martes, 20 de octubre de 2009
Randy Pausch / La última lección
domingo, 18 de octubre de 2009
Los sueños, sueños son...

sábado, 17 de octubre de 2009
lunes, 5 de octubre de 2009
Las flores de Alicia...

Me gusta comprar flores. Me gusta caminar por la calle con un ramo de flores en los brazos. Cuando lo hago me siento alegre, iluminada, colorida. Así también, cuando veo a una mujer con un ramo de flores en los brazos la imagino contenta, delicada, gustando de su propia vida.
Talvez sea sólo una ilusión.
Cuando era niña, estaba "destinada" a ser una bailarina de ballet. Así me lo había planteado yo. No así mi padre que quería que yo llegara a ser cinturón negro en Tae-kwon-do y estudiara en la UNI ingeniería civil para convertirme así en una ingeniera de armas tomar. Yo en cambio, con mi "delincuencial personalidad”, soñaba más con un universo de tutús de algodón blanco, lagos de cisnes, moños, coronas y flores.
Dada mi afición a los tules mi madre me llevaba continuamente al Ballet. Así cuando era pequeña, tuve la oportunidad de ver a Alicia Alonso en una presentación, me parece que en el Teatro Municipal. Puedo equivocarme. Decían que Alicia era ciega y que se orientaba por la luz de los reflectores. También decían que los bailarines que tenía a su lado jamás la dejaban sola fungiendo así de lazarillos. Yo simplemente alucinaba porque estaba viendo a Alicia Alonso que para mi, junto a Barishnikov eran de niña, el non plus ultra de cualquier ambición dancística. Al final de la obra todos aplaudimos y un hombre a mi lado gritó desgarrado: "¡¡Grande Alicia!!" Y yo pensé, que tal vez algún día alguien gritaría mi nombre así. Tal vez... Algún día... Tal vez, pensé.
Gente muy importante subió al escenario y le entregaron flores. No se que edad habría tenido la Alonso en esa época pero desde mi punto de vista, desde mi ilusión, era una jovenzuela espigada, recibiendo unas hermosas flores frescas que la hacían ver aun más elegante y adorada.
Hace un par de años estuve en una reunión con gente de una importante compañía de ballet de Lima. Habían muchos bailarines y entre todos, una prima ballerina y un primer bailarín. Yo, me había tomado unas copillas de más y no dejaba de reír y de tomarme fotos con los "primos ballerines" porque: "¡¡¡No jodan! ¿Cuándo voy a tener otra oportunidad de tomarme unas copas con los primos ballerines!!!" Y nos moríamos de la risa y tomábamos fotos con el celular.
No se en que momento de la desordenada conversación se me ocurrió hablarles de mi infantil y adolescente amor por el ballet, de Alicia Alonso y de mi deformado punto de vista al verla tan jovenzuela recibiendo un hermoso ramo de flores cuando la Alonso en la época en que la vi tenía más de 60 años. En ese momento una de las chicas preguntó con ironía si es que alguien creía que Alicia Alonso también habría tenido que devolver las flores que le regalaron. Yo la miré sin entender y me explicó que a ellas, a las bailarinas, a la prima ballerina, al final de la función les entregaban flores sí, pero que eran flores de plastico que ellas debían de devolver después de la función. ¿Habría tenido Alicia Alonso que devolver sus flores después de la función?
Recordé mi visión de Alicia rodeada por su propio ramo, iluminada por los colores de la naturaleza. Pensé en cuantas veces había ido al ballet y había visto a las bailarinas recibiendo sus ramos, hermosas, sin saber yo que eran de plástico y que luego les serían arrebatados. Pensé en mi y en cuantas veces había recibido flores después en un estreno. Pensé en las historias que me creaba en la cabeza cuando veía a una mujer con un ramo de flores caminando por la calle. Pensé que talvez todo era una ilusión. La juventud de Alicia, sus flores, su figura espigada, la alegría de la gente con flores en los brazos, su delicadeza, mi percepción del maravilloso universo que rodea a las mujeres que compran o reciben flores… Puedo equivocarme. Quien sabe.