martes, 25 de diciembre de 2007
Mi cariñito N.
Estoy escuchano la maravillosa versión de "Cariñito" que hizo el grupazo "La Sarita" y no pude evitar pensar en N. Hace unos meses viajé a Madrid a un festival de cine y ahí estaba ella, siempre con una sonrisa en los labios, siempre con esa calidad de agua en la mirada, los movimientos suaves, la risa franca, la voz... baja, delicada, tranquilizadora, amable. Nos vimos varias veces mientras yo vivía en "Mandril" (el cuco que come), y la verdad, sentimos hasta ahora un profundo cariño la una por la otra. Cada vez que la veo está más guapa, más mujer, pero sigue manteniendo esa aura de niña libre, de rebelde con causa, de muñeca que quiere que el mundo tenga reglas mejores, de libertaria, de hermosa Che Guevara. Estoy segura de que ella se iría con la guerrilla a la selva a luchar, o que tal vez, ya es amiga del comandante Marcos. Nunca lo sabré.
Una noche estábamos bebiendo mojitos en un bar del que ella era socia. Lógicamente, un bar sin licencia, escondido, en el que se podían fumar porros y al que tenías que entrar tocando un timbre. Ella nos hablaba a mí y a un chico de rastas sobre una situación en concreto que reflejaba la injusticia del mundo. El chico la miró y con la fuerza de todos sus rastas le dijo: "Bueno, el mundo es así, injusto." Y ella dijo: "Pues yo no quiero que MI mundo sea así." La amé. Yo me callo la boca porque soy la menos guerrillera, la verdad a veces siento que soy un poco egoísta y que no pienso en los "grandes problemas" del mundo, pero cuando escucho a N. hablar así, me dan ganas de colgarme un arma e irme al monte a luchar por la justicia social (más allá de que nadie crea que alguien en realidad luche por algo llamado "justicia social"). N. me da un no sé qué de confianza en que el ser humano puede ser mejor, en que todo puede fluir, en que todo va a estar bien. Ella me lleva un par de años, no es ninguna niña, y no tiene "oficio ni beneficio"(como lo entendería la injusticia social), trabaja en bares, alguna vez dio alguna clase de teatro, pero ella fluye con el universo y la verdad, tiene las cosas bastante claras y es para mí una pequeña buda, una mujer sabia, una linda que ya se dio cuenta de que todo el logos del universo está dentro de ella y que no necesita nada más. A veces, la extraño. Si vieran su sonrisa me entenderían.
Hemos bebido mucho vino juntas y cuando lo hacemos nos abrazamos mucho y reímos un montón. Cuando escucha que me burlo mucho de mí misma, me dice: "No juzgues Jimena". Y cuando oye que con unos tragos encima me burlo de mi entorno, abre mucho los ojos y sin perder la sonrisa me dice: "Jimeeeena". La última vez que estuve en Madrid, para ese festival de cine, nos juntamos durante muchas noches y a pesar de que yo no estaba bebiendo ni gota de alcohol en esos momentos, decidí tomar una copita de vino blanco en honor a mi Che Guevara. Fumamos porros y nos fuimos a casa de una amiga en el centro a seguir con el vino blanco y a hacerle la corte a un boliviano bastante extraño del que yo me había enamorado perdidamente en esa noche. En esa casa me entró la timidez, me senté a 20 metros de él y decidí que para mí sólo existían mis amigas mujeres y pusimos el grupo "La Sarita" para enseñarle al susodicho "lo que era bueno de nuestro país".
Si recordé ahora a N., es porque después de bailar "Guachimán" y "Más poder", ella pidió a gritos que le pusieran "Cariñito". La pusimos y en el mismo instante la vi entrar en un trance loco. Bailar como si sus extremidades se le fueran a escapar del cuerpo. Era un baile con saltos, expulsión de miembros, cuerpo descoyuntado...Era realmente un hermoso placer ver a un ser humano bailar con ese grado de libertad. Con tal grado de confianza en sí misma. Fue un momento inolvidable para mí. Sobre todo porque en frente de mi boliviano al que me había estado gileando toda la noche y quien creo estaba un poco asustado frente a estas cuatro mujeres peruanas bailando La Sarita sentado en un rincón armándose porro tras porro y bebiendo vino tinto en taza de café, mi amiga N. me sacó a bailar mientras seguía saltando en su trance loco. Yo me levanté y sentí la pesadez de mis miembros y que no podía seguir el ritmo de N. ni el de la canción (si la han escuchado es como para saltar como loca), y por un segundo me sentí ridícula por el boliviano que tenía atrás, pero luego, miré a los ojos a N. y ella me miraba feliz y me cogía de las manos y lograba que yo moviera mi cuerpo y me sumergí en sus ojos e intenté olvidarme del boliviano y decidí que la quería y que quería a mis amigas peruanas que bailaban conmigo "Cariñito" en ese momento y decidí que amaría Madrid por el resto de mis días, a pesar de todo, y que era bueno para mí regresar a esa ciudad de vacaciones, a ver a mis guerrilleras, a mis luchadoras, era bueno regresar aunque fuera un ratito a conocer un boliviano, era bueno estar ahí, para volver a ver a N. para escuchar su voz o para bailar un "Cariñito" con ella.
Un beso para N. Por siempre.
domingo, 23 de diciembre de 2007
Chicle gastado

He estado mascando este chicle desde hace mucho tiempo. El chicle sabe a cansancio, a fruta pasada, a muela rota. Mis encías suben y mi mandíbula despierta cada día más adolorida. "No es justo", me digo, aunque se que todo es justo. "Porqué a mí?", me pregunto. "Porque no a tí", me respondo. Trato de pensar que todo esto decantará en una obra de arte. Yo. Una geisha. Una obra de arte viva. El habla, el gesto, el rostro...Expulsaré el chicle y quedará el cuadro. La estética viva de una guerrera convertida en princesa, cortesana, seguidora, amada. Mientras tanto, le quito el sabor al chicle. Trago saliva, trago fruta pasada, ingiero química. Tengo la química cerca, me gusta. Me gusta tenerla dentro y que mi cuerpo se mueva. Pronto, me digo, dejaré este chicle y aparecerá una sonrisa. Ya no más abrir la boca una y otra vez. El chicle es cada vez más duro y apesta. Me da vergüenza hablar por el olor de mis encías. Ya nadie se me acerca.
