martes, 25 de noviembre de 2008

APEC PES...





Así que el APEC. Así que TLC con China y beso en la mejilla a Hu Jin Tao… Así que portaviones de Bush y sultanes de Brunei viniendo en aviones enchapados en oro… Así que si… ¿Y nosotros? De vacaciones. Claro, qué bonito. Viva el APEC… Nos regalaron días libres para que podamos desconectar… Para que no nos enteremos mucho de lo que se decidía… Para que tomáramos un poquito de sol en familia y llegáramos cansados preguntándonos… ¿Todo tranquilo no? ¿No hubo atentados no?

En fin… Realmente… Qué rico el APEC. Yo me quedé trabajando en el teatro pero los días los tenía libres, sin obligaciones. Qué rico. Leía el periódico y me daba miedo la sonrisa de Hu Jin Tao y sus dientes de potencia con ganas de mordernos un pedacito de cachete. También los dientes de Alan con ganas de morderle un cachete al universo. Pero en fin…

La verdad sólo quiero escribir sobre mis días nulos de APEC siglas que la verdad, recién hace unos días (perdonen la ignorancia), me enteré de lo que significaban gracias a mi Biblia “Perú 21”. Lógicamente digo Biblia porque para mi la Biblia tiene el mismo significado que un buen libro de ficción. Si uno se pone a leer el periódico todos los días, empieza a surgir la ansiedad por saber que pasará al día siguiente. Como cuando veía “Los ricos también lloran” con Verónica Castro y molesta le preguntaba a mi madre: ¿Por qué siempre termina en la parte más interesante? ¡Qué tontos!”

Debo agradecer largas horas de caminata durante los últimos días. No suelo caminar y dada esta oportunidad grandiosa de calles bloqueadas y policías en esquinas, decidí dar largos paseos a mis diferentes puntos (cercanos todos ellos) y descubrir nuevas calles, nuevas flores, buen clima y largas rutas alternativas para poder comprarme un solo café en mi cafetería favorita que queda a tres cuadras de mi casa (vivo cerca a uno de aquellos Hoteles en los que se hospedaban nuestros ilustres, es más, creo que en el que se hospedaba mi adorado, casi de mi familia “Cuy chactao” Hu Jin Tao). De hecho un amigo que me suele decir “china” de cariño, me decía que yo debía estar muy feliz ya que por fin toda mi familia estaba reunida en mi ciudad. Pero yo no tengo la sonrisa de potencia de Cuy Chactao. Fácil somos parientes lejanos nomás.

¿Creo que fue el Sábado que llegó el innombrable? ¿Con su portaviones, sus autos blindados y sus 600 monaguillos? Pobre hombre, aunque la verdad, no lo compadezco ni un poquito. Es de las pocas personas que me han generado absoluta y real repugnancia. Creo que si lo viera alguna vez en la calle, lejos por ahí, cerca por ahí, no podría parar de gritarle porquerías. Una amiga una vez me contó que a inicios de los 90´s se fue a Francia dejando este país en ruinas y se encontró en esos años en París con un alegre García y ella no pudo contenerse y se puso a gritar: “¡Ladrón! ¡Por tu culpa dejé mi país!” Y mil insultos más que no quiero repetir. Yo me preguntaba: “¿Sería yo capaz de hacer algo así?” Hasta ahora me lo pregunto.

En la obra que estoy presentando en la Alianza Francesa “En Casa/En Kabul”, hay un texto de un afgano que le dice a mi personaje (una veinteañera londinense): “¿Y que otra cosa nos han traído ustedes además de miseria? El occidente. Y a muchos de nosotros nos gustaría devolverles esa miseria. Usted tiene para llevarse a casa nada más que el espectáculo de nuestro sufrimiento. Haga lo que quiera con eso.”

El espectáculo del sufrimiento. Adoro esa frase.

Leo el periódico y siento que soy una espectadora de “Los ricos también lloran”, el APEC se realiza en nuestras narices y en realidad, nos enteramos de la cuarta parte, de la sonrisa, del apretón de manos, del discurso sobre Marx de García al presidente ruso… Qué jocoso nuestro presidente. Qué anécdotas. Qué espectáculo. Mientras tanto… ¿Qué es lo que realmente se cuece? Un beso en la mejilla al chino y nos reímos, las damas de las naciones se van a Larcomar y se compran chalinas de alpaca valorizadas en 400 dólares cada una… La CGTP se queda tranquila… Yehude y Mulder discuten…Y nosotros… Qué graciosos… Qué cagones son los políticos… Y huacala y mejor me tomo una chela. A veces pienso que la ceguera y la ignorancia harán que en algún tiempo alguien asista al espectáculo de nuestro sufrimiento. A nuestra propia realidad que será vista por otros como un espectáculo. Como cuando vemos imágenes de países distantes, raros, “espectaculares”.

Qué miedo me da la política. Qué miedo me dan los políticos. Qué miedo me dan los bancos. Qué miedo me da el dinero. Qué miedo me da el poder.


Mejor me tomo una chela.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

QUE RICO ES PODER DECIR CON CERTEZA: "YO HICE LAS COSAS BIEN..."

(Nunca lo había sentido, claro, por eso me sorprende)

lunes, 17 de noviembre de 2008

Teatro...



Hoy estuve en un maravilloso conversatorio con Eugenio Barba el creador del Teatro Odin. Salí inspirada, con más ganas de entrenar y con más ganas de crear. ¿Por qué hacemos teatro?, era una pregunta constante. ¿Por qué hago teatro?, es una pregunta que me hago siempre. Sólo puedo responderla en negativo: Si no hago teatro me siento miserable. Ya lo he probado. Estuve 4 años sin actuar y mi energía se fue por el water. Me gusta hacer teatro porque en esas dos horas de función siento que estoy más presente que nunca en la vida. Me gusta estar en el escenario y escuchar lo que mi compañero me dice, y cómo me lo dice. Encontrarme con su mirada y reaccionar a sus estímulos. A veces, siento que danzo con mi pareja de escena. Barba decía que quien hace teatro realmente está huyendo de algo, escapando. Pero... ¿Cuál es la herida? ¿De qué estás huyendo?


Podría nombrar varias.


La escritura es también una forma de huida.


El teatro, decía Barba, es una forma de lucha espiritual. Suena hermoso sí, pero aun no lo comprendo. Como dije, me pregunto siempre por el sentido de hacer teatro. Hay días en los que le pierdo el sentido a mi profesión y no entiendo nada. Creo que esto se da cuando la banalizo. Cuando el ego se impone y actuar se convierte en una forma de ser "alguien". No lo se. Huir de la herida. Me gusta esa frase.


Un día mi psicoanalista me dijo que yo había encontrado en la escritura una manera de huir de ciertas cosas que sucedían a mi alrededor. A veces, cuando estoy un poco triste y llego al teatro, pienso que felizmente me quedan dos horas de función para agotar esta tristeza u olvidarla. No hay cabida para el dolor en el teatro. El teatro no duele. Sana. Lo noto cuando tengo dolor de cabeza o de barriga. En el escenario no duele nada. Esto es cierto, los actores podrán confirmarlo. En el teatro las cosas no duelen de verdad. Como me dijo mi maestra Pilar Nuñez: "En el teatro, tus cosas salvajes. En la vida cotidiana, la horizontalidad...En el teatro puedes romper platos, tirar libros, tumbar paredes... No importa, son de utilería."


Del teatro, sólo salimos cansados. No tristes. Cansados.


¿Huyo de algo? Probablemente. Pero también con el teatro he tenido que enfrentarme muchas veces a mi misma. A mis propios demonios internos. ¿Y que mejor que ahí? El teatro te contiene. No te va a abandonar. Y lo certifico cada noche cuando salgo de una escena terrible y siempre hay entre cajas un hermoso amigo esperándome con un kleenex y un abrazo. Me seco los mocos y las lágrimas, lo abrazo un ratito y me preparo rápidamente para entrar a la siguiente escena. En el teatro, tampoco hay lugar para regodeos dolorosos. Eso no cuenta la historia.

domingo, 26 de octubre de 2008

Nuevamente...



Mañana es Lunes. Un Lunes tranquilo después de tanta locura. Se vienen meses hermosos de fin de año. Hoy le dije a mi chico: "Ya quiero que sea navidad", y me sentí nuevamente una niña, como cuando desperté un 24 de Diciembre por un beso de mi madre y entre sueños le pregunté: "¿Hoy es navidad?", y loca de alegría me saqué las legañas y me miré al espejo feliz porque esa noche a las 12 recibiría mis regalos, reventaría cohetes y comería puré de papas... (en mi casa nunca se comió puré de manzana). Hoy, también entre sueños de Domingo a las 3 de la tarde mientras miraba una peli durmiendo un poco la fiesta del Sábado, sentí mi cuerpo relajado y feliz. Otra vez. Ya lo extrañaba. Ha sido un año maravilloso (hasta ahora), pero jodido. Mucho trabajo, confusión, fantasmas e insomnio. Pero ya. Hace dos semanas cerré casi todo y ahora sólo me queda por delante una hermosa temporada y algunas cosillas más que disfruto mucho. Es un buen panorama. Siento que recargo energías y disfruto nuevamente de un Domingo estúpido y sin presiones. Hace mucho que no podía hacerlo. Y vivo cada día pensando que ya es fin de año y que las cosas se aligeran a pesar de las noticias. A pesar del mundo.


He leído todos los comentarios. Hace tiempo que no entraba a mi propio blog. Desconecté. Es decir, me centré en otra persona. En Priscilla, un personaje hermoso. Una obra de teatro. Desvié mi mirada hacia otro ser. La entiendo ahora porque le presté atención, aunque muchas veces, para eso, uno tenga que dejar de prestar atención a su entorno. A veces soy un poco obsesiva con mi trabajo. Y es que me apasiona. Ahora la obra ya está montada y sigue sola su curso. Ahora simplemente voy por las noches al teatro, caliento, me tomo un café y mientras fumo un cigarro maquillo mis ojos de negro y me dibujo ojeras porque Priscilla lleva días sin dormir la pobre y mientras lo hago, agradezco a la vida el haber vuelto a recuperar mi sueño normal. Agradezco volver a estar en mí y poder dormir en mi habitación sin miedo. Todo se ordena y mi atención vuelve a redirigirse. Siento que tengo tiempo y pienso que la sensación de tiempo es algo muy personal.


Muchas gracias por los comentarios. Me han hecho muy feliz. Ahora me fumo un cigarro y me siento disuelta, tranquila, acompañada. Gracias.

domingo, 31 de agosto de 2008

Habla nomás...



Claro... No tiene que ver con el "Ya, cállate". Nuevamente, y parece que por siempre, tiene que ver con el verbo "aceptación". Ya está.


He estado sufriendo de insomnio. Jamás, en mi vida lo había sufrido. ¿Stress? ¿Fantasmas en mi habitación? ¿Miedo? ¿Falta de melatonina?


Muchos saben lo horrible que es no poder dormir. Yo no lo sabía. Tener el cuerpo agotado, tumbarse en la cama y empezar a "pensar". Siempre me había jactado de mi facilidad para dormir. Tal vez, me dije, me jacté demasiado... ja.


Todo empezó una noche en mi habitación. Había llegado a las dos de la mañana de el último ensayo de una obra antes del estreno y, con la adrenalina todavía a mil, me senté en la cama, me prendí un pucho y me puse a leer un libro sobre el Cosmos. Fue ahí cuando sentí que alguien intentaba empujar la puerta de mi habitación. Escuché el sonido, pero nada más. Pensé: "Será el viento.", pero minutos más tarde, oí que alguien susurraba mi nombre como llamándome de una manera tan clara que yo respondí: "Qué." No obtuve respuesta y esa noche no pude dormir hasta las 5.30 am, muerta de miedo, porque de pronto a mis 31 años, todos esos fantasmas a los que yo les había temido de niña y adolescente, estaban conmigo, en mi cuarto, a solas conmigo. Dios...


