, me es difícil escuchar el llanto de una mujer. Supongo que a todas nos es difícil. Pero a mí, me transporta a lugares en los que... simplemente ya no estoy.

Hace unos meses, fui despertada de madrugada por unos gritos femeninos que provenían de algun departamento cercano. Era una chica joven que le "aullaba" a su marido porque le había encontrado en la computadora unas fotos de él junto a unas "putas" como les llamaba ella. La pelea era terriblemente intensa, los gritos dolían y por momentos escuchaba algo que caía, algún objeto lanzado sin lugar a dudas directamente a la cabeza del sujeto en cuestión. La pelea me despertó y además, me asustó. Como una niña pequeña me levanté de la cama asustada e intenté ubicar el lugar de mi casa desde el cual los gritos se escucharían más nitidamente. Quería entender qué estaba pasando o saciar mi morbo tal vez. Encontré la ventana perfecta y me quedé ahí escuchando largo rato. El llanto de la mujer-chica, se convertía por momentos en un aullido de dolor y me di cuenta de que yo podía sentir ese dolorcito en la barriga, ese que conocemos que te destroza el estómago, los gritos de la mujer-chica salían de la garganta, eran muy estridentes y yo podía sentir mi propia garganta sangrando de tanto decir barbaridades, pude ver también los objetos volando a mi alrededor, rompiendo vidrios...Alguien esquivándolos...Pude ver las miradas de odio y pude sentir mi propia mirada intensa de diablo, mi odio mezclado con dolor de barriga, de corazón, de garganta. Me mantuve ahí parada hasta que escuché un portazo. Una de las partes se había hartado de pelear y se había largado. Aun me quedé ahí por si se reiniciaba algo, pero todo había terminado. Me fui a dormir. Llorando, me fui a dormir. Maldije el haber escuchado esta pelea. De hecho, me quede mal unos cuantos días. Enquistada en no se qué recuerdo, en no se qué momento... Al haber sido una mujer-chica la que gritaba bajo mi casa, mi identificación fue inmediata. Esa noche y las siguientes dormí mal. Si me cruzaba con alguna vecina intentaba ver en su rostro el dolor de aquella noche. Al día siguiente tuve que ir donde mi madre llorando y pedirle que me dijera que todo iba a estar bien. Lo necesitaba.

Un día en una "visión", mi espada del augurio (que me acompaña en momentos de lucidez) me dijo que yo no sentía pena por mí, sino por todas las mujeres que habían sufrido a mi alrededor. Como si mi cuerpo hubiera sido una esponjita que absorbió el dolorcito que todas ellas debían de haber sentido y que por eso lloraba tanto y me molestaba tanto con los hombres. Interesante, me dije. Gracias espada del augurio.

Hace unos días, vi a una princesa llorar. Todas las princesas tienen sus secretos así que yo no tenía idea del porqué de sus lágrimas. La cuestión fue que en ese momento, me vi a mi misma, con unos tragos encima llorando también en algún otro lugar del mundo, en alguna época pasada. Triste. Yo estaba en ese "aquí y ahora" sentada feliz en un sillón junto a un ser inmejorable moviendo mis hombros y riendo, pero ante esta visión, mi cuerpo se trasladó a otro tiempo, a otro momento, a mi dolorcito secreto. Me tuve que parar e ir al baño porque se me salían las lágrimas. En el baño tuve que llorar un poco. Soltar un poquito "eso". En ese momento toqué mi espada del augurio y esta vibró y me dijo: "Este no es tu dolor. La que sufre ahora es otra princesa. Tu dolorcito secreto, además, ya no existe. "Ahora", estás disfrutando. Entonces, disfruta." Y fue toda una revelación. me sequé las lágrimas y me di cuenta de que ya habían existido muchos momentitos tristes y que había que aprovechar la plenitud cuando esta se presentaba. Y me lo permití. Y es que hay que ser disciplinada. Hace unos meses me habría ido al fondo del mar con la imagen de la princesa llorando y mi propia imagen de princesa perdida de hace unos años. Me habría quedado en una cueva, allá, llorando un ayer que ya no es. Sintiendo una extraña nostalgia del sufrimiento.