De pronto aparece el coche rojo. Yo vestida de blanco leyendo un libro de Hannah Arendt. El coche rojo y mi vestido blanco. El coche deportivo color rojo y el día de verano. Estoy sentada en el último rincón del mundo. Visto de blanco porque quiero meditar. Masco mi chicle con un poco de dolor y pienso que estoy en las últimas. El coche rojo sobrepara. Mi libro empieza a temblar. Sólo somos el coche rojo y yo en medio de una casa de campo de reyes europeos. En ese momento me pregunto por primera vez: "¿Qué hago aquí? ¿Dónde está todo el mundo?" No están mis amigas, las comunes, las que me acompañan a leer a Arendt, a Fromm, a Benjamin aunque no los entendamos. Los queremos porque queremos superarnos. Ellas también mascan chicle. Son grandes y me cuidan. Me ven llegar con mi librito y vestida de blanco. No soy jinetera. No soy como ellas. Yo no quiero quitarte el trabajo hermana. Masco el mismo chicle que tú, pero no trabajo. No tengo trabajo ni beneficio. Vengo aquí porque no tengo otra cosa que hacer. Nadie me solicita en este mundo. Mírame bien guapa. Tenemos la misma edad. Te quiero por ser mujer. Y de tanto verme vestida de blanco, me aceptaron.
Miro el carro y pienso en mi chicle corriente. Quiero cambiar de chicle. Quiero uno nuevo, que alardee. Veo el carro rojo y ya no me importan procesos. Pienso que necesito comer bien. Movilizarme. Me han salido unas piernas de corredora por patearme la ciudad a pie. No puedo comprar un abono de metro. Nadie me solicita en la ciudad. Aquí me siento bien. En la casa de campo de los reyes nadie es solicitado, nadie es atendido, nadie es juzgado. Paseo entre condones con mi libro de "Hannah querida ayúdame a superarme" y hasta me encontré un vestido sucio tirado en el pasto un día. De quién habrá sido. Hermana, adónde fuiste desnuda. Maldito cerdo el que te hizo correr. Maldito sea. Chicle de mierda que ya está más duro y terrible que mi maldito culo por caminar horas para llegar a la vuelta de la esquina. Carro rojo me mira, sobrepara y me lo pienso. Son unas gafas oscuras, un pelo teñido y una camisa blanca. Asquerosa. Eres un cerdo pero te miro mientras masco mi chicle. Estoy tomando una decisión. Tal vez me puedas llevar por la ciudad. Qué carajo. Tal vez... Me sonríes, te quitas las gafas. Eres más feo aun que antes. Carro rojo, masco chicle, sonrisa astuta, anillo de casado. No veo a mis hermanas. No están por aquí. Estoy sola con el automovil y el anillo. Sola. Hannah Arendt empieza a temblar. Estoy vestida de blanco, mi chicle está blanco. Sólo quería meditar, hacer yoga aunque no sepa hacerlo, respirar el aire que respiran los reyes, las reynas, las princesas como yo. Como ellas, como mis hermanas. Sólo quería patear un condón y que se me pasaran las horas antes de volver a casa y darme una ducha que me ahorrara media hora más del día. Carro rojo, tengo miedo. Mi mano tiembla, está muy cerca. Mi vestido blanco me da ternura, mi libro, mi chicle, me siento estúpida, niña, estoy en el país de los mounstruos, en el averno, estoy en Neverland y no me había dado cuenta. Estoy en ninguna parte y este era mi lugar favorito. Me doy cuenta de que llevo viniendo al infierno todos los días a meditar. Mi mano temblorosa se apoya en la banca de semen y decide pararse. Estoy caliente. Hace calor pero no es por eso que estoy caliente. Estoy asustada. Carro rojo sigue ahí y yo cierro mi libro y doy media vuelta. Dejo de mascar el chicle. Me doy asco. Le volteo la cara al anillo de casado. No me puedes dar nada que yo no me haya dado ya, me digo. Lo pienso un segundo más. Y si tal vez... No. Mis hermanas no me lo perdonarían. Hicimos un pacto. Luego no me dejarían volver al infierno. Y una nunca sabe cuando querrá volver. Escupo el chicle como un hombre violento, tratando de ser agresiva y me voy. Cruzo el puente hacia la civilización. Dejo atrás reyes y princesas. Por un segundo, me asustaron. Ya buscaré un chicle nuevo.
miércoles, 19 de diciembre de 2007
Dice el I-Ching... Hexagrama 48
viernes, 14 de diciembre de 2007
La llegada de la mujer vampiro
domingo, 9 de diciembre de 2007
Y el cumpleaños se celebró...
Tengo ganas

Todo es rojo a mi alrededor. Acabo de bailar un flamenco con Sabina, con el mismo Sabina y yo no se bailar flamenco. Moví los brazos, golpeé el suelo con mis tacos y actué como una sevillana molesta. Bailé flamenco. Todo está oscuro y yo llevo una falda plizada negra y un gorrito de lana que me hace ver niña, adolescente, linda, guapa, inocente. De inocente nada. Me siento roja, me siento oscura. Te veo llegar. Nunca me has gustado pero esta noche tengo ganas. No importa quien seas y eres el único posible en esta noche larga de flamenco y rojos encendidos, de mujeres histéricas, de vodkas interminables. Me saludas y yo te pongo mi sonrisa más amable para que sientas lo linda que soy. Soy amable y buena gente, me preocupo, te escucho, te cojo del brazo y te pregunto cómo estás. No me importa. Estoy actuando, claro. Quiero que sientas que estoy ahí, que me sientas, que me recuerdes. Me siento en la barra y se me acerca otro. Grande, horrible, mono, orangután. No lo soporto y te miro. Ven, maldita sea, sálvame de la prehistoria del hombre, sálvame con tus labios y tu cerebro filosófico. No soporto una conversación aburrida, no soporto a un hombre intentando tocarme con la mente inexistente, te quiero a tí. No estoy tan convencida pero tengo ganas y se que tú terminarás por convencerme. Por fin, te acercas. Hablamos y reímos. El orangután se siente incómodo. Vase. Bien.