Al día siguiente, mis vecinitos de vecindad me confirmaron que en esa casa en la que todos vivimos en paz y armonía, penaban. Y yo pensaba en lo increíble del asunto. No se si creo o no, pero me he pasado la vida, temiéndo ver un fantasma. Un día le pregunté a un psicoanalista si creía en los fantasmas y me respondió: "Depende de cuales..." Digna respuesta de un señor con barba sentado en un sillón de cuero. ´


Así que desde ese día me pasé una semana durmiendo en casa de mi novio, y los días en los que me hacía la macha y quería volver a mi cuarto sola, no dormía hasta las 4 de la mañana y lo hacía solo con ayuda de pepas. Terrible. Un día me dio un ataquito de nervios en el teatro porque claro, no estaba durmiendo y andaba trabajando mucho.


Mi sueño no se ha regulado aun. Duermo sola en mi habitación ya sin miedo a los fantasmas porque pienso también... Y si sí... QUÉ. En fin... Prendo inciensos y palo santo eso sí. Todo en orden y muchas flores en mi habitación. También me di cuenta de que el "fantasma" entro a mi vida cuando mi "vida" estaba como "dejada de lado" por el trabajo. Mi cuarto era un lugar de paso, sucio y desordenado, mas que mi lugar de descanso.


Así que como dije, no temo al fantasma, pero aun no duermo bien sola. La última vez me tomé dos pastillas de valeriana, un mate de valeriana y aun así estuve despierta hasta las 3.30 am., hora en la que decidí meterme el pepón prometido porque al día siguiente tenía que trabajar. Odio meterme pepones prometidos, me desarreglan el espíritu... Creo yo. Ja. En fin, la última noche no pude dormir por un fantasmón que más que un susurro extraño, tenía que ver con lo que me había dicho el psicoanalista barbudo... "Depende de cuales..." Si pues, me acosté a la una de la mañana y fue en ese momento, cuando puse mi cabeza en la almohada, que mi mente empezó a joder. Y no paró, y no paró y no paró. Y yo luché y luché y luché. Y mi "yo" le decía a mi "ello" que se callara y mi "super yo" se la pasó diciendo... "y si no duermes... como vas a ir mañana a tu ensayo?"... Y "sufrí" un montón pues...


Así que vuelvo nuevamente al inicio: "Aceptación". "Jamás", me dijeron, luches contra el insomnio. No se trata de "luchar", se trata de aceptar. ¿Tienes insomnio? Lee, mira tele, pelis etc... Lleva tu atención a otra cosa, no al insomnio mismo. No trates de callar a la traidorcilla... DIALOGA. Claro... recién lo entiendo. Y en las noches, cuando mi centro está cansado, la traidorcilla se pone loca y me dice todo lo que no me ha dicho durante el día porque estuve ocupada y concentrada en otra cosa. Y yo trataba de luchar contra ella... Pero no. La última vez mi yo agotado le dijo: "Ya... Habla nomás..." Y se calló. El fantasmita se calló. Qué loca.

miércoles, 23 de julio de 2008

Shhh...




Hoy hablaba con un par de amigas sobre "el traidor" que todos llevamos dentro. ¿Todos? Sí, todos. ¿Todos? No se... Supongo. Una de las chambas es, decía mi amiga, dejar de hacerle caso. Antes, le decía yo, me identificaba tanto con la voz del traidor que creía en todo, absolutamente todo lo que éste me decía y así "entendía" siempre la realidad a "mi manera". Y "mi manera" era lo que "yo quería ver" que claro, no siempre era lo positivo del asunto. El traidor, la traidorcita que uno lleva dentro siempre intenta sabotear y que uno se sienta inútil, feo, bruto, ignorante, incapaz... ¿Que más? Hay una recatafila de adjetivos por los que muchos, estoy segura, debemos haber pasado gracias a esta vocecilla interior que es adicta a nosotros y a la cual, también nos hacemos adictos. Esa vocecita necesita de nosotros, de nuestra atención, de nuestra escucha. Mientras menos caso se le haga, más tenue se hace. Claro. Pero...¿Cómo dejar de hacerle caso? Estoy en ello, así que muchas veces alguien se gana conmigo diciendo al aire: "Callate" o "Shhh...". Y claro, me miran con cara de "te puedo dar el teléfono de mi psiquiatra...". Pero es que entendí hace un tiempo que esa voz ni me decía la verdad, ni me hablaba con amor. Ahora la reconozco y empiezo a conocer sus patrones. También las puertas que dejo abiertas para que pueda entrar a hacer su show en mi cabeza. Quiere ser la protagonista y hacerme creer que todo lo que yo creo bueno es mentira.



Hace unos años le creía todo y andábamos juntas de la mano. La traidorcilla y yo. Yo era la traidorcilla. Por eso lloraba mucho. Me desesperaba porque me sentía inútilmente pequeña. Tonta.



A veces aun me gana la partida. Supongo que mientras más amenazada se ve ante mi indiferencia más fuerte intenta ser. Y yo alucino con que todo eso seamos nosotros mismos. Hay días en los que me siento más vulnerable que otros o más abandonada que otros y es ahí donde las puertas se dejan abiertas y la traidorcilla asoma su boca devastadora. Entonces intenta que muchas cosas lindas pierdan sentido, ingresa la desconfianza y la sensación de fracaso. Y digo: "Shhh... Ya, cállate", aunque a veces no sea suficiente.

viernes, 4 de julio de 2008

...

Y tu.. ¿Qué dices?
Tu silencio y mi silencio juntos. Nuestras tantas palabras cruzadas... Nuestras miradas... Inexistentes.
A veces las miradas no son suficientes... Hacen falta palabras y a veces las palabras sobran.
En nosotros... Todo se contradice. Nada es incongruente y a la vez, lo es todo.
Te ofrecería el mar si el mar no acabara conmigo.
Ya lo sabes.
Me gusto a tu lado sin equivocaciones, aunque a veces el error se convierta en un maremoto.
Frágil... Todo tan frágil.
Y no lo entiendo... Y a veces, claro, como los poetas, lo entiendo demasiado...
¿Como era todo? ¿Qué era lo que soñaba? ¿Qué era lo que deseaba?
Debo recordar.
Volver ahí. A mi.

lunes, 30 de junio de 2008

"Escrito por una gallina.."


Este Viernes, Sábado y Domingo presento en la sala joven de la Alianza Francesa de Miraflores y a las siete de la noche la performance "Escrito por una gallina" dirigida por Guillermo Castrillón. ¡¡¡Espero verlos por ahí!!! Va a estar bonito. Un beso!!!

miércoles, 25 de junio de 2008

Diferencia

Pienso en la ausencia de la escritura... Hace unos días, me preocupó tanto que lloré.

"No puedo escribir", dije.

"Quiero magia en mi vida", dije.

"¿No la tienes?", me preguntaron.

"Por momentos...", respondí.

La escritura...Magia para mí.

Pero ahora, no se... No hay nada que decir. Por el momento estoy escuchando...

He oído voces que me han hecho sentir cosas hermosas. Amor, diferencia, comprensión, empatía.

Diferencia.

Estoy alucinando con ella.

Si les digo que recién estoy entendiendo la diferencia entre los seres humanos...

¿Me creerían?

Gracias por la espera. Gracias.

lunes, 2 de junio de 2008

A mi madre no le entran balas...



Mi madre tiene una cualidad (entre las muchas que posee) que a mí y a mis hermanos, nos alucina. Hemos dicho siempre que a mi madre "no le entran balas" y esto tiene mucho de verdad aunque como todo, no es absolutamente cierto. Mi madre es una persona feliz. Con esto, claro, no me refiero a que no haya sufrido en la vida. Me refiero a que tiene esa capacidad maravillosa e increíble que tienen algunas personas de verle el lado positivo a todo, o a casi todo. Es luminosa y para su vida, ella quiere lo mejor.


Cuando era niña yo vivía pegada a mi madre como "el hombre a su nariz pegado". No tenía muchas amiguitas en el barrio y en vacaciones me aburría profundamente por lo que adoraba estar al lado de ella. Se reía diciéndole a la gente que aun no nos habían cortado el cordón umbilical. Yo también reía y me sentía orgullosa de estar a su lado. Algunos sábados de algún año se impuso la tradición de ir al centro de Lima, visitar iglesias y terminar almorzando en un restaurant llamado el "Raymondi" que era muy bonito y olía muy bien. Yo era feliz saliendo con mi madre.


Mis furias chalacas, que me acompañaron desde niña, a veces se topaban con ella y luego yo, arrepentida, bajaba las escaleras llorando y le decía: "Perdón mami". Ella me abrazaba y yo me sumergía en su vientre (así de chiquita era entonces) y me sentía nuevamente restablecida, confiada, en mi centro. Ella me devolvía el centro que yo perdía cuando me asaltaban mis demonios genéticos.


Tuvimos una época en la que se convirtió en mi mejor amiga. Ella fue la primera en enterarse de "my first time, first love", ella me llevó a comprar anticonceptivos, fue conmigo por primera vez al ginecólogo y esas cosas con las que algunas de mis amigas simplemente alucinaban. Yo les decía: "Mi madre es mi mejor amiga". Eramos ella, mi hermana y yo. Un trio importante, fuerte, femenino, con una historia en común.


Luego algo se quebró. Crecí (en edad). Me volví arisca e irritable. Siempre había sido furiosa pero a los 20 o acercándome a ellos, estaba absolutamente fuera de control. Ahora, a la distancia, pienso que fueron las hormonas y claro, mi tendencia natural a la furia... De eso no me libro. Estaba confundida y me sentía así. Quería hablar con alguien pero mi familia decía que lo de los psicólogos eran cojudeces... Bueno, cada quien con sus opiniones. Me sentía sola. Incomprendida. Artista. Las relaciones con mi familia empezaron a quebrarse. No soportaba comentarios ni que se metieran en mi vida y lloraba gritando cada tanto porque "nadie me quería". Y este "nadie me quiere" iba casi siempre dirigido a ella, mi madre. Empecé a dudar de su amor por mi, como tantas veces he dudado del amor por mi de otras personas. Como tantas veces he dudado de mi propio amor por mi.


En mi primera sesión de psicoanálisis, cuando yo ya pude realizar mi sueño de ir a una terapia porque yo no creía que fueran "cojudeces", mi analista me dijo: "Muchas mujeres llegan al análisis para hablar de sus padres, pero cuando rascamos un poquito, sale la madre." No le creí. Hasta que sucedió.


Invertí muchas horas hablando de ella, soñando con ella, analizando mis sueños con ella. Me costó mucho situar su imagen humana en mi cerebro. Darme cuenta de que mis padres eran humanos y que por eso también se habían equivocado me costó sudor y lágrimas. Y después de años, algo empezó nuevamente a acomodarse.


