jueves, 1 de noviembre de 2007

Hallouainnnn!!!


Qué locura. Ayer la calle se llenó de niños y madres gritando "¡Hallouain!" y tocando todos los timbres habidos y por haber. Las brujas que vivimos dentro de las casas y que ya no salimos porque estamos un poco viejas ni permitimos que nuestros hijos salgan a la calle porque qué horror eso es como pedir limosna, estamos dentro bebiendo café y comiendo un chocolatito importado rogando que nuestro cuerpo no lo asimile y diciendo cada vez que suena el timbre: "Son ellos, ni te asomes..." Nuestros sobrinos o hijos encerrados pero disfrazados de lo que ellos deseen, están sentados sobre el sofá crema tragando de sus baldecitos de muñequitos llenos de chocolatitos y waffles y toffees... Ellos no tienen una bolsita de supermercado llena de caramelos de ambulante. Ellos tienen realmente el cofre del tesoro. Ellos son un tesoro. Esperan a que terminemos nuestro cafecito calientito porque hoy está haciendo un poco de frío y recordamos cuando eramos niñas y nos disfrazaban de princesas y qué diferente era todo en esa época, ahí sí se podía salir, en Chacarilla claro, nuestro barrio lleno de extranjeros que nos regalaban Milki Ways en vez del pop corn que regalaban los misios. Ya sabíamos a qué puertas tocar, claro. Ya teníamos nuestra rutina de Princesa que deseaban sólo recibir Vías Lácteas. Las amigas del colegio iban a tu casa para hacer tu ruta porque tú vivías en Chacarilla y por ahí sí que habían casas generosas, por ahí sí que nadie se mezclaba... Por ahí sí que era seguro... Lo que nunca le diremos a nadie es que nuestras madres no compraban los disfraces sino que los pedían prestados a la vecina millonaria y luego nos hacía con un poco de cartón y papel metálico el sombrerito en forma de cono y compraba un poco de tul que prendía de la punta para que tú, su hija, cumpliera su sueño de ser una princesa. Y aun así, te quejabas porque el vestido era celeste y no rosa...Pero celeste es el color de la sangre de los príncipes te decía tu madre, inteligentísima ella, sangre azul, y tú te la creías y la dejabas en paz, ingeniera tu madre, claro inteligentísima. Y ahora bebes tu café y desearías tener un gorro de princesa, porque ya no estás en Chacarilla, ahora estás un poco más allá, más cerca a todos los demás... Porque ahora te encierras para que no te griten barbaridades en la calle porque ahora todos tienen derecho... Y quisieras realmente poder comprarte las gafas de sol que usa la Charlotte de Mónaco, pero eso significa como tres meses de alquiler seguro y entonces imagínate. Miras por la ventana y ves a los niños adolescentes y madres felices. Es patético. Casi nadie les abre la puerta y tú tampoco lo harás. Los disfraces son horribles y no hay ninguna princesa. Nadie como tú. Hay niños con cajas en la cabeza emulando robots, hombres arañas con el disfraz comprado en ambulante, rockeras con los pelos revueltos y niñas disfrazadas de muñecas con las mejillas pintadas de rojo. "Huacala", dices y miras a tus sobrinos que tragan sus grageas de colores en el sofá crema y están tan bellos. Y tú te miras y ves tu ropa y no tienes las gafas de Charlotte ni los zapatos Manolo Blahnik con los que sueñas cuando miras la tv. Eres una más, pero queriendo ser más. Todo en tí hace ver que quieres volver a ser la princesa de Chacarilla. Eres una brujita disfrazada. Sigues con tu café en la mano, tu chocolatito importado, pero eres una bruja que quiere volver a ser princesa. Te odias, te sientas en la silla y sientes tu cuerpo crecer. Asimilaste todo el chocolate. "¡Mierda!"

4 comentarios:

luisa fernanda lindo dijo...

trato o truco

maría malló dijo...

ay carajo...
yo no sé cómo vine a parar acá, me ha dolido esto.
(lo cual quiere decir: gracias)

MUA - Jime Lindi dijo...

A tí. Me gustó la foto de la bañera y la "tridimensionalidad".

Sofia Rocha dijo...

El 31 de octubre en mi clase de inglés el profe pregunta si nosotros (los alumnos) celebramos Halloween en nuestros países y si salimos a decir “trick or treating”.

Casi todos dijeron que “no”, no pedían dulces de puerta en puerta. El de Vietnam, la de Marruecos, la Alemana, el Checo etc.
Y la Peruanita? Pues si, la peruanita salía cuando era chiquita a la casa de sus tíos y demás familiares a pedir dulces seguros y de marca (también).

Y el profe puso cara de qué tienen que ver con los peruanos con la tradición de los Celtas?
En ese momento me di cuenta de lo alienadazos que somos y llegué a mi casita con techo a dos aguas, con un vino bajo el brazo para brindar por el día de la canción criolla jajaja

PD: había comprado también chocolates para los niños que con todo derecho tocarían a mi puerta a decirme “trick or treating”, pero no vino nadie y la bruja se quedó con sus dulces y luego se lo comió todo (estupendo Jime)