Te toco el brazo. Estrategia de mujer madura. De adolescente también. Te cojo el brazo mientras me río y te cuento anécdotas de mujer triunfadora, de lo que no soy. Actúo. Soy buena en mi trabajo. Soy buena actriz. No sabes el caos que llevo dentro y no tienes que saberlo. Sólo tengo ganas y ya está. Sabina sigue bailando flamencos locos y bellos y yo admirando y pensando qué coño hago en un bar tan oscuro y rojo viendo ángeles bailar con flamencos. Me recluyo un momento. Huyo de tí pero no me quiero ir aun. A lo mejor la noche se ponga buena para mí y el caos desaparezca. Siempre soñando... Que el caos desaparezca. Estoy sentada con mi falda plizada y mis botas negras. Todo está tan caliente. Bebo una cerveza y fumo un cigarrillo. Como siempre. Te busco con la mirada y ya no te encuentro y maldigo el momento en el que se me ocurrió recluírme. Pienso que ya te fuiste y me maldigo y empiezo a sentirme culpable. Por fin te veo. Estás al frente pero ya no te acercas. Bebes una cerveza y fumas un cigarrillo, como siempre. Te clavo la mirada. Literalmente. Te la clavo. No puedes resistir la punzada y volteas. Me miras. Nos miramos largamente. Eres tímido, me doy cuenta. Yo también pero esta noche tengo ganas. Sosténme la mirada tonto, te la estoy regalando. Igual, no te acercas, te faltan agallas. Nos vamos todos y tomas un taxi. Al despedirnos rozamos nuestros labios. ¿Qué más podía suceder? Ríendome te pregunto como es posible que te vayas a tu casa. Te invito a seguir bebiendo en mi casa junto a otras chicas y un orangután. No me dejes sola con el neanderthal. Te vas. Tienes que trabajar en unas horas y estás agotado. Quieres estar conmigo una noche entera sin obligaciones. Todo se da tan franco y desvergonzado que yo misma me sorprendo. Pienso en mi educación y en mi colegio alemán. Qué verguenza Herr Messerschmidt, usted nunca creería lo que las chicas de su colegio son capaces de hacer. Te hago un gesto despectivo con la mano y ríendome te digo algo como que tú te la pierdes y me voy a casa con amigas y un orangután. El pasado del hombre a mi costado. No lo soporto y me voy a dormir. Esta noche, tenía ganas. Qué pena.
jueves, 6 de diciembre de 2007
¿Y si los pierdo?
Mis padres, cuando cumplí 15 años, y, como tradición familiar (a mi hermana también le habían hecho un regalo similar por sus 15), me regalaron una joya. Nunca había tenido una joya en mi vida. Algo que fuera mío y que fuera valioso. Ellos me regalaron mi primer objeto valioso de la vida. Un anillo de oro con un zafiro y brillantitos (rusos, claro) alrededor. Prefiero el zafiro a la esmeralda. Me gusta más el color azul. Ese anillo era precioso, la verdad (ya entenderán porque digo "era") y yo, recargada y voluptuosísima adolescente ochentera, me lo ponía hasta para ir al colegio. La verdad, amaba ver mi mano adornada de esa manera. La veía más larga, más estilizada. Me sentía una mujer grande. Una mujer.
Un par de años después, un sábado por la noche, como casi todos, la pandilla de siempre, en la cual figurábamos mi enamoradito de secundaria y yo, decidió ir a emborracharse al Grill de la Costa Verde. Era una rutina conocida. Llegar y comprar el recordado "Balde", que era un BALDE de verdad, relleno con todos los conchos de alcohol que quedaban en las botellas que tomaba la gente mayor y adinerada, endulzado con mucho, pero mucho jarabe de granadina y servido con multiples cañitas. Un asco, pero la verdad nos gustaba bastante. El balde no era barato, pero lo comprábamos entre todos, nos sentábamos alrededor, e introducíamos la cañita de turno en nuestras bocas para no despegarlas jamás. Sorber, sorber, sorber era la consigna.
Una noche de esas, ebria y con el maravilloso zafiro adornando mi joven mano, salí con mi enamoradito romántico a sentarnos en la arena y conversar. No estábamos peleados, como casi siempre, simplemente nos sentíamos románticos. Estuvimos ahí largo rato y al pararnos para volver al "balde soñado", me sacudí el pantalón lleno de arena y en ese momento sentí la salida, el despegue fugaz de mi primera joya de mujer. De mi primer símbolo material de fémina sexuada. Paré en seco. Grité: "¡No te muevas!" Me arrodillé tranquilamente en la arena y deseé con toda la fuerza que me había dejado el Balde que apareciera mi adorado anillo. Mi mujer en mí. Pero en la arena, ya saben ustedes... Y yo, tocándola y pidiéndole que soltara mi anillo, que me lo devolviera. Pero no. La arena me había visto pretenciosa y no quería que siguiera ese rumbo. Empecé a llorar. Como loca. Mi novio buscaba, se acercó una chica al escuchar mis gemidos y también se puso a buscar, llegó un guachimán con una linterna iluminando la arena, mientras nosotros hundíamos nuestras manos en ella, queriendo que ese anillo se enganchara en nuestros dedos. Pero no. La chica, un ángel de aquellos, me dijo que esas cosas sucedían. Que no me preocupara. Que en unos años esto no iba a ser más que una anécdota. Tenía razón, claro. Pero yo, bañada en lágrimas, le decía que ese había sido mi regalo de 15 años. Mis papás no me volverían a regalar algo tan preciado. No volverían a confiar en mí.
Debo decir, que las dos tuvimos razón. Para mí, esa es ahora una anécdota, puedo contarla tranquilamente y el recuerdo del anillo llegó a mí ahora por un esfuerzo de la memoria. Por otro lado, tuve razón también al decirle que mis padres no volverían a confiar en mi cuidado hacia un regalo así. De hecho, lo asumí bastante temprano. Luego de esa experiencia, me di cuenta, de que cualquier objeto valioso en mis manos, corría el riesgo de desaparecer. He perdido muchísimos objetos que me gustaban, así que decidí asumir mi condición de ciudadana libre de objetos valiosos. Por lo menos, los que se cargan en una misma. Desde esa época, dejé de usar joyas y perfumes. Ahora, uso algunas veces aretes de fantasía, colonia de limón, tengo algún que otro collar, pero nada, nada, que tenga valor o que me de pena perder. Mi madre, tiene un pequeño cofre con joyas de su familia y por tradición, hay algunas que pasan a las hijas cuando estas se casan. Mi hermana, por ejemplo, obtuvo un anillo en su matrimonio. Y todas sabemos y está asumido que yo no recibiré ninguna joya. Le he pedido a mi madre, que la joya que me pertenezca, sea para mi hija. Es un acuerdo.