Me di cuenta de que todo aquello que yo había criticado en mi madre, eran en realidad aquellas cosas que yo luchaba por aprender. Como esa fuerza luchadora por generarse un mundo positivo "a pesar del mismo mundo". Yo la criticaba de chica diciendo que ella no quería ver la realidad. Que la gente era violenta, que todos nos odiábamos y por eso, andaba como una gata (aun hasta ahora... we are working on it) esperando el momento en el que me atacaran. No importaba si había salido el sol, si las flores estaban iluminadas o si corría un vientito fresco, allá en la calle, el mundo, me iba a atacar. Por eso me escondía bajo gorros negros y gafas de sol, me metía al carro y no caminaba un paso para no tener que soportar ninguna mirada. Mis parejas se ocuparon siempre de los trámites con sectoristas o de hablar con los "guachimanes" porque no había manera de que yo no terminara mandando a la mierda al mundo entero. Ya me conocían. Pero mi madre me decía siempre: "No entiendo porque te molestas.", "Hijita, pero ¿Por qué te pones así?", "Sufres por gusto". Y todas están frases inspiraban más mi furia. Mis respuestas eran: "Cómo que no entiendes PORQUE me molestooooooooo???", "Me pongo así por todo! No entiendes?" o "¿Por gusto? ¿Sufro por gustoooooooo? ¿Quieres que te cuente tooodo lo que me ha pasadooooo?" Y tiraba la puerta tras de mi esperando que porfavor, no me dejaran sola. Que mi mami fuera tras de mi y me abrazara como cuando era chiquita para poder sumergirme en su vientre y restablecer mi centro. De hecho, sucedió muchas veces. Gracias mami. Era lo que necesitaba. Aunque uno piense que no hay que hacerle caso a las mujercitas engreídas, a veces lo único que quieren es un abrazo. Y un urbadán, claro. Mi madre venía con sus brazos abiertos y media pastillita de urbadán para que la nena se relajara. Me la tomaba y me quedaba medio tarada sollozando en sus faldas. Qué rico.


Así que hace poco descubrí que la gran maestra de mi vida, era mi madre. Es de ella de quien quiero aprender. Es eso lo que busco aprender con la vida. El flujo. La tranquilidad. La sonrisa. La buena disposición. La inocencia. La inteligencia. La razón. El amor. La paciencia. La santa paciencia.


Y nosotros decíamos que a mi madre no le entraban balas porque nunca se molestaba.
A veces pienso, ¿cuántas balas le tendrán que entrar a uno para que deje de molestarse?

lunes, 26 de mayo de 2008

¿Cómo era que era?



Hoy decidí cambiar mi rutina. En vez de despertarme a las 6.40 de la mañana para ir a yoguear, me quedé en cama y dormí hasta las diez. Me desperté lentamente, desayuné un mate de valeriana (mi nueva adquisición después del agua de azahar) con canela, me puse un buzo y decidí partir al mar. Me fui abajo y paseé durante un buen rato por la orilla. Me senté en las piedras y miré largamente las olas. El sonido del agua arrastrando las piedras de la orilla me calma. En general, estoy calmada. El ojo del locón de los últimos dos meses ya pasó. Los tratamientos surten efecto y las hormonas y su desquiciamiento se van acomodando. Alrededor de ellas toda mi vida afectiva se reacomoda también. Yo conmigo misma, me reacomodo.
Voy de compras y decido cocinar para mí. Lo hago seguido, pero nada muy elaborado. Hoy me engrío con algo que me gusta. Me siento en el suelo de mi cuarto a escribir y no contesto el teléfono. No tengo ganas. Hace días que mi cuerpo intenta decirme algo y yo me rebelo. Se lo que me está diciendo y yo intento decirle... Pero no... No es eso... Y se lo que es. Así que tomé una decisión. Y ya me siento mejor. El sólo hecho de tomarla en el pensamiento ya me relaja el estómago. Un nudito que andaba por ahí sin dejarme muy tranquila y retrasando mi propio proceso. Se que tengo que cuidarme. Pienso en mi camino de este tiempo y en lo que se viene. A veces, me da miedo estar tan cerca a mi cuerpo. A veces, me asusta lo claras que son sus señales. Y con "me asusta" quiero decir... "alucina, sorprende, maravilla". Pero es demasiado claro. El mapa es demasiado claro. Hace un par de años le dije a una amiga que pensaba que la "respuesta" (si es que algo así existe), estaba en el cuerpo y en el cosmos. En lo macro y lo micro. En la célula y en la estrella. Y ahora que lo veo más claro... Intento voltearle la cara porque me da rabia que sea tan claro todo y que me diga: "Oye tía... no te das cuenta de que por aquí NO es?" Y me llega pues como si tuviera 12 años porque digo que tengo "derecho a equivocarme". Y la verdad, escribo y me río. Porque mi propio ser, el que más amo, me está hablando y eso es lo que yo siempre deseé, siempre busqué y sigo buscando... Y ahora que anda por ahí dándome señales... No quiero oír porque no está de acuerdo con lo que hago. Y todavía me pregunto: ¿Cómo era? ¿A quién tenía que escuchar?
Y me río.

jueves, 22 de mayo de 2008

Café Tacuba

Me hicieron pasar un lindo momento. Cantaron más de dos horas y el vocalista jamás, pero jamás dejó de sonreír. ¡¡¡Lo mássssssssssssss!!!

jueves, 15 de mayo de 2008

I am what I am

Dentro de todo lo que solemos pensar sobre nosotros mismos… Sobre nuestro comportamiento, nuestras reacciones, nuestras herencias… Sobre todo aquello que llamamos “nuestros demonios personales”, nunca había pensado en la existencia del verbo “aceptar”. Nunca, en diez años de terapias, comidas de coco y etcéteras, me había sentado con todo el peso de mis kilos en una silla y había dicho… “Así soy”.

Pienso ahora, que en los últimos años de “auto-hurgamiento”, he intentado locamente y por todos los medios, “dejar-de-ser-quien-soy”. El verbo “curar” que tanto he usado ha ido de la mano siempre con “dejar de ser”.

La idea de la aceptación me la sugirió mi terapeuta hace una semana. Imagino que todos los terapeutas a los que he ido alguna vez me la han sugerido (tal vez no), pero uno logra escuchar lo que tiene que escuchar sólo en el momento en el que está listo para escucharlo. Y en cuanto uno lo escucha realmente, ya no lo deja de escuchar. A partir de esta idea que por primera vez en mi vida me pareció “sugerente”, todas las personas a mi alrededor, lo que leo, incluso algún mail que llega, hablan del tema: “Aceptación”.

Me dice una amiga mayor y sabia que ese es el primer paso y que luego, el más “pendejo” es aquel que hace que empieces a querer con ternura eso que ya aceptaste como tuyo. Claro, pasarán años, seguro.

Me llama la atención esa dificultad que podemos tener para aceptar ser quienes somos. Creemos que nos aceptamos, pero no siempre es así. (Hay excepciones, claro está, en esta idea no incluyo a toda la humanidad). He tendido a odiar tanto a mis demonios que lo que les tengo en realidad es terror, por tanto me dominan (aban) dominan (aban). Escuché en una película para niños que para que los mounstruos desaparezcan uno tenía que reírse de ellos, a carcajada limpia, fuertemente. Yo no me he podido reír nunca de esos mounstruos y con esto, les he otorgado el poder que han deseado y me han llevado por infiernos que no deseo pasar y que cuando pasan me dejan devastada, defraudada, triste, frustrada y llena de culpa. No quiero. Lo peor de todo es que el mounstruo se lleva de encuentro todo lo bello. Lo arrasa. Como un tornado devastador, o por lo menos, así lo siento yo.

Mi mejor amiga me dijo el otro día que la llamara pesimista pero que ella había asumido que no iba a cambiar. Que lo que cada una tenía era algo así como una “falla de fábrica”. Algo que ya estaba impreso en los genes de cada ser y que lo único que podíamos hacer era negociar con nosotros mismos. Bajar los decibeles. No hacer mucho caso. No tomarnos tan en serio. Yo, la verdad, nunca había pensado en la idea de que “nunca iba a cambiar”. Yo pensaba que se me iba a producir el milagro. Un día después de tanto pensar, iba a iluminarme e iba a hacer el “clic” milagroso que me haría dejar de ser quien era para convertirme de pronto en el ser con el que sueño ser. Pero no es así. Los “clics” no son magia, son producto de la conciencia y son oportunidades para hacer las cosas mejor. No para dejar de ser quien se es, sino mejorar. Las oportunidades se dan todos los días. Es cuestión de trabajo. No existe un clic mágico. Bueno, en algún momento sí. De hecho hay algunas verdades que se me han aparecido en la cara con el brillo de el sol sobre un filo de plata…(Creo que los griegos decían algo así). Pero esos son regalos. Lo demás es trabajo y conciencia. Chamba, chamba.

Poder mirarse al espejo y decir, "Así soy", poder aceptar el demonio, no tenerle rabia. Dejar de sentirse culpable por ser así... Seguiremos hablando del tema…

jueves, 8 de mayo de 2008

Recomiendo...


Necesito crear. Llego a mi casa y me doy cuenta de eso. No debo leer, no debe encender la televisión ni ver una película. Necesito crear. La única forma de creación a mi alcance es en este momento la escritura. El sólo hecho de escribir, el sólo hecho de escribir "el sólo hecho de escribir", ya alivia. Gracias. Pido desde ya una disculpa por la simpleza del escrito. Sale del vientre. Salí a comer. Es cumpleaños de mi madre. Cumple 66 años que son bastantes. Esas cenas familiares son siempre movilizadoras. Enriquecedoras. Siempre positivas. Siempre hacen ver algo, cuando una lo quiere ver, sobre una, sobre los demás, pero casi siempre sobre una. Comí mucho, demasiado, igual que en las últimas semanas. Hace semanas que no veía a mi familia. Siempre es así. Cuando vivía en España hablaba con ellos una vez al año o por ahí. Llamaba por los cumpleaños o por ahí. Y ellos me llamaban, también, por ahí. Una familia singular, como todas. ¿Quién no tiene una buena historia familiar? Y con "buena", ya saben... No me refiero exactamente a "buena". Si nos reuniéramos todos y habláramos de nuestros nidos... Sería interesante. O aburrido, quién sabe. No escuchemos música cuando tenemos que pensar. Tampoco escribamos, me podrían decir. La escritura...Un refugio. Escribo diarios desde pequeña. Los tengo todos guardados. La escritura, un refugio para las niñas. Para las adolescentes y las mujeres. Pienso en Virginia Woolf. Ella decía que una mujer para escribir a principios del siglo XX necesitaba dinero y una habitación propia. Ahora, me parece que es igual. Me he mudado y mi habitación es rosa. Veo flores desde mi ventana. En mi cuarto todo armoniza. Todos son rosas y turquesas. Me gusta mi habitación propia. Me gusta pasar tiempo a solas. Me gusta pasar tiempo en compañía de un ser especial. Me gusta conversar. Perdonen el escrito. Después me la paso hablando mal de gente que escribe lo que "le gusta", como si a mí me importara. Ayer salí de Lima y me tiré a un jardín de clima sequísimo a mirar las copas de los árboles agitadas por el viento. Pensé: "Así de suave tendría que ser mi movimiento. Flexible pero suave." Y con movimiento, ya saben, me refiero también al interior. El otro día un amigo me pasó el brazo por el hombro y se hincó con el asa de mi cartera. Me dijo: "Uy, hasta tu cartera hinca." Y yo pues sí... Así andamos... A veces... Como gatas... A veces... Otras... Como la copa de un eucalipto. Hoy comí demasiado. Como las últimas semanas. Disculpen la repetición. Pretendo que el sólo ejercicio de la escritura me lleve contenta a la cama. Y todo está bien en realidad, es sólo... Son sólo esas pequeñas cosas que una escucha y que la remiten a otra época, a otro lugar. Y te provocaría subirte encima de la mesa sobre los fideos a la pomarola y decir con los brazos en alto: "Yo acuso". Pero ya no hay nadie a quien acusar. Sólo se puede acusar a uno mismo por querer seguir acusando. Y ya está. Sonríes. Comes una empanada. Sonríes. Llegas a casa y ficcionas. Te refugias en la escritura como cuando eras niñas y abrías tu "Dear Diary" con llavecita dorada, a escondidas y con letra corrida. Intento que mis sonidos sean leves, intento disolver el "yo acuso" que se asomo a la puerta de mis labios. Me miro al espejo y veo a una mujer y me da verguenza seguir pensando tonterías y seguir teniendo cierta rabia, pero también pienso que no es justo que a una encima le de verguenza. Recomiendo salir de Lima aunque sea un ratito. Mirar las copas de los árboles movidas por el viento. Mirar insectos. Acercarse al micromundo que es tan reflejo de lo otro. De lo que generalmente nos ocupa. Tumbarse en un pasto verde. Tocar con las palmas hacia abajo el pasto. Mirar caballos, hablar con ellos. Tomar un poco de sol ahora que Lima vuelve a ser gris. Sonreír.

miércoles, 30 de abril de 2008

Pensamientos...