Pensé ahí en la palabra empatía. Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado emocional de otro. Pensé: qué bonita palabra... pero creo que alguien me la enseñó mal. Así que tengo que re educarme en esta palabra. Ponerse en el lugar del otro no quiere decir necesariamente "irse al abismo con el otro". Además, para qué padecer algo que uno realmente no sufre. Yo no quiero. Por lo menos, no en la vida real.

jueves, 7 de febrero de 2008

A veces echo de menos...


Con ustedes, uno de mis rincones favoritos de Madrid.
Los jardínes de Sabatini.
Madrid, a pesar de ser puesta en segundo lugar ante su rival Barcelona (con razón, si... con razón), tiene "su cosa". Yo escogí "mis lugares favoritos" en esa ciudad, mis "horizontes", como solía llamarles. Aquellos pedazos de territorio que se expandían más allá de la olla de presión en que se ha convertido esa ciudad. Lugares en los que podía respirar, mirar hacia algún "lejos" y desde ahí oler, casi casi, Lima, mi casa.
He pasado numerosas tardes leyendo con el palacio ante mis ojos (de hecho, esta foto, la tomé yo), y he caminado al lado de él durante madrugadas incontables camino a casa. Aire frío, Madrid bonito.
Mi experiencia favorita: los atardeceres vistos desde estos jardínes. ¿Vamos a ver el atardecer desde los jardínes de Sabatini? Con esta frase conquisté a alguien a quien no debí conquistar. Y es que era mi experiencia dulce y favorita. Sentarme en la entrada de los jardínes a ver el cielo ponerse color fucsia. Rosa, celeste, tormenta de mis colores favoritos.
En este jardín un amigo lloró por primera vez ante mí y me dijo que su pareja lo había abandonado. En este jardín esperé a un hombre con el corazon temblando de emoción, en este jardín leí a Christa Wolf y metí mis pies en esa laguna artificial un día de verano irresistible.
Hay días, pocos la verdad, en los que extraño mis rincones madrileños. Este es uno de ellos. Es bueno tener un sunset tan hermoso en Lima. Es bueno ver el sol ocultarse en el mar. Es bueno tener poesía en mi ciudad también, aunque a veces eche de menos Madrid.

martes, 5 de febrero de 2008

Absurdo diálogo

Me preocupas...
No te preocupes... Asume que soy así.
Es que no se si tú puedes asumir que eres así.
Andate a la mierda.
Te quiero.
Se nota un huevo.
(....)
¿Por qué no te quedas?
(...)
Se que en el fondo soy diferente. Mejor.
Eres genial.
Puedo ser aun mejor...
Te quiero.
Andate a la mierda.
(...)
Dime. ¿Qué coño vamos a hacer el uno sin el otro a ver?
Salvarnos.
Qué novela.
Tú lo que quieres es que nos matemos juntos.
Yo quiero ser feliz, te lo he dicho millones de veces.
Se nota un huevo.
Todavía me quedan unas cuantas heriditas.
Sanarán pronto.
Por eso, quédate.
No tan pronto.
¿No me deseas?
(...)
Dime que no me deseas.
Te amo.
Andate a la mierda.
Eres mi máximo.
Suena horrible eso que dices.
Lo eres.
Pero te vas.
Me salvo.
Y me dejas.
Te salvo.
Eso es lo que tú crees.
Después te darás cuenta.
Mierda.
¿Qué?
Acabo de darme cuenta de que el tiempo lo cura todo.
Si.
También me va a curar a mí. De tí. De mí.
Si.
Todo esto... ¿Para qué?
(...)
Toda esta mierda convertida en recuerdo.
En risa.
Tú te reirás... Yo no quiero.
Te quiero.
Vete a la mierda.
Ya estoy ya.
Gracias.
Te amo.
Andate a la mierda.