Francamente, me gusta ver joyas en las mujeres. Me encanta cuando éstas están bien llevadas y hasta pienso que el próximo año me quiero regalar esos super conjuntos que venden joyeras conocidas. Pero qué miedo... ¿y si lo pierdo? Por eso, prefiero andar libre, por el momento. Por eso a veces cuando pienso en los anillos de compromiso y matrimonio que llevan algunas amigas, me pregunto si no tendrán terror también a perderlos. Qué carga. Bueno, para mí. ¿Y si los pierdo?
martes, 4 de diciembre de 2007
Cumpleaños felice ma que felice
lunes, 3 de diciembre de 2007
SOLA
Llevamos un año saliendo y he caído en tus ojos de filósofo. He caído en tus palabras y en tu sonrisa aniñada. Me sentía dueña de mí, pero eso era antes. Ahora, te llamo. Yo te llamo y cada vez que lo hago recuerdo a mi padre diciéndome que las señoritas no llaman por teléfono a los hombres. Me siento en falta. Estoy faltándome a mí misma. Ya no soy una señorita.
Te llamo en la noche y te invito a beber un vino barato en casa. Pero tu tienes planes que no me incluyen. Malo. Igual me bebo el vino y termino inconciente en el colchón de mi cuarto. No tengo cama. Miro películas, fumo demasiado, me emborracho sola. Malo. Me duermo. Malo.
Me despierta el celular. Aun es de noche y yo confundida, respondo. Me duele la cabeza y tengo el sabor agrio del vino y del cigarro en la boca. Eres tú. Tu voz suena alegre y escucho bulla a tu alrededor. Estás ebrio. Bailando. Feliz. ¿Qué quieres? Me preguntas dónde estoy. ¿Dónde estoy? En mi colchón, tirada, dormida, borracha, sola. Estoy durmiendo, te digo, e intento poner una voz dulce que no sepa a vino agrio ni a cajetilla de cigarros. ¿Puedo ir?, me preguntas. Lo pienso. Pienso en mi padre y en mi misma de niña y te digo: "Ven." No me lo perdono, pero me levanto de la cama. Me baño, me pongo linda, me lavo los dientes y te espero tejiendo. Interminable. Demoras lo que quieres. Yo estoy ahí, esperando y fumándome el primer cigarro de la siguiente cajetilla. Ordeno el cuarto, abro la ventana. No quiero que sientas el olor a soledad.
Suena mi celular. Has llegado. De puntillas, para no despertar a nadie, voy a abrirte la puerta. Son las 4 de la mañana y yo estoy como nueva. Tú, en cambio, hueles a noche, te ríes y me coges de la cintura. Te quiero. Te he extrañado pero no te lo digo. Vamos a mi cuarto y nos hundimos en el colchón. No nos decimos nada. Casi no puedes hablar. Estás borracho y yo, con resaca.
Al día siguiente me despierto antes que tú, como siempre. Miro los árboles desde mi ventana. Miro un nuevo día. Un nuevo terror ante mí. ¿Y ahora qué hago? Te despiertas con mis ruidos. Es tarde y nos quedamos en el colchón mirándonos. Me cuentas sobre tu fiesta, sobre tus amigos que podrían ser míos también pero no lo son. ¿Yo qué hice? Nada, me quedé aquí leyendo, tomando un vinito... El silencio nos invade. Ya no tenemos nada de qué hablar. Te has dado cuenta de cuanto he caído en tus ojos y no lo deseas. No quieres hacerme daño, lo se. Me preguntas si me siento sola... Te pido que me acompañes a comprar el almuerzo y te ofreces a quedarte conmigo un rato más. Te arrepientes y decides irte. Es mejor así. Yo me pregunto, qué hice mal ahora. Lloro un poco. ¿Me preguntas si me siento sola? Cambio el almuerzo por un vino. Nuevamente. Sola.
domingo, 2 de diciembre de 2007
Mis brothers and sisters
El mayor, C., por el que siento una devoción indescriptible. Es el "hermano mayor" y esa etiqueta no se la quitará nadie. Es el que me sacó de los pelos de una discoteca a los 15 años y me prohibió volver a ir porque sus amigos, 7 años mayores que yo, le datearon que "su hermanita" estaba teniendo fama de "movidita". Salvó un poquito mi reputación adolescente aunque en el momento, la verdad, no lo entendí. El es también aquel hombre que en mis crisis histéricas dieciochoañeras me cogía del cuello y me inmovilizaba hasta que yo, me cansaba de llorar y me quedaba tranquila, cansada y dormida. Mi hermano es un éxito. Ahora está lejos y trabaja para una gran compañía internacional. El fue también el que me dijo que tenía que visualizarme. "¿Cómo quieres ser de aquí a diez años?", me dijo. Gracias a él, decidí estudiar Humanidades y quitarme el clavo de la ignorancia que tanto me dolía. Gracias a él, las sobremesas en casa se hacían felizmente interminables. Oyéndolo imitar a diferentes personajes de la televisión, o a familiares no tan cercanos. Qué risa.
Luego está mi hermana, S. Es absolutamente fantástica. Es, podría decir, la mujer más atinada que he conocido en mi vida. Sabe escuchar, sabe aconsejar y me quiere. Me quiere mucho y yo la adoro. Nos hemos sacado algo más que la lengua cuando eramos chicas, pero ahora, podemos decir que somos grandes amigas, inmensas. Ella es la que un día cuando tenía 15 años y andaba obteniendo mi fama de movidita en las discotecas limeñas me dijo: "No se que te pasa, has dejado de escuchar." Me salvó un poquito de olvidarme del resto del mundo. Me salvó de dejar de mirar a mi alrededor.
Ella me recogía del aeropuerto cada vez que venía de España y volvía a dejarme con lágrimas en los ojos. Ella, me sigue diciendo "bebita" a pesar de que ya somos dos mujeres grandes. Ella jugaba conmigo de niña y me tomaba fotos. Ella, me regala flores e intenta hacerme comprender que la mirada para adelante, en positivo, es lo que importa. Cada flor que me regala, es un recordatorio de lo maravilloso que es el amor que tengo a mi alrededor. Tengo suerte.
Y E., mi hermano menor que tiene síndrome de Down. Mi chinito, mi delicia, mi maestro Zen, mi ternura. Con él, si que me he peleado y como una salvaje. Hemos tenido épocas duras de distanciamiento. Epocas en las que él no me quería dar ni un beso y épocas en las que yo sólo lo jodía para que no comiera tanto. Pero ya no. El tiene 29 y yo 30 (casi 31) y nos hemos convertido en grandes amigos. Adultos. Vivimos juntos por ahora y por las mañanas, cuando voy a la cocina y él está en el gimnasio encuentro una taza con Eco y panela, porque sabe que no tomo café ni azúcar normal. Tiene una cámara digital con la que me ha hecho innumerables retratos. Cada vez que entro a la habitación a mirarme en el espejo, me dice que estoy muy guapa y me toma una foto. Ahora ha empezado a hacerse autorretros y me parece increíble. Se fotografía las piernas, los brazos, los dedos, y luego me las muestra. Tengo suerte porque no dejo de aprender día a día, gracias a él y porque tengo la oportunidad de seguir teniendo un hermano que se deja abrazar, besar y decir tonterías sin problemas.