Alguna vez... En esos ratos de ocio destructivo... No se han encontrado a ustedes mismos pensando... Imaginando... ¿Cómo sería mi funeral? Si yo me muriera ahora, joven y "prometedor"...¿Cómo sería? ¿Quiénes irían? ¿Quién me vestiría? ¿Que ropa me pondrían? ¿Quien lloraría más? ¿Quien miraría el ataúd abierto? ¿Como reaccionarían antiguos amores? ¿Qué sentirían?

Bueno, todas esas cosas eran parte de mi ocio destructivo cuando yo contaba entre 20 y 30 años. Así me pasaba intensos minutos pensando en que me iba a morir, pensaba también en que el amor de mi vida iba a dejarme esa misma tarde sin razón alguna y también en que nunca iba a lograr lo que quería lograr. Lo curioso del asunto, es que esos pensamientos no me "atacaban", sino que yo me los provocaba. Hay veces que a uno le vienen pensamientos negativos y no los puede controlar, todos sabemos de eso, pero hay otras en las que decidimos concientemente pensar destructivamente, no se para qué. En este caso yo lo atribuía a mi enfermiza condición de actriz y a que me gustaba ponerme en situaciones extremas para ver como reaccionaba mi cuerpo. Y así lo hacía. Muchas veces terminaba llorando imaginando a mi novio tirándome la puerta en la cara o alucinando a mi madre llorando en mi entierro. Too much. Ya no me dedico a esta clase de pensamientos, pero se que no estoy sola ni lo he estado. Un día tomándome un vino con una de mis mejores amigas, me dijo que a veces ella alucinaba con su suicidio y su posterior entierro y yo hice "Cheers" y dije "Yes, me too and I love you!


En cuanto a esto, mi psicoanalista de esa época, respondió en pocas palabras que mi ego era desmedido y que lo único que deseaba era ser el centro de atención. Lo apoyo. Y yo que me creía super oscura... En fin.


Todo esto iba a cuento porque ayer "I realized" algo (esa palabra en inglés es tan exacta que no tiene traducción en castellano). Bueno, ayer "la vi". Clarita. Y me di cuenta de que todos esas imaginaciones destructivas que ya no practico, pero que bueno, a veces sí... Imprimían en mi organismo las mismas reacciones que se imprimirían si éstas fuesen reales. Es decir, yo pienso y mi cuerpo reacciona, siente, llora. Y digo, si mi cuerpo reacciona, siente y llora... ¿Cómo le digo ahora (a mi cuerpo) que lo que acaba de sentir, por lo que acaba de reaccionar y llorar, es "de mentirita nomás", "que estaba jugando con él", que no se perturbe ni enferme porque era "de jueguito nomás"....


Y me di cuenta de lo peligroso de este juego, de ponerse en tal o cual situación... Pero no a un personaje sino a uno mismo. Supongo que tiene que ver con la exploración de límites de cada uno, o sólo con querer ser el centro de atención, quien sabe.


Y ¡Oh! Qué increíble es la vida...Después de pensar en estas cosas y terminando el libro "Psicomagia" de Jodorowsky, descubro esto: "Para el inconciente, lo que se ha hecho en lo imaginario es como si se realizara realmente. En el sistema nervioso, cuando se imagina alguna cosa, se activan las mismas conexiones." Jodorowsky dix it, nuevamente.


Increíble.


lunes, 28 de abril de 2008

Realidades...


Se dice que hay multiples destinos posibles y que cada decisión que tomamos bifurca el camino que habíamos tomado, ya antes bifurcado por alguna otra decisión y así hasta nuestra primer quiebre en el camino de la vida. Se dice también que todos estos caminos posibles se están dando a la vez mientras nosotros vivimos esta realidad. Eso quiere decir que hay un "yo" en alguna otra realidad que en este momento es más "afortunado" que el "yo" que está escribiendo en este blog y hay otro "yo" que es en este momento más "desdichado" que el "yo" que escribe.

Ayer soñaba con que esta realidad del "yo" que escribe era en realidad sólo el sueño profundo y dulce de un "yo" desdichado de alguna otra realidad que mañana despertaría y diría: "Tuve un sueño increíble. Quisiera no haber despertado jamás..."

lunes, 21 de abril de 2008

Jodorowsky dix it...

Las leyes de la magia son cuatro: querer, osar, poder y callar.

"Querer": Si tu no quieres, no avanzas. Hay quien no quiere curarse.

"Osar": Curarte es hacer frente a los cambios que la curación te va a producir. El paralítico llevaba cuarenta años inválido, así que curarse para él significaba no tener dinero porque no mendigaría más. Cuando estás enfermo, en realidad, estás llamando la atención de los demás para que te cuiden, estás pidiendo cariño. La enfermedad es una comedia de peticiones. El enfermo pide a gritos que lo amen. Hay que osar ser curado, entrar en una nueva individualidad en donde desconoces la dirección porque se produce un cambio y, en cierta medida, una nueva personalidad.

"Poder": significa que una vez que estás haciendo las cosas entras en lucha y no tienes que ser tu propio enemigo. Para poder hay que ser uno y no ser otro, no luchar contra uno mismo porque ello te producirá una gran neurosis de fracaso.

"Callar": significa que cuando intentas transmitir lo que ganaste, lo pierdes por exhibicionista. Este es el problema que tienen algunos gurús: muestran su santidad y la pierden en ese mismo acto. El verdadero maestro es invisible.

"PSICOMAGIA", Alejandro Jodorowsky

sábado, 12 de abril de 2008

Contemplación



Me gusta contemplar y ser contemplada. Cuando vi esta película mas allá de que me gustara o no (no tengo un gran recuerdo de ella), se me quedó impresa en la memoria la escena final que aquí les ofrezco. Es ella (Julie Delpy) bailando ante la mirada de él (Ethan Hawke). La mirada de Ethan Hawke en ese momento es uno de los regalos más bonitos que me ha dado el cine. Es sólo un instante. Es bello. Los dos, están bellos.

jueves, 10 de abril de 2008


¿Quién dijo que la depresión iba de la mano con la inspiración?

Interiores femeninos.


Cada vez me sorprende más el lazo tan estrecho que existe entre lo físico y lo anímico. Por eso, hay que cuidar el cuerpo, porque este es nuestra puerta visible a la felicidad o al desastre. Me he descuidado. No, ese no es el verbo. La frase correcta sería: Me he autosaboteado. Cuando todo está yendo bien, como una siempre soñó, cuando una está dejando salir de sí misma a ese ser maravilloso al que nunca antes había dejado salir... ¡Pum! Hace algo porque ya mucha felicidad pues y donde está mi inestabilidad tan querida. Lo más increíble es que este autosabotaje viene cada vez más encubierto. Una es inteligente y mientras más conciente está, una misma se vuelve más mañosa para los disfraces, para los engaños. Qué locura. El autosabotaje viene entonces en forma de amiga al teléfono, de copa de vino, de pastilla, de antibiótico (de salud), de viajecito de vacaciones... Se trata de hacer algo que en ese preciso instante de tu vida no deberías hacer pero que parece tan inofensivo y tan "productivo" que se hace. Simplemente se hace. No caben dudas ni contradicciones.

Y así se hizo.

Y así, después de batallar con la jodida depresión se llega al ojo de la tormenta. La depresión viene de a poquitos. No te tumba de una sola. Se va manifestando poco a poco. Y ahí está una para agarrarla del cogote mirarla por los dos, tres, cinco lados. Deducir de donde vino y porqué e intentar solucionarse.

Todo esto iba porque sí, estoy deprimida. Jodidamente. No es nada que no tenga solución. Un problema de hormonas nada más... Nada más... Para esto pido una solución que me es dada y la solución me pide paciencia. Un par de semanas. No se como soportarme durante un par de semanas más. Respiro, respiro, respiro. Pero qué jodidas son las hormonas y qué vinculadas estamos las mujeres a nuestro cuerpo. Con razón las embarazadas a veces quieren matar a sus maridos. Lo entiendo todo.

Buscaba apoyo. Lamentablemente, en ese estado, una busca apoyo de la peor manera. Una demanda, llora, pide mal y grita. Sólo estamos con el interior un poco herido. Alterado. Nadie tiene la culpa, ya lo sabemos.

Me voy a pinchar el cuerpo con agujas chinas. Tal vez ahí digo, tal vez ahí me calmen. Llego con los ojos hinchados de haber llorado y me encuentro en la sala de espera con un folleto de una terapeuta de flores de bach. Hace tiempo que quiero buscar una terapeuta de flores de bach mujer. Hace tiempo que quiero conversar con una mujer. Entro a pagar y sale del salón de "pinchado" mi mejor amiga. Me cruzo con mi mejor amiga, la que sabe todo de mí, la madre universal. La abrazo y me derrumbo. No es nada, ya lo sabemos, son las hormonas que se tienen que estabilizar. No hay nada real en mis apreciaciones negativas de las últimas semanas. Por lo menos ya lo se diferenciar. Me invita a cenar a su casa por la noche. Vamos a estar entre chicas solas, me dice. Vamos a hablar. Entro al salón de terapias y me echo en la camilla. Me calmo. Entra la doctora y yo como una niña pequeña la siento acercarse y empiezo a llorar. Necesito que me calmen. Ella no me pincha, me hace no se qué círculos mágicos con los dedos por todo el cuerpo. No me pregunta nada y me deja ahí, casi dormida. Tranquila. Por fin. Después de 20 minutos viene otra mujer a hacerme la "moxibustión". Me pone el calor en los puntos indicados y me habla con voz tranquila. Salgo flotando aunque se que nada se ha solucionado aun. Me dicen que espere, que la doctora quiere conversar conmigo. Espero. Entre tanto me llama por teléfono otra de mis mejores amigas (tengo tres), y siente mi voz desde el primer saludo. Me pide paciencia. Ella también sabe de lo que sabemos. Todas hemos pasado por eso. Paciencia, soledad, de toda crisis se saca un aprendizaje. Paciencia. Sale la doctora y vamos a conversar bajo una higuera. Le cuento mi atrevimiento. Me automediqué. Yo que intento cuidar tanto de mi cuerpo. Yo que quiero ver luz. Autosabotaje. Me dice para mi sorpresa que agradezca esta crisis, que la mire. ¿Por qué ha venido ahora? Mi nivel de conciencia está en un buen nivel. Reímos. Siento que mi hueco del estómago se calma. Se hace más pequeño. Ellas me entienden. Sin palabras. Me dijo: "Estas crisis se pasan entre mujeres. Nadie más las entiende. Sólo entre mujeres nos curamos" Y yo alucino porque hace unos días escribí un post agradeciendo a todas las mujeres que me ayudaron alguna vez y pienso que partió de la necesidad de estar entre mujeres ahora, en esta crisis. Alucino también porque me crucé con las dos chicas que más quiero en menos de una hora y porque una de ellas al verme me dijo: "He estado pensando mucho en ti." Me recomienda la doc que llame a mis amigas, que me junte con ellas y que hablemos de todo. Como siempre. Como a veces. Ya no hay tiempo. Regreso a casa en el coche con el estómago calmado y pensando en todo esto casi me paso de largo a una poli de tránsito que estaba haciéndonos el pare. Se me acercó y me pidió documentos que yo no tenía. Le agarré la mano y confié en toda la fuerza femenina del universo y le pedí que me disculpara que me venía de terapia, que no la habia visto porfavor. Me vio los ojos hinchados. Nos miramos y me dejó ir. Llegué a casa y abrí el blog de mi tercera y última mejor amiga, K. Escribió un blog de despedida a una casi hermana suya que se fue a vivir fuera del país. En uno de sus párrafos dice: "...gracias por que me enseñan que las mujeres son buenas y son sabias y viven en manadas y así se curan y avanzan gracias gracias gracias..." Y ya no puedo creer tantas casualidades. Todas hablamos de lo mismo, porque todas sabemos de lo que estamos hablando. Y se que tengo que confiar de nuevo. Esto pasará. Como ya pasaron otras. Y yo también digo gracias a mis lindas amigas. Gracias a las mujeres que quiero y que me quieren. Y hoy, me iré a cenar con mis mejores lindas y hablaremos y sanaremos un poquito tal vez. Qué bueno.

lunes, 7 de abril de 2008

Entre mujeres solas...