Somos 4 en el núcleo familiar y, luego tengo también un medio hermano,E.B., el adonis suizo, a quien también adoro. Somos sus únicos hermanos y se siente y lo sentimos muy "nuestro". Es físicamente parecido a nosotros (por eso lo de "adonis"), tiene el ojo chino y el pelo castaño. Ahora vive en Washington estudiando una de esas cosas que se entienden por las siglas, (que también estudió mi hermano mayor), MBA, sí eso es, y trabaja también para una transnacional importantísima.
Sí, tengo suerte. Mi madre siempre nos inculcó lo importante que era la unión entre hermanos, por eso no se inmutaba cuando de niños nos sacamos los ojos. "De grandes", decía, "ya no les quedarán ganas". Y tuvo razón. Yo no puedo estar ni 20 minutos "peleada" con mi hermana, o en medio de algún malentendido. Inmediatamente (no pasa casi nunca, en realidad), la llamo o me llama y arreglamos el asunto. Con C. nunca he peleado por la simple razón de que él no entiende de peleas. No le interesan. Menos con E., quien sólo sabe dar amor. Ni con E.B. con el que sólo caben abrazos pues sabemos que no nos volveremos a ver en años.
Sí, la verdad tengo suerte. No tengo un hermano, tengo 4, y todos maravillosos. S. siempre me dice que confíe en mi madre. Que es la única en el mundo que real y honestamente desea la felicidad absoluta de sus hijos. C. siempre me pregunta si ya tengo novio y le reconforta que le diga que no y que así estoy bien por el momento, porque el sabe, por más que se haga el que no, que necesito estar sola. E., a un nivel sensorial, se que me siente mejor y por eso se acerca cada vez más a mí, se siente mejor a mi lado y me toma más fotos.
La verdad, me muero por ellos. Tengo suerte.
jueves, 29 de noviembre de 2007
¿Quiero ser actriz?
Antes del teatro, también lo tenía clarísimo. Iba a ser bailarina de ballet y eso era casi una sentencia. Hacía ballet desde los 5 años, así que para mí las presentaciones ante público, el olor a teatro, el maquillaje y el moño fueron amigos cercanos desde pequeñita. Ahora lo miro y siento a veces que todo es un circo y que mis padres en realidad, me abandonaron a los leones y a los freaks desde muy pequeña. Pero también dicen ellos que yo hacía tremendas pataletas a los 5 años para que me metieran al ballet y luego a los 13 no permití que se interpusieran entre mi persona y el taller del teatro del colegio. Claro que pusieron sus peros... La mayoría de padres se asusta. Normal.
Desde niña he tenido lo que yo llamo "visiones". Me visualizaba a mi misma de una u otra manera. Así un día bajé donde mi madre y le dije: "Acabo de verme a mi misma, ya mayor como de 25 años (...) apoyada en un poste, con un moño y yo flaquísima y altísima. Soy bailarina de ballet". Bueno, debo decir que la "visión" me falló por unos 20 centímetros de altura pero así me ví yo. Luego, he tenido otras "visiones" de mi misma, como actriz, como performer, como escritora, fotógrafa...
Al final, como sabrán algunos, decidí ser actriz y persisto en la idea desde hace ya más de una década. Hasta hace un tiempo me aterraba la idea de trabajar en cualquier otra cosa que no fuera actuar. Hace un tiempo tuve que hacerlo así que ya no me aterra. Una menos en la lista de los terrores. Fuera.
David Mamet dice que si tienes la oportunidad de dedicarte a otra cosa, dedícate a otra cosa. He escuchado a muchos colegas dar el mismo consejo medio en broma, pero medio en serio. El camino de esta carrera es cansado, competitivo, uno tiene que estar pendiente de no morir dentro del trabajo, estar alerta consigo mismo, nutrirse, educarse siempre. La actuación es un camino difícil, creo que en todas partes. Así que a pesar de mi persistencia en serlo, aun sigo esperando otra "visión" de mi misma haciendo otra cosa. Siempre me pregunto ¿Realmente quiero ser actriz?, aun ahora, después de tantos años...
martes, 27 de noviembre de 2007
Cumpleaños super feliz
lunes, 26 de noviembre de 2007
Little Revolution
El seguía hablando por teléfono y me miraba. Sentía también que yo lo miraba. El animal en celo, el ojo rojo bajo la bola china que él tanto conocía. Poco a poco, despertando. Lo miraba y él decía que "no gracias" a alguien en el teléfono. "No gracias". Gracias. Respiraba cada vez que él decía "No Gracias". Respiraba porque así se quedaría a mi lado mirándome aprender una revolución lejana, roja.
No quiero a tus amigos. Me caen mal. Me miran mal. No me quieren, puedo sentirlo. Tú me decías que no. Que ellos simplemente no me conocían. Que querían verme, quererme porque lo querían a él. Y yo, que no. Ellos quieren a la otra, a la fea esa, a la mounstrua. ¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste hacerme algo así? Amar a otra, llorar por otra. Quiero que llores sólo por mí y que mi imagen se quede clavada en tu memoria como lo único bueno que has tenido en tu vida. Desde mí, para adelante. Antes de mí, nada. Yo sí. Yo si he tenido una vida atractiva. Increíble. Aprende. Te cuento cosas que tú escuchas con admiración. Tú no me cuentes nada. No quiero saber. No me interesa. Me duele. La verdad, me duele.
El ojo rojo revolucionado te mira y pregunta por la llamada. Me dices que te estaban invitando a un conversatorio sobre arte, límites y no se qué. No entiendo te digo, te volteo la cara y te exijo que me dejes estudiar. Bajas la mirada y te vas. Yo bajo la mirada y me voy. Lejos. Más allá de la revolución. Más allá de Mao.
Me arrepiento para variar. No se como arreglar el caos que acabo de instalar en mi casa, en mi cabeza. Mi propia revolución empieza a atacarme. También es roja y agresiva. Veo la puerta de tu estudio que está cerrada y no se como tocar. ¿Tres toques? ¿Dos? No sé como entrar. Toco una vez y entro. Mi ojo ya no está rojo y tus ojos están tan verdes e infinitos como siempre. Me sonríes ampliamente y abres los brazos para acoger mi caos. Te quiero. Me sumerjo en tu pecho. Te quiero. Gracias. Cierra las ventanas. Quedémonos aquí. Cierra todo. Quedémonos aquí.
jueves, 22 de noviembre de 2007
¿Qué les pasa?
¿Qué les pasa a los hombres? Disculpen. Esto no prentende ser un post feminista, es una pregunta real. ¿Qué coño les pasa a los hombres? Abstenganse respuesta infantiles porfavor. Me acabo de beber dos piscosours y el mounstruo empieza a asomar... Indescriptible.
En menos de un mes cumplo 31 años. Nunca mejor cumplidos, nunca mejor edad. Los 20´s me gustaron por la despreocupación ante el futuro incierto pero nada más. Mucho sufrir, mucha arruga, mucha ojera. Ahora tengo mejor cuerpo, mejor cara, mejor actitud y más esperanzas en el futuro que cuando tenía 24 pero ¡Ole!algo sucede con los hombres cuando una entra en base 3.
¿Qué les pasa? A ver... Cuando cumplí 29 (por ahí ya empezaba), hice una reunión en mi casa con mis mejores amigos y un chico con el que llevaba "saliendo" un buen tiempo me dijo: "¿Cumples 29 ya? Con razón te está creciendo el culo." ... Tengo que decir, que me quedé sin palabras. Desde los 12 años había tenido el mismo cuerpo y su comentario hizo que me diera cuenta de que él no era mi príncipe azul... aunque eso ya lo sabía.
Luego, cuando cumplí 30, ya en Lima, hice una pequeña reunión con mis amigos más queridos y ahí empecé a escuchar la palabra "Vieja". "Ya estás vieja", me decía algun desubicado de 40. Si pues, decía yo, y ja, ja, ja... Pero el mounstruo empezaba a afilar sus colmillos...
Este año, treintañera sabionda yo, sintiéndome en la flor de mi potencial, que será máximo dicen a los cuarenta, empiezo a escuchar comentarios como: "Qué linda, si parece de 20 años...De 20 años de carrera artística..." Ja, ja, ja... decía yo, y el mounstruo estaba afilándose las uñas... Una que escuché el otro día y ya no hice ja, ja, ja, fue: "Se te está pasando el tren." Qué ser humano con que way of thinking puede decir una estúpidez por el estilo a una chica de 30 años del año 2007? La verdad...no me lo esperaba. Y me sigo preguntado:¿Pero qué coño le pasa a los hombres? Conozco mucha gente y de muchas áreas. No todos los que conozco serían capaces de hacer bromas tan, si uno las piensa bien, absurdas, banales, irracionales. ¿Para qué dice uno cosas por el estilo? Lo estuve pensando largo tiempo, mientras el mounstruo limpiaba sus escamas y me dije:
"Los comentarios... ¿De quienes provienen? Generalmente, es decir, siempre, de hombres ya "viejos" de 30 o más...(ja, ja, ja) Algunos rapados para que no se les note la calva, algunos con la "guatita chelera", algunos sin nada bueno ni malo que sacarles...Y me pregunté si esos comentarios para los que mi mounstruo se anda afilando las garras no son simple y terriblemene una manera que tienen ellos de transferir sus propios miedos. De rebajar el terror a la caída de su pelo en la arruga incipiente de la mujer que está enfrente, de adelgazar el rollito de la espalda en la única cana que le salió a su amiga y que dicho sea de paso, tiene desde los veinticinco años."
Es la única conclusión a la que llegué. Porque no me parece justo. Soy joven aun y punto. Es así. Yo quiero ser viejita de 90 y saber muchas cosas y tener mis nietos bajo la falda. Pero hoy, ahora, en este momento, soy joven y ya está. Y hoy, pensé en una ráfaga de pensamiento negativo que porfavor esta etapa se pasara rápido para tener 50 de una vez, ser vieja realmente y que ya nadie me jodiera. Qué estúpidez. No es justo.
Así que porfavor señores, los que usualmente suelten comentarios así, mírense a un espejo, obsérvense y pregúntense porqué es que hacen comentarios tan desatinados. Talvez descubran unas cuantas canitas en su pelo o unas arruguitas en la comisura de vuestros labios, una guatita que no soportan o unas entradas que desesperadamente intentan cubrir con el poco pelo que aun les queda.
Las mujeres de 30 no somos viejas. Si lo pensamos racionalmente es un absurdo. Por tanto, estos comentarios vienen de un impulso irracional. Miedo, celos, envidias, inseguridades... Observémonos un poco y pensemos si no parte de ahí la broma que me parece tan graciosa sobre la chica que tengo en frente.
Por otro lado, una broma así, no pone nada. Lo juro. Como estrategia, cayeron en la nada. Todos son mis amigos y los quiero, fue por eso que no permití que el mounstruo terminara de afilarse las uñas y pensé. Pensé, observé y vi calvas, entradas, arrugas, ojeras, jorobas y tristeza, así que le dije al mounstruo que se cortara las uñas y escondiera sus dientes. Porfavor. No molestarse. Es pura tristeza. Escóndete mounstruo. Mejor para todos. Mejor para mí.
lunes, 19 de noviembre de 2007
ODA AL RAVE
martes, 13 de noviembre de 2007
Nostalgia y buen humor

¿Para qué se le ocurre a uno hacer orden? A ver. El domingo cogí todos mis CD´s y los metí en la compu para ver qué información y de qué tipo tenía cada uno (claro, la mayoría no tenían nada escrito en la tapa) y me encontré con grandes y graves sorpresas. Fotos, muuuuchas fotos de antaño. Glup. Entre todas ellas algunas felices como esta.
Año ¿2004?. Street Parade en Zürich, Suiza. Viajé a visitar a mi hermano Elías, un adonis suizo. Fue el año de la terrible ola de calor en Europa. En Suiza, según lo que me dijo mi hermano, la gente joven se había vuelto loca. Nunca habían vivido un verano tan caluroso y las orillas del río (no recuerdo su nombre) estaban repletas de gente joven tomando el sol y bebiendo cerveza. "Tienes suerte", me dijo Elías, "normalmente, esto es muy aburrido." Pues para mí, los suizos de aburridos nada. Claro, tuve suerte.