Dicen que las mujeres somos "interiores" y los hombres "exteriores". Dicen que el mundo interior de las mujeres asusta (a los hombres, claro). Dicen por ahí que este mundo interior es tan grande y extenso que puede convertir a las mujeres en brujas. O en hadas. Depende del miedo que les tenga uno.
Releo a Simone de Beauvoir, me sumerjo en su mirada lúcida y vuelvo a sentir mi cuerpo. Hace tiempo que no me sentía tan unida a las mujeres. Nuevamente. Me encanta.
Recuerdo conversaciones, miradas, abrazos y besos. Me gusta estar entre mujeres. Siempre me ha gustado aunque en alguna época distorsionada llegué a decir que prefería estar entre hombres. Hablé mal de las mujeres y dije que eran complicadas y locas. Como yo. En ese momento no lo entendía pero simplemente no quería estar de mi propio lado.
He vivido con muchas mujeres. Alguna vez viví con 4 mujeres al mismo tiempo y mi casa exudaba femineidad. No, me equivoco... No era femineidad lo que exudaba mi casa. Era fuerza, color, intensidad, risa, carcajada y llanto profundo. ¿Es eso femineidad? No lo se.
Recuerdo los saludos, la mirada somnolienta y el primer cigarro con café de las 10 de la mañana junto a una conversación animada, el abrazo diario, otro cigarro, la complicidad de una llamada inesperada, la botella de vino de las 6 de la tarde, la risa y a veces, el llanto. Nuevamente ahí, el abrazo, el beso. Gracias.
Hay muchas mujeres a quienes tengo que agradecer una mirada, una palabra, una tarde entera de abrazos y melancolía. A mi madre para empezar, la gran maestra, el centro del universo, la fuerza hecha fémina. La mujer que me enseñó que existe algo dentro de uno que nadie puede tocar y que ese algo es lo que nos salva de todo lo demás. A mi hermana que me enseña cada día que hay que mirar para adelante y confiar. A mi abuela quien me enseñó lo que es que una mujer se redescubra a los 70. A mis amigas de la vida. A mis amigas del mundo. A quien me abrazó con fuerza y me convenció de darme una oportunidad. A la que lloró conmigo por amor. A la que me dio un beso. A la que quiso convertirse en mi hermana. La que me dio una cachetada en un baño para que reaccionara. La que me invitó a su cama. A la que me esperaba por las tardes para furmarnos un cigarro juntas. A quien me contó su historia más íntima. A quien di un consejo. La que me abrazó cuando me pasé de vueltas y me dijo que volviera a mi cuerpo. La que bailó conmigo en un rave como loca, zafada ante la mirada atónita de ellos. A quien me abraza todos los días y siente mi ombligo de hermana. A quien me pregunta cómo estoy, en serio. A quien me mira detrás de los ojos. La que me conoce. La que sabe.
Dicen que las mujeres tenemos un mundo interior misterioso y ajeno. Me decía un profesor de historia que las mujeres no sabíamos leer mapas porque nuestro espacio de juego infantil era la casa, el interior y no la calle como la de los hombrecitos. Hoy un amigo hablando de la complejidad me preguntó: "¿Por qué las mujeres son así?" Y yo pensé en responderle algo racional, pero le dije simplemente: "No se... no se porque somos así." Y así, acepté que de alguna manera, "eramos así".

domingo, 30 de marzo de 2008

Respira...

Así es cuando no entiendes nada. Hablas de la invocación, del poder de las palabras y de pronto te hundiste en otro agujero negro. En otro bache cósmico. Lo viste venir y no hiciste nada. Sentiste la exaltación del pecho y el latido corto. No hiciste nada y ahora piensas que has invocado al demonio por andar diciendo por ahí que estás bien, por andar hablando de la felicidad. Te culpas por la invocación y piensas que esto es llamar al demonio. A tú demonio. Escribes la fórmula: sentirse bien, decirlo, compartirlo, tal vez... jactarse un poco. Y ahí está. Aparece el ego y cuando le das cabida, entonces no te suelta. Ahora está de vuelta y no quiere irse. Ese otro tú que es tan tú. De pronto tu cuerpo empieza a sentirse absurdamente cómodo. Triste, cómodo. Violento, en casa. Gracias. Mi hogar. Nuevamente.

Empiezas a odiarte en el espejo, a pronunciar "odios" y "ascos" y nuevamente encajas en la imagen que tú misma tenías de tí. Ya no te sorprendes, ya no te extrañas, nuevamente te acomodas en esa que tú siempre has considerado ser "tú". Te duele un poquito y echas una lagrimita, pides un poco de ayuda, pero tampoco tanta porque que raro era estar bien. Piensas en tu sonrisa de todos los días y te recuerdas mirando al vacío de hace años. Te molestas y tu brazo aparta otro brazo. Te vas. Lejos. Alguien te pide que no te vayas. Eres tú misma. Esa otra tú que eres tú. Te acaricia y te dice que te dejes querer. Por tí. Por otro. No te permite que te mires al espejo y te odies. Te pide rigor pero la otra es viciosa. Multiplemente viciosa. Drogas y alcohol, pero sobre todo, violencia, dolor, agujeros negros. Casa. Hogar. Ese es tu hogar. Era. Es. Era. Ya no ya.

Estás a tiempo. Nuevamente. Lo sabes pero no sabes por donde empezar. Una cuarta o quinta reconstrucción. El límite entre la aceptación y competir con el universo es muy frágil en ti. Una, dos, tres respiraciones no bastan para acallar al mounstruo que ha despertado. Un día más y te hacías daño. Un día más y torturabas. Quieres encontrar la raíz pero no sabes como. ¿Cuándo empezó todo lo que no sea el inicio primigenio? ¿Cual es este último inicio? Atribuyes cambios a pastillas, alcohol, sueño, desconcierto, viajes... Intentas encontrar una respuesta y piensas que la respuesta no es lo que importa. Lo que importa ahora es la acción a seguir. Ya no piensas más y decides respirar hondo. Te cruzas con una mariposa y decides con fuerza que todo va a estar bien nuevamente. Y punto. Respira. Hondo. Fuerte. Ya está. Regresa.

lunes, 24 de marzo de 2008

miércoles, 19 de marzo de 2008

Silencio...

"Pon el cerebro en funcionamiento antes de poner la lengua en movimiento", era una de las frases que mi padre, Lord Enrique, usaba cada vez que alguno de sus hijos decía una burrada. Esta frase, ha resonado en mi cabeza durante los últimos 15 años como un recordatorio de que a veces, debo callarme la boca. No, no soy partidaria del "derecho a decirlo todo". Hay cosas que una debe callar. El silencio tiene su valor y la omisión no es siempre un pecado sino un acto de amor.

Amo las palabras y amo el silencio. He amado en mi vida más a las palabras que al silencio y este año, mi espada del augurio me dijo que debía empezar a callar un poquito más. Durante la última década me dediqué a construir frases de escándalo. Lord Enrique se habría vuelto loco al verme pronunciar tantas burradas a la vez. Los que no hayan herido de palabra que tiren la primera piedra. A veces, uno no se entera del poder que una frase puede tener en otra persona. La sóla palabra se puede convertir en flecha certera, en avalancha destructora, en garganta cerrada, en llanto. Cada individuo tiene su propia historia construida para cada palabra. Cada resonancia interna es única y particular. Cada quien le otorga su propio significado interior. Así es, así fue y así sea. Amen.

Tengo recuerdos, imágenes verborréicas en las que mi boca no paraba de pronunciar sandeces sólo porque sabía que la otra persona tenía razón y mi objetivo era no dejar ni un espacio de silencio en el que ésta persona pudiera expresar su opinión. "Pon el cerebro en ...", repetía Lord Enrique en mi cabeza y yo nada. Maldiciendo, gritando, argumentando lo inargumentable, defendiendo lo indefendible. Tal vez debería haber sido abogada. Se me dan bien las causas perdidas. Mis propias causas perdidas.
Es por estos recuerdos que este año, a principios de Enero, cuando mi espada del augurio me recomendó el silencio, yo pensé que había llegado el momento de hacerle caso a mi padre y dejar de creerme con derecho a decir todo lo que mi lengua quisiera escupir. Esa lengua que ya había inventado, engañado, insultado. Una vez maldije a alguien con tanta fuerza que realmente creí que tenía poderes. Ahora me río por lo absurdo de la situación pero en ese momento me sentía la bruja que condenó a la Bella Durmiente. El poder destructor de las palabras estaba de mi lado y yo, cual bruja mala del oeste, lo usaba.
Pienso que las palabras no "se las lleva el viento". Flotan. Toda frase flota en el espacio-tiempo que nos rodea y yo no quiero flechas certeras ni avalanchas destructoras paseando a mi alrededor. Algunas se quedan para siempre.
En fin, que para mí, el silencio es un ejercicio diario. Va desde no responderle a la combi que me cerró el paso, hasta no expresar aquella locura que mi cabeza intenta hacerme creer. Hay que saber diferenciar lo que es de lo que no es. Suena elemental. Ojalá lo fuera. Hay millones de cosas que preferiría no haber dicho nunca. Hay muchas cosas que preferiría no haber escuchado. El que no haya herido de palabra que tire la primera piedra.

viernes, 29 de febrero de 2008

Yo quiero ser como...


Hay días en los que una se ilumina y puede dar el consejo correcto. Aunque eso sí, los mejores consejos creo yo, son aquellos que una realmente se está repitiendo a sí misma. Para creérselo. Para alcanzar la relización del consejo.

Hace unos días una de mis princesas se me acercó y me dijo que tenía miedo de haber echado su vida a la basura. Que a sus treinta y tantos sentía que no había hecho nada importante y que todos sus sueños de niña-adolescente no habían sido alcanzados. En ese momento pensé: "¿Cómo es posible que los caminos se crucen y entrecrucen todo el tiempo?" Esto, que la hermosa princesa me decía, lo había dicho yo unos meses antes entre lágrimas a otras personas... Entre ellas, a mi madre quien con esa calma que le ha dado los años me decía: "Todo te va a salir bien". Y yo, gracias mami, gracias... Eso es lo que quería escuchar.

Pero yo, después de tantas reflexiones no le dije a mi princesa que "todo iba a estar bien". Le dije que "todo ESTABA bien". Y fue un no sé qué de conexión en ese momento en el que yo estaba con un vodka con naranja en la mano y la gente pasaba a nuestro alrededor bailando, que de pronto estuvimos las dos solas en el universo y hablamos de filosofía en una fiesta, del desapego al pasado, sobre todo, del desapego a la imagen que una soñó de sí de niña-adolescente.


De niña, yo quería ser como Drew Barrymore en E.T y luego, de adolescente, quería ser como Marilyn... Deseada por los hombres... No se de dónde le viene a una niña de 13 años un deseo por el estilo, pero ahora, a mis 31, creo que es un sueño que no me interesa. Y lo dejé atrás (no hace mucho por cierto). "Ser como", "ser como", "ser como", "ser como", "ser como"... son sueños que no son nuestros sueños. Esto me lo está enseñando la vida, la experiencia, el aire, la respiración. Sólo así, y es una ecuación matemática, cuando una deja atrás sueños de niña, pueden abrirse las puertas para la mujer que se es, o que se puede ser. No pienso llorar más pensando que no "alcancé mis sueños", mis sueños por demás, eran grandes, increíbles. Tanto como "ser astronauta" o tener los poderes de "mi bella genio". Ojo, no digo que algunos sueños no se puedan realizar, pero si uno no trabajó para alcanzarlos, por algo fue. Expreso todos los días mi agradecimiento al universo por la realización de algunos de mis sueños. Este blog es parte de ellos. Pero habían tantos deseos en mi cabeza... Por eso en algún momento no entendía la ley de atracción que reza que si uno desea algo realmente, el universo se lo otorga. Yo deseaba muchas cosas y el universo no me otorgaba nada. Y pensé: ¿Las deseo realmente? Concluí que más difícil que desear es descubrir qué es lo que uno desea realmente. De corazón. Realmente de corazón. Yo aun no lo sé. Se que quiero estar bien. Nada más. y desde que trabajo por estar bien y por acercarme a mí, las cosas se van presentando de manera positiva.

De todo esto hablé con la princesa en una fiesta. No se si le sirvió, pero de hecho nos abrazamos fuertemente. Si supiera que yo alguna vez quise ser ella... Es gracioso, de hecho se lo diré la próxima vez que la vea. Por eso las cosas están bien. No es que van a salir bien. Todo está bien como está y todo lo que sucede es lo mejor que nos ha podido suceder. Cuesta aceptarlo. Este post, es también una manera de convencerme.

domingo, 24 de febrero de 2008

Luna lunera cascabelera...



Deseo mi centro como deseo el universo entero. Intento todos los días no desviarme como he intentado en los últimos días pedirle a mi entorno un pedacito de luna. Es posible... "En los cuentos amor", me decía mi madre. Y yo, no la escuché. Sigo pidiendo pedazos de luna y hasta ahora nadie me los ha podido traer. Empiezo a creer que es imposible. Tal vez sea lo mejor. Pisa tierra princesita... La luna no se corta, a la luna no se llega. Entonces yo imagino mil formas de metáfora que significan "luna" en mi cabeza. Pero es mi cabeza y nadie tiene porque leerme. Y me pregunto porqué no me entienden y siento que he retrocedido mil pasos. Despierto por la mañana y me siento pésima y niña y pienso que es el eclipse lunar de hace unos días que nos tiene un poco así a todos y luego en el arcoiris que vi ayer desde una terraza en miraflores a las 6 de la tarde y que según yo, bendijo mi día... Pero no, me digo, los arcoiris están resguardados por duendes y los duendes no bendicen princesas. Las persiguen.

Siento que un duende se clavó en mi músculo vital ayer. Supongo que cavaba algo, un no se qué para no se qué. Pero cuando metía su pala a mi me daba una punzada y mi cuerpo adormilado por el buen vino tinto se crispaba un poquito y luego volvia a sonreír. Y así toda la noche. El duende me hacía vivir una ciclotimia antigua, infinita. Maldito seas duende del arcoiris.

Y es así que de pronto una se ve retornando a casa triste y llorando el mar inmenso. Ayer estuve tan cerca del mar que siento que se me metió en los ojos. Duende, mar, luna, arco iris... ¿Demasiadas emociones para una semana? Siento que estar conectada con el universo es hermoso, pero cuando el universo se mueve, también se siente un poco más fuerte el movimiento. Ayer llovió, salieron colores del cielo y luego vi el mar la noche entera. Demasiado llanto, demasiada agua, demasiada magia. ¿Se puede hablar de "demasiada magia"? He deseado tanto la magia en mi vida que ahora cuando se hace presente me atemoriza. Ahí pienso en un dicho que repetía mi prima: "Ten cuidado con lo que deseas....(y blah blah blah)".

Hace un tiempo empecé a pensar seriamente en que tener la luna en mi habitación era imposible. Más imposible aún que me la regalaran. Pero aun trastabillo. Se que si quiero la luna sólo me la puedo regalar yo e intento regalármela todos los días para luego no pedírsela a nadie más. Porque andar pidiéndosela a personas que quiero es volverlas inválidas ante mí. Es ponerlos ante una imposibilidad y al mismo tiempo, volverme imposible yo.

viernes, 22 de febrero de 2008

Mi directora favorita...




Ser una inmigrante tenía su “rollo”. Su “cosa”, su “divinidad propia”. Caminar por las plazas entre miles de personas vestidas de colores, abrigarse con una chalina roja, ponerse innumerables gorros para que no se te cayeran las orejas de frío, mirar el cielo en invierno y constatar su condición de “azulidad”, su belleza, tragar con los ojos nubes de algodón de cuento infantil…Ser una chica sola joven e inmigrante, estudiante y trabajadora, tenía su “rollo”, su propia belleza interna, su ritmo, su modernidad. Un interés particular, una valentía extrema, un no se qué de muerte y de vida, un poco de locura y por debajo, siempre, una extrema soledad.

Hace unos años un filósofo viejo y maravilloso me dijo que tenía que dejar de ver mi vida como una película. Entendí perfectamente lo que me quería decir. Desde hacía algunos años sentía que no vivía realmente mi vida, sino la “imagen de mi vida”. Mi vida, sentía yo, se había convertido en algo así como “fotogramas vitales” que me espantaban. En ese momento no supe como salir de ahí. Entendía lo que el sabio me decía pero no fue hasta muchos años después que logré salir de esa locura. En esos años, no vivía el amor, vivía “la proyección del amor”. O del dolor, claro.

Haber logrado salir de la locura de vivir mi vida como salida de una película ganadora del Oso de Berlín es realmente para mí un logro mayúsculo. Es un placer vivir la vida “de verdad”, aunque eso no pueda comprobarlo tampoco, pero por lo menos, un poquito más de verdad que antes. Es un trabajo diario. Ya saben… Nadie tiene la partida ganada en esta vida.

Echo una mirada atrás, a mis años de inmigrante de chalina roja, y puedo ver innumerables fotogramas. Cada uno dirigido por un artista distinto. Mis favoritos por supuesto, yo no vivía una película en la que no quisiera estar. Así podría decir que alguna noche peligrosa fue vista a través del lente de Tarantino, alguna escena de cocina llorando con una cebolla podría haberla hecho Almodóvar, muchos momentos en blanco y negro en mi habitación se los otorgo a Bergman, algún encuentro casual de esos de fin de semana se los regalo a Winterbottom y algún momento de desesperación monetaria se lo copié a Fernando León. Alguna vez podían fallar. Bergman dejaba de ser sublime y solitario, algo fallaba en la edición y Winterbottom dejaba de ser placentero y alguna reconciliación hacía que la violencia de Tarantino se fuera al tacho. Pero lo que siempre estaba ahí, lo que nunca fallaba era el telón de fondo. La “azulidad” del cielo, la flor roja en contraste con la nube, el verde de los parques en invierno, la blancura de palacio real… Es decir… la dirección de arte de mi propia película.

Es así que la escena Bergmaniana de mujer sola en habitación mirando al vacío, daba como resultado, a mujer sola en habitación blanca con edredón de plumas de colores, y ventana de fondo con copas de árboles. Hermoso.

La escena Tarantiniana de mujer violenta de noche en un bar, daba como resultado, una mujer violenta con un brandy en la mano, sentada en unos sofas de terciopelo rojo estilo Luis XVI, rodeada de espejos barrocos y paredes pintadas de verde oscuro. Hermoso.

La escena Fernando Leoniana de mujer caminando por la calle con cabeza abajo buscando algo de dinero, mostraba a una chica joven con pantalón verde acampanado, abrigo negro entallado, cabello corto, piel blanca y nariz roja, cruzando una plaza llena de balcones y en la que el sol daba directamente al monumento del centro. Un imponente caballo de bronce. Se podía abrir el plano y seguir viendo el pantalón verde avanzar. Hermoso también.

Increíble como una puede ver su vida en fotogramas y casi dejar así de vivir su propia vida. Mi vida de inmigrante fue dirigida por varios directores. Varios artistas favoritos que manipularon mis reacciones porque yo creía que las cosas eran así. He visto tantas películas… Me he enamorado de tantos films… He querido ser tantas otras personas. Tantas otras actrices… Tantos otros actores…
Pero llega un punto en el que uno se da cuenta, respira, y de pronto aparece el instante. Ese que no tiene ni ayer ni mañana. Ese que hace que la directora sea una misma. Y decides todo. Incluso tu propia dirección de arte, que en mi caso es ahora un poco más gris y menos vistosa. Pero aún así, hermosa también.

domingo, 10 de febrero de 2008

Empatheia


Me gusta la palabra "empatía". Creo además recordar de alguna clase de filosofía, que proviene de la palabra griega "pathos. Según el diccionario empatía significaría: "Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro." Me gusta la palabra, pero en algunos casos creo que "padezco de empatía" y eso me ha traído algunos problemillas.

Me es difícil ver a una mujer llorar, me es difícil escuchar el llanto de una mujer. Supongo que a todas nos es difícil. Pero a mí, me transporta a lugares en los que... simplemente ya no estoy.

Hace unos meses, fui despertada de madrugada por unos gritos femeninos que provenían de algun departamento cercano. Era una chica joven que le "aullaba" a su marido porque le había encontrado en la computadora unas fotos de él junto a unas "putas" como les llamaba ella. La pelea era terriblemente intensa, los gritos dolían y por momentos escuchaba algo que caía, algún objeto lanzado sin lugar a dudas directamente a la cabeza del sujeto en cuestión. La pelea me despertó y además, me asustó. Como una niña pequeña me levanté de la cama asustada e intenté ubicar el lugar de mi casa desde el cual los gritos se escucharían más nitidamente. Quería entender qué estaba pasando o saciar mi morbo tal vez. Encontré la ventana perfecta y me quedé ahí escuchando largo rato. El llanto de la mujer-chica, se convertía por momentos en un aullido de dolor y me di cuenta de que yo podía sentir ese dolorcito en la barriga, ese que conocemos que te destroza el estómago, los gritos de la mujer-chica salían de la garganta, eran muy estridentes y yo podía sentir mi propia garganta sangrando de tanto decir barbaridades, pude ver también los objetos volando a mi alrededor, rompiendo vidrios...Alguien esquivándolos...Pude ver las miradas de odio y pude sentir mi propia mirada intensa de diablo, mi odio mezclado con dolor de barriga, de corazón, de garganta. Me mantuve ahí parada hasta que escuché un portazo. Una de las partes se había hartado de pelear y se había largado. Aun me quedé ahí por si se reiniciaba algo, pero todo había terminado. Me fui a dormir. Llorando, me fui a dormir. Maldije el haber escuchado esta pelea. De hecho, me quede mal unos cuantos días. Enquistada en no se qué recuerdo, en no se qué momento... Al haber sido una mujer-chica la que gritaba bajo mi casa, mi identificación fue inmediata. Esa noche y las siguientes dormí mal. Si me cruzaba con alguna vecina intentaba ver en su rostro el dolor de aquella noche. Al día siguiente tuve que ir donde mi madre llorando y pedirle que me dijera que todo iba a estar bien. Lo necesitaba.

Un día en una "visión", mi espada del augurio (que me acompaña en momentos de lucidez) me dijo que yo no sentía pena por mí, sino por todas las mujeres que habían sufrido a mi alrededor. Como si mi cuerpo hubiera sido una esponjita que absorbió el dolorcito que todas ellas debían de haber sentido y que por eso lloraba tanto y me molestaba tanto con los hombres. Interesante, me dije. Gracias espada del augurio.

Hace unos días, vi a una princesa llorar. Todas las princesas tienen sus secretos así que yo no tenía idea del porqué de sus lágrimas. La cuestión fue que en ese momento, me vi a mi misma, con unos tragos encima llorando también en algún otro lugar del mundo, en alguna época pasada. Triste. Yo estaba en ese "aquí y ahora" sentada feliz en un sillón junto a un ser inmejorable moviendo mis hombros y riendo, pero ante esta visión, mi cuerpo se trasladó a otro tiempo, a otro momento, a mi dolorcito secreto. Me tuve que parar e ir al baño porque se me salían las lágrimas. En el baño tuve que llorar un poco. Soltar un poquito "eso". En ese momento toqué mi espada del augurio y esta vibró y me dijo: "Este no es tu dolor. La que sufre ahora es otra princesa. Tu dolorcito secreto, además, ya no existe. "Ahora", estás disfrutando. Entonces, disfruta." Y fue toda una revelación. me sequé las lágrimas y me di cuenta de que ya habían existido muchos momentitos tristes y que había que aprovechar la plenitud cuando esta se presentaba. Y me lo permití. Y es que hay que ser disciplinada. Hace unos meses me habría ido al fondo del mar con la imagen de la princesa llorando y mi propia imagen de princesa perdida de hace unos años. Me habría quedado en una cueva, allá, llorando un ayer que ya no es. Sintiendo una extraña nostalgia del sufrimiento.

Pensé ahí en la palabra empatía. Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado emocional de otro. Pensé: qué bonita palabra... pero creo que alguien me la enseñó mal. Así que tengo que re educarme en esta palabra. Ponerse en el lugar del otro no quiere decir necesariamente "irse al abismo con el otro". Además, para qué padecer algo que uno realmente no sufre. Yo no quiero. Por lo menos, no en la vida real.

jueves, 7 de febrero de 2008

A veces echo de menos...


Con ustedes, uno de mis rincones favoritos de Madrid.
Los jardínes de Sabatini.
Madrid, a pesar de ser puesta en segundo lugar ante su rival Barcelona (con razón, si... con razón), tiene "su cosa". Yo escogí "mis lugares favoritos" en esa ciudad, mis "horizontes", como solía llamarles. Aquellos pedazos de territorio que se expandían más allá de la olla de presión en que se ha convertido esa ciudad. Lugares en los que podía respirar, mirar hacia algún "lejos" y desde ahí oler, casi casi, Lima, mi casa.
He pasado numerosas tardes leyendo con el palacio ante mis ojos (de hecho, esta foto, la tomé yo), y he caminado al lado de él durante madrugadas incontables camino a casa. Aire frío, Madrid bonito.
Mi experiencia favorita: los atardeceres vistos desde estos jardínes. ¿Vamos a ver el atardecer desde los jardínes de Sabatini? Con esta frase conquisté a alguien a quien no debí conquistar. Y es que era mi experiencia dulce y favorita. Sentarme en la entrada de los jardínes a ver el cielo ponerse color fucsia. Rosa, celeste, tormenta de mis colores favoritos.
En este jardín un amigo lloró por primera vez ante mí y me dijo que su pareja lo había abandonado. En este jardín esperé a un hombre con el corazon temblando de emoción, en este jardín leí a Christa Wolf y metí mis pies en esa laguna artificial un día de verano irresistible.
Hay días, pocos la verdad, en los que extraño mis rincones madrileños. Este es uno de ellos. Es bueno tener un sunset tan hermoso en Lima. Es bueno ver el sol ocultarse en el mar. Es bueno tener poesía en mi ciudad también, aunque a veces eche de menos Madrid.

martes, 5 de febrero de 2008

Absurdo diálogo

Me preocupas...
No te preocupes... Asume que soy así.
Es que no se si tú puedes asumir que eres así.
Andate a la mierda.
Te quiero.
Se nota un huevo.
(....)
¿Por qué no te quedas?
(...)
Se que en el fondo soy diferente. Mejor.
Eres genial.
Puedo ser aun mejor...
Te quiero.
Andate a la mierda.
(...)
Dime. ¿Qué coño vamos a hacer el uno sin el otro a ver?
Salvarnos.
Qué novela.
Tú lo que quieres es que nos matemos juntos.
Yo quiero ser feliz, te lo he dicho millones de veces.
Se nota un huevo.
Todavía me quedan unas cuantas heriditas.
Sanarán pronto.
Por eso, quédate.
No tan pronto.
¿No me deseas?
(...)
Dime que no me deseas.
Te amo.
Andate a la mierda.
Eres mi máximo.
Suena horrible eso que dices.
Lo eres.
Pero te vas.
Me salvo.
Y me dejas.
Te salvo.
Eso es lo que tú crees.
Después te darás cuenta.
Mierda.
¿Qué?
Acabo de darme cuenta de que el tiempo lo cura todo.
Si.
También me va a curar a mí. De tí. De mí.
Si.
Todo esto... ¿Para qué?
(...)
Toda esta mierda convertida en recuerdo.
En risa.
Tú te reirás... Yo no quiero.
Te quiero.
Vete a la mierda.
Ya estoy ya.
Gracias.
Te amo.
Andate a la mierda.

miércoles, 30 de enero de 2008

Malecón de la muerte

He vuelto a hablar del suicidio. Hace meses que no lo hacía. Tal vez lo pensé en algún momento, pero no lo hablé. Ya no tenía sentido. Pero ayer, frente al mar, mirando el malecón volví a hacer la pregunta:

"¿Alguna vez has pensado en suicidarte?"

Son pocos los que no han considerado la idea. Por lo menos, yo conozco pocos. ¿Será cuestión de amistades? Enfermos todos. Imaginábamos nuestro propio funeral... Ególatras todos. Queríamos ser recordados por algo... Aunque sea por suicidarnos... Pensábamos e imaginábamos a nuestros padres llorando sobre nuestro baúl. Pensaba en la ropa que me pondrán. ¿Quién se encargaría? ¿Mi hermana? ¿Qué me pondría? ¿No sería una buena pregunta que hacer? "Hermana, ¿qué ropa escogerías para mí en el día de mi funeral?". Pienso ahora que tal vez me pondría el vestido rojo fresa de mi cumpleaños. Ese que me queda tan bien, con el que bailé tango, ese con el que decidí empezar mi año con amor.

Desaparecer de la vida fue un pensamiento recurrente durante años de mi vida. No tengo el valor, me decía, pero el deseo me atacaba siempre. Pensaba formas, momentos, dolores...¿Y si sale mal? ¿Y si quedo viva? Quien quiere morir se tira de un barranco sin pensarlo dos veces o del puente Villena aunque ahora sea más difícil. Quien quiere morir no avisa, o no avisa tanto. Quien quiere morir realmente... No lo se.

Oliendo el mar ayer, con mi piel suave y mis poros dilatados, volví a pensar en la muerte. No se porqué. A veces pienso que hablar de la muerte es una buena manera de conocer a otra persona. ¿Estoy nuevamente ante un suicida en potencia? Me gusta escuchar hablar del fin porque así conozco de temores, de dolores, de ignorancias y sabidurías.

El día estaba lindo ayer. Había mucho sol y el malecón en esa zona está lleno de flores. Yo respiraba con mis poros dilatados sintiendo las partículas elementales a mi alrededor, soportándome. Recordé lo triste que estuve alguna vez. Las ganas de sentir el camión-aplasta-vidas. El deseo de olvidar que estuve aquí. Los días de sentarme al borde de la ventana de un primer piso, porque el borde del abismo estaba en mi ojo. Ya había caído. Creo que sin darme cuenta, ya me había suicidado un poco.

Imagino nuevamente el malecón desde donde miré el mar el día de ayer. Se me viene a la mente la frase de una película de Augusto Tamayo: "El abismo llama al abismo...". Pienso en la frase de un amigo filósofo que aseguraba que todos los suicidas que se tiraban de un abismo seguramente se arrepentían a mitad de la caída. Qué horror.

Realmente pensé en el suicidio ayer como quien piensa en un tema de conversación. Interesante además, por lo menos para mí. La respuesta se dio y como consecuencia conté alguna experiencia también y luego nada. El mar, el aire, las partículas elementales... ¿La muerte? Me pareció que no rondaba por ahí. Gracias.

sábado, 26 de enero de 2008

Dicen estas mujeres...


No quiero perder el norte. Uno sale un par de veces con alguien nuevo y ya cree que las relaciones interpersonales son perfectas y no es así. Tengo que agradecer a s.r. por haber escrito en su blog un post escalofríante sobre el amor. Mi comentario fue: "Me cagaste". Un comentario nada poético lo sé, pero cierto...S.r. me llevó de la manito a recorrer todo lo negativo que puede traer una relación y lo agradecí. Por eso ando sola, me dije (y por otras cosas también)...Se que no puedo vivir la vida escondiéndome del amor simplemente porque éste trae consigo su propia maleta de poemas y basura, pero la verdad, la gente habla y uno se remece. Cada vida es diferente, cada momento una oportunidad, cada pareja, un mundo, pero...¿Hay ciertos puntos en común?


Ayer estuve con tres bellas madres con unos tantos años de casadas en su haber... Lo que me decían no era nada esperanzador y me dejaron con algunas dudas mentales. Cabe decir que no soy ninguna neófita en el asunto. Tengo 31 años y una convivencia de 5 en mi haber de la cual jamás diré: "Me arrepiento". Una de las mejores experiencias de mi vida por la cual siempre les digo a las parejas jóvenes: "Múdense juntos" y me siento un poquito mamá y un poquito experimentada. Estas mujeres, madres, esposas, con más de 6 años de convivencia, me hablaban de la dificultad de las relaciones, de tener hijos y de tener una pareja. Yo me preguntaba: ¿Por qué estoy escuchando esto en este momento de mi vida? ¿Será una advertencia? Agradezco. Supongo que uno debe ir con cuidado. Pasito a pasito nomás. Sin alocarse, como diría mi madre. El universo me envía el mensaje y yo, lo recibo.


Dicen estas mujeres que darían mucho de sí mismas para volver a vivir la sensación de las primeras semanas. "Eso se pierde y no vuelve más", me dicen. Yo me repito: "Gracias, ya lo se... Pero una olvida tan fácil..." Recuerdo mis largas relaciones como un intento desesperado por revivir la cosquilla. Y, claro, la cosquilla, se había transformado en algo que yo, a esa edad, no entendía, ni quería entender. Mis años 20 fueron sagrados. No me los robé y no dejé que nadie se los robara. Hice lo que quise, lo que necesité y ahora me agradezco. Viví bien. Malviví bien. Dejé amores, intenté recuperar, abandoné, fui abandonada, todo por mi ideal de juventud: "La locura desenfrenada". Ya fue ya. Ahora los ideales son otros.


Lo que dicen estas mujeres hace que me despierte el día de hoy pensativa... Dice una de estas mujeres que las relaciones no son para siempre. Asiento. Yo también tiendo a creer lo mismo. Dice esta misma mujer, que uno debería estar iniciando relaciones todo el tiempo. O que la vida debería estar conformada por millones de relaciones cortas. Asiento, pero no lo sé. No creo. Una relación corta no da tiempo a la obrera para construir el templo. Entonces continuaría el templo inacabado de una relación con la siguiente y así sucesivamente hasta que su templo afectivo fuera una mezcla de rococós, columnas jónicas y torres góticas... Podría no estar mal pero no es la idea. Suficiente desbalance con una misma.


Dicen estas mujeres que tener un hijo lo cambia todo. Que tu vida nunca vuelve a ser la misma y agradezco la sinceridad. Me gusta hablar con mujeres de verdad. Sin quitarle lo maravilloso al asunto, al hecho de que no cambiarían por nada el despertarse a las 7 con un beso húmedo de bebé, me confiesan lo cansadas que pueden estar y que si tuvieran la oportunidad, tendrían un bebé un poquito más tarde. El otro día el amigo que responde a mi afirmación de "quiero ser madre añosa" con el "no te queda otra", me dijo que las mujeres que decíamos que queríamos ser madres añosas en realidad estábamos ocultando el deseo de no tener hijos nunca, pero que como eso es demasiado fuerte aun para nuestra sociedad pacata, pues lo cubrimos diciendo que queremos "esperar". Me pasó un escalofrío por el cuerpo. Yo "supongo" que quiero tener hijos, ahora no lo sé. Sí quiero. No lo sé. Ahora no por lo menos. Ahora, ni hablar.


En fin, que uno no debe perder de vista en lo que se mete cuando se mete. Recuerdo un día, en la locura del primer mes con una ex pareja, fascinada por nuestro templo juntos, le dije: "No tengo idea, no se me ocurre, algo en lo que tú y yo podríamos estar en desacuerdo. No puedo imaginar una pelea contigo". Supongo que con esa frase invoqué un desastre porque después nos abrazábamos mucho la noche en la que nos dábamos cuenta de que no nos habíamos ladrado el uno al otro en todo el día. Igual fue bonito.


Pero es así. Uno pierde perspectiva y el asunto es complejo. Tampoco tanto como para no disfrutar de la cosquilla, no hay que ser tan petarda como para comerse el coco antes de tiempo, pero supongo que todo debe ser hecho a nivel conciente. No perder perspectiva. Recordar como es, como ha sido. Saber que las cosas pueden ser diferentes también. Confiar, abrir un poquito el corazón, disfrutar de la sonrisa, saber que todo termina. Tener claro que lo que está viviendo ese momento no es un ente separado. Que son dos seres. Y que uno de ellos eres tú.

miércoles, 23 de enero de 2008

A veces sucede...

No es la primera vez que me sucede...Y es que a veces sucede y es en el momento que tiene que suceder. No hay manera de evitarlo. No hay forma de retrasarlo y de pronto todo se te viene como un tsunami sin que tú sepas qué hacer para controlarlo. Dicen que en la vida todo sucede gradualmente y derepente. Adoro esa frase porque la siento absolutamente cierta. Uno trabaja y espera para que de pronto, en un instante, todo cambie. Suceda el milagro. O la catástrofe.
Prefiero pensar en el milagro. De catástrofes conozco bastante y es la primera vez que paro un rato a ordenar los ladrillos, a mezclar la tierra nuevamente con el agua, a formar el barro. Prefiero pensar que por trabajar nos merecemos milagros. Prefiero pensar eso. Rezo, miro mis flores y junto mis manos. Oro por el milagro.
No hay catástrofes externas. También las hay, claro. Pero la catástrofe soy yo. El tsunami, soy yo. Podría caer sobre alguien en cualquier momento. Si me lo permito, lo logro. Pero no me lo permito. Ya no. No quiero. Prefiero pensar en milagros.
Respiro mucho y educo mi interior. Pienso que ya es tiempo de que el tsunami se repliegue sobre sí mismo y se convierta en mar verde esmeralda. Encuentro una frase sobre la que mi yo se repliega: "Los remedios actúan lenta y gradualmente. El desequilibrio también se fue instalando de la misma manera sin que la persona lo notara". No se de quién es pero la agradezco. ¿Dónde la encontré? Ya no recuerdo. No importa y ya se grabó en mi mente. Me acompañará siempre. Gracias.
Intento ser más humilde. No puedo sanar algo que lleva tanto tiempo en gestación tan rápido como yo quisiera. Está ahí desde hace tanto que se hizo parte de mí y yo me he confundido. Creo que mi ser es así. Me auto denomino. "Soy así", digo y volteo la cara. Soy así y escupo. Soy así y grito, lloro descontrolada. Me he confundido. Quiero más conciencia. Había perdido mi verdadera identidad.
Pienso en lo mucho que me alegra tener estos pensamientos. A veces, cuando no me implico demasiado, hasta puedo observar mi pensamiento y pienso en Husserl a quién no entendí, pero creo que entendí. Igualmente, cuando me implico demasiado entiendo que he perdido el instante, me perdí por un momento en la vida pero sin vivirla. No me interesa.
En realidad, había estado escribiendo un post sobre la magia y al pulsar una tecla se borró..."Como por arte de magia." Tal vez lo propio era volver a escribirlo. Tal vez lo propio era irme a dormir. Intenté volver a escribirlo y sucedió esto. A veces sucede y es así.

miércoles, 16 de enero de 2008

lunes, 14 de enero de 2008

Balance super tardío del año 2007

Ayer me piqué un poco. Un amigo me dijo que yo escribía en mi blog "cuando me daba la gana" y que era una falla... Yo lo miré escandalizada y le dije que mínimo escribía un post semanal, cosa que ahora que me doy cuenta, no es realmente cierto. Mi año nuevo especial me ha dejado muchísimo trabajo para el 2008. Aunque tarde, me gustaría hacer un balance del 2007. Mis procesos son largos y tardíos así que es un balance bien YO.

El 2007 lo empecé soltera. El 31 de diciembre (si leen el post "Y el dolor para cuando", lo entenderán) del 2007 colgué el teléfono después de hablar con los dioses de Tenochtitlán que me decían al oído y con mucho amor que no podían venir a conocer a los Incas. Ya no. 10 primeros días de Enero: fiebre, náuseas, somatización. Delgadez extrema. Los comentarios de los amigos: "Estás anoréxica". Mi cara pálida en verano, mi polo rojo infaltable, mi jean azul flojo... Mi pelo, descolorido, raro. "No estoy anoréxica, sólo estoy triste". Nadie lo entiende. Mi madre se sienta a mi lado en la cama y me dice que todo pasa. La quiero y me doy cuenta de que somos dos mujeres adultas. Ella sabe del dolor. Ella sabe de amor. Sabe más de desamor.
Empiezo las grabaciones de una serie. Me divierto como nunca haciendo televisión. Lo necesitaba. Trabajo con gente graciosa, nos tratan bien y me doy cuenta de que voy mejorando. Sigo delgadísima, pero mi pelo brilla y me gusta volver a trabajar. Lo agradezco. Empiezo terapia. Una nueva. No psicoanálisis, de eso no quiero saber nada. Las flores entran a mi vida y empiezo a soñar cosas extrañas, empiezo por fin a hacer algo por mí. Ensayo una obra de teatro por las mañanas. Mi personaje me gusta, me lo paso bien. Es una lesbiana drogadicta, diller, muy, pero muy amable. Adorable. La quiero. Estrenamos. Termino de grabar la serie y empiezo a ensayar una performance con un amigo. He llegado en los tres primeros meses del año al climax de mi locura. Me he emborrachado como una salvaje, he saltado en colchones apilados con amigas muriéndome de risa, he chocado mi carro ebria, he dejado que me lo choquen, he besado a un gay y me he confundido, he bailado Madonna sin parar...Mi terapeuta me dice que tome decisiones. Es Marzo y a mí su propuesta me parece inverosímil. ¿Que deje la noche? Imposible. Es mi noche, mi lugar, mi casa, me gusta la noche, me encanta. Cometo una imprudencia y al final decido hacerle caso. Casi salgo mal parada. Marzo, Abril, Mayo... Meses de calma, de alegría. Los dioses de Tenochtitlán siguen llamando y escribiendo y yo me siento fuerte y he bloqueado llamadas y chats. Ya no ya. Primero sano yo. Después ya veremos. ¿Amigos? Algún día. Ahora no puedo. Decido no sufrir más. Es Mayo y estreno una performance en la cual soy absolutamente feliz. En Junio empiezo a ensayar otra obra de teatro. Salgo por la noche y bebo Coca Colas, descubro el maravilloso mundo de la limonada y fumo tabaco armado. Me siento sana. Estoy contenta. Hablo con la gente desde la absoluta conciencia. Me doy cuenta de cosas...Me he vuelto más observadora. Mi terapeuta ve el cambio y yo también. Estoy bien. Ufff...gracias.
Me confío demasiado. Julio, Agosto... la obra me toca fibras muy íntimas. No me estoy sintiendo bien. Salgo y bebo un par de vinitos. Todo bien, bajo control. Salgo otra vez y tomo un vodka. Qué rico es el vodka. Viene un concierto de La Sarita y termino bebiendo ron de pico y bailando descontroladamente. Algunos "amigos" me dicen: "Que bueno tenerte de vuelta..." En la noche claro, en la locura, en la tristeza. Quiero irme. No puedo quedarme aquí, no puedo haber caído nuevamente. De pronto, Setiembre, y los mismos oscuros de siempre rondándome. Ojos felinos queriendo comerme. ¿Dónde están los seres luminosos de los que me han hablado? Estoy fuera del juego. Nuevamente en el callejón. Octubre, estreno la obra. Mis demonios están cada vez más fuertes. Le he dado todo el poder a mi mente y yo me he abandonado. Haz conmigo lo que quieras. Ya nada importa. ¿Qué pasó? No puedo controlar mis pensamientos. Voy a un doctor. Me arregla las hormonas. No estoy loca. Noviembre. Mis hormonas se regularizan y empiezo a ver nuevamente un poquito la luz. Qué increíble. Me quedo alucinada con nuestra condición de féminas. Terrible. Hay que vigilarse. no me queiro volver a dejar así. Sigo mi terapia. Mi terapeuta me deja, no me puede obligar claro. Espera a que yo regrese por el caminito nuevamente. Voy a un doctor que me toma el pulso y se asusta. me dice que soy muy irritable y yo acepto la aseveración. Me da una dieta y me quita ´cosas que me gustan. Le hago caso. Quiero sanar. ¿Qué importa no volver a comer un queso Brie? Todo por mí. No me importa. Me traiciono una vez más en diciembre, pero ya estoy encaminada. Nuevamente. Ya estoy respirando. Agradezco diariamente porque me la pasé mal y ahora estoy bien. Dejo el ron una vez más, me preparo mi año nuevo soñado. Me largo digo. Me voy sola. Lo que más he deseado. Voy a hacer algo que he buscado durante años. Ojalá se de la oportunidad. Un día antes de mi viaje veo a un hombre que me gusta mucho lo cual me hace suponer que tal vez en el 2008 aparezca un Ulises. Aprieto el paso. Yo tengo que terminar de tejer aun. Me queda todavía un buen trecho. Me voy de viaje. Lo disfruto. Me quiero. Comparto, sueño, canto, deliro, entro. Adentro, adentro. Vuelvo a Lima. Estoy bien. Veo que hay personas lindas a mi alrededor. Este va a ser un buen año.

¿El 2007? Fue un año excelente en realidad.

Excelente.