Fui muy feliz en ese viaje. No sólo por estar con mi hermano sino porque fue el inicio de mi primer viaje sola por Europa. Había tomado un avión a Zürich desde Madrid y luego iría a Münich, luego a un pueblito en la frontera con Austria donde vivía un amigo muy querido, y terminaría en Praga, según lo que recuerdo me había dicho mi madre: "La ciudad más hermosa del mundo". Después me corrigió. Era Brujas.
En fin, que estaba contenta. Y el Domingo que encontré esta foto, a parte de otras muchas que me dieron hasta miedo, sentí que qué rico, qué bien me la he pasado. También. Hay que reconocerlo.
lunes, 12 de noviembre de 2007
Yo perseguido
domingo, 11 de noviembre de 2007
Rompiendo filas
Dear Catastrophe waitress

Mi primer intento de amasar fortuna como camarera fue en Barcelona. Fue un día después de más de año y medio de vivir por ahí, en el que vi mi cuenta de ahorros y dije: "Oh, oh... Sí Jimena, el dinero se acaba..." Gran lección. No es que haya sido una niña rica ni por asomo cuando era una jovenzuela, pero cuando empecé a trabajar como actriz, digamos que tuvimos una época dorada en la que ganábamos suficiente dinero para vivir, ahorrar, viajar y tener una cuenta a plazo fijo. Por tanto, mis inicios en la vida laboral hicieron también de mí una inconciente financiera y recién fue ahí, en Barcelona, que me di cuenta de que Oh, oh... con lo que tenía no podría tirar ni tres meses más. La verdad me lo tomé con calma. Pensé, que lo único que me restaba hacer era trabajar, así que conseguí una entrevista en un lugar de sandwiches fichos por intermedio de un amigo catalán. Algo así como el Pans pero con dibujos de Jordi Labanda. Insufrible.
Habían como 160 variedades de sandwiches que ellos esperaban que en algún momento de mi vida me aprendiera, y yo, que tenía otras cosas más importantes que hacer como leer a Foucalt en casa, sonreía haciéndoles un "wakala" interior. Lo bueno era que todos los camareros eramos jóvenes 25añeros, sin grandes responsabilidades y guapísimos. Así que una que otra vez, pues podías entretener el ojo, sonreír un poquito cuando te enseñaban que el pan amb formatge podía ser también sin formatge y nada más (yo era una mujer casada). Pero digamos que esas enseñanzas del pan tomaquet y el formatge amb vi y el siusplau, pues hacían más ligero el trabajo. El problema era la clientela. El inclasificable local quedaba en un lugar pituquísimo de
Barna y por consiguiente, los clientes eran jóvenes 30añeros en su mayoría (como yo ahora) que iban a tomar un cop de tint y un sandwich (qué marranos ahora que lo pienso), sintiéndose hermosos bajo el tul de las ilustraciones del Labanda. Bueno, después de un año y medio en la ciudad de las olimpiadas de algún año yo había aprendido a decir tres frases en catalán: ¿Tens un cop de vi si us plau? ¿Tens fog? Estic amb rabia continguda. Eran frases estratégicas: para que no me faltara el vino, el fuego para encender mis cigarrillos y para que no se me acerquen los petardos (estoy con rabia contenida).
Creo que tengo que decir algo sobre los catalanes en general. En la región de Cataluña o Catalugna, el idioma oficial es el catalán, no el castellano. Son bilingues sí (por lo menos en Barcelona), pero su lengua materna es el catalán y ellos se comunican de ese modo. Las clases en la universidad son en catalán (ahí también tuve mis forcejeos linguisticos) y la gente voltea amb la esquerra o la dreta, como nosotros, pero diferente. Saben de la inmigración galopante que hay en su tierra y las reglas con el idioma son cada vez más estrictas. No juzgo ahora si son buenas o malas (me reservo la opinión porque estoy hablando de otro tema). Simplemente es así. Hay campañas de "inserción" del inmigrante que son: "Ayuda al inmigrante. Parla en catalá". Bueno, es una moneda de dos caras.
En fin, en un barrio pijo con pan tomaca y catalanes treintañeros, estos no esperan encontrarse con una camarera inmigrante que no sepa catalán. Así que por ahí empecé a tener algunos problemas. Algo que si me sucedió repetidas veces era que el no saber catalán y vivir en Barcelona, no hacía que la gente se comunicara conmigo en Castellano, más bien, me ponía un estigma en la frente...Y yo me miraba al espejo sabiendo Alemán e Inglés casi a la perfección y me preguntaba para qué coño iba a aprender un idioma que sólo me serviría en Cataluña y en Andorra. Ahora que lo pienso, no me habría costado nada. Soy muy buena con los idiomas y si hubiera hablado en catalán todos habrían caído a mis pies. Pero no se, en ese momento mas pudo mi orgullo, y una cerrazón en el pensamiento que ahora me cuesta comprender. Ahora lo llamo "falta de estrategia".
viernes, 9 de noviembre de 2007
Mi amiga es una metáfora
martes, 6 de noviembre de 2007
Los divanes de mi vida

Mi psicoanalista en Barcelona era un tipo elegantísimo y parecido a Freud, aunque el era L A C A N I A N O. No crean que llego a entender la diferencia, nisiquiera creo que podría definir lo que es el psicoanálisis. Como ya les dije, yo voy y tomo lo que creo me pueda salvar (de mi misma, claro está) ya sea esto Yoga, Psicoanálisis, Psicoterapia, Falun Dafa, Taichi con abanicos o lo que sea.
Mi psicoanalista lacaniano se llamaba V y era un señor mayor y guapo. A mí me ofreció un precio de estudiante, pero de estudiante europeo... Yo, respiraba y me decía, no importa, esto es una inversión a futuro... A tu futuro. A que no te quedes sola detrás de una cortina espantando niños como en los cuentos.
Mi primer contacto con el psicoanálisis fue en Lima. Mi analista M era una tía genial. El primer día de análisis me dijo: "Bueno, cuéntame...Qué estás haciendo aquí..." Y yo... empecé a llorar (para variar). Parecía estar gritando "¡Consuélame! ¿¿¡No te das cuenta de que estoy sufriendo??!!" Pero lo increíble fue que en medio de mi llanto, M mi psicoanalista, mi salvadora, se paró y se largó. Y así me quedé solita con mi llanto, como un niño a quien ya no le dan bola y se tiene que cansar de llorar. Regresó a los 5 minutos con un humeante café con leche (para ella no para mí), se prendió un cigarro (en la época en que los fumadores aun eramos bien vistos) y me volvió a preguntar: "Bueno Jimena, cuéntame. Porqué estás aquí?" Y esa fue mi primera lección en el análisis.
Estuve con ella unos meses antes de partir a Barcelona a los brazos de mi segundo psicoanálista: el guapo y elegante catalán V. Al irme, M me hizo una pregunta de ojo de gata: "Jimena, te das cuenta de que siempre te estás yendo?" Glup.
El consultorio de V en Barna olía a madera y ahí si que no se podía fumar (primer mundo, le dicen). Le tuve que contar nuevamente la historia de mi vida (eso es lo que mas detesté de cambiar de analista) y empezamos a trabajar. Creo que ha sido una de las etapas más psicóticas de mi vida. Vivía pendiente de mis sueños (aun lo hago) y llenaba diarios de diarios, con reflexiones, sueños, análisis de sueños, conexiones, lapsus, encuentros fortuitos, sensaciones y etcéteras. A veces mi novio (ex novio) entraba en el salón a decirme algo y me veía sentada con la cabeza hundida entre las manos e imbuída en una reflexión alarmante sobre porqué había soñado con un baby doll rojo que además pertenecía a mi hermana y que además estaba metido en un cajón lleno de basura que yo tenía guardado en mi cuarto... (todo esto en mi sueño, claro). Andaba muerta de cansancio de soñar tanto, llorar por las calles e intentar convencer a mis amigas de que el psicoanálisis sí funcionaba (claro, con la pasta que me estaba tirando, tenía que funcionar...). Tenía sesión dos veces por semana y el consultorio quedaba en el quinto infierno en una de esas zonas pituquísimas de las grandes ciudades donde hay casas (cosa rarísima). Al llegar después de 45 minutos de viaje en los "ferrocarriles de la Generalitat", podías encontrarte casualmente con algún otro analizado, siempre con cara de que se lo llevaban al cadalso (como la tuya) o intentando definir que tema iba a tratar hoy con V para que V le pusiera una estrellita en la frente (esa era yo).
Con V estuve alrededor de un año. Un año muy agotador, pero siempre sabiendo que todo eso iba a dar sus frutos. Antes de irme a Madrid, me dijo que el pensaba que yo debía seguir con el análisis (clá...) y yo no le pedí que me recomendara a nadie en Madrid. Ya no quería más análisis. Ahora quería viajar, conocer, reír, juerguear... aunque el dinero ya me lo había tirado en la terapia. Si uno se pone a pensar en todo el dinero que ha invertido en sí mismo a lo largo de los años (no todos, ya lo se) e hiciéramos cuentas, tal vez podríamos haber hecho un viaje alrededor del mundo y tal vez eso nos hubiera curado antes que tantos años de análisis y terapias alternativas. No se.
domingo, 4 de noviembre de 2007
Este post te lo dedico. A tí, mi acento entrañable...
sábado, 3 de noviembre de 2007
No quiero
jueves, 1 de noviembre de 2007
¿¿¿Where the hell is Ulises????
Hallouainnnn!!!

martes, 30 de octubre de 2007
Otra vida
He pensado que esta vida sería ya mi cuarta o quinta vida dentro de mi vida. No puedo decidirlo. No se si la etapa de los 20 a los 22 (antes de mi vidita segurita en casita linda y filosofía) debería marcarla también como una "otra vida" después de toda mi primera "gran vida", luego vino España y luego el retorno que es "another thing".
Pero quisiera seguir hablando de mi vida de montura roja. Esa es la etapa de mi vida más documentada. De hecho tengo dos álbumes de fotos gordísimos llenos de fotografías de mi amor por él y mi amor por mí. Viajes, fiestas, juventud, locura, ganas de más locura, piernas suaves, ojos inteligentes y mucha soberbia. También tengo videos, cartas, facturas, boletas de pago de algún restaurante en el que celebramos algún aniversario... Millones de documentos que pueden certificar que viví esa vida.
Little revolution
El seguía hablando por teléfono y me miraba. Sentía también que yo lo miraba. El animal en celo, el ojo rojo bajo la bola china que él tanto conocía. Poco a poco, despertando. Lo miraba y él decía que "no gracias" a alguien en el teléfono. "No gracias". Gracias. Respiraba cada vez que él decía "No Gracias". Respiraba porque así se quedaría a mi lado mirándome aprender una revolución lejana, roja.
No quiero a tus amigos. Me caen mal. Me miran mal. No me quieren, puedo sentirlo. Tú me decías que no. Que ellos simplemente no me conocían. Que querían verme, quererme porque lo querían a él. Y yo, que no. Ellos quieren a la otra, a la fea esa, a la mounstrua. ¿Cómo pudiste? ¿Cómo pudiste hacerme algo así? Amar a otra, llorar por otra. Quiero que llores sólo por mí y que mi imagen se quede clavada en tu memoria como lo único bueno que has tenido en tu vida. Desde mí, para adelante. Antes de mí, nada. Yo sí. Yo si he tenido una vida atractiva. Increíble. Aprende. Te cuento cosas que tú escuchas con admiración. Tú no me cuentes nada. No quiero saber. No me interesa. Me duele. La verdad, me duele.
El ojo rojo revolucionado te mira y pregunta por la llamada. Me dices que te estaban invitando a un conversatorio sobre arte, límites y no se qué. No entiendo te digo, te volteo la cara y te exijo que me dejes estudiar. Bajas la mirada y te vas. Yo bajo la mirada y me voy. Lejos. Más allá de la revolución. Más allá de Mao.
Me arrepiento para variar. No se como arreglar el caos que acabo de instalar en mi casa, en mi cabeza. Mi propia revolución empieza a atacarme. También es roja y agresiva. Veo la puerta de tu estudio que está cerrada y no se como tocar. ¿Tres toques? ¿Dos? No sé como entrar. Toco una vez y entro. Mi ojo ya no está rojo y tus ojos están tan verdes e infinitos como siempre. Me sonríes ampliamente y abres los brazos para acoger mi caos. Te quiero. Me sumerjo en tu pecho. Te quiero. Gracias. Cierra las ventanas. Quedémonos aquí. Cierra todo. Quedémonos aquí.
jueves, 25 de octubre de 2007
Apocalipsis now


Recuerdo de niña haber llorado muchas veces porque mi madre no llegaba de tonde tuviera que llegar porque creía que estaba muerta o dormir juntito a mi hermano Esteban abrazaditos por el ruido de las bombas. No puedo imaginar lo que será vivir en una ciudad en guerra con aviones bombardeándote cada noche... Qué horror.
Otro de los horrores con los que ha vivido mi generación (y porsupuesto la anterior...) es el de "La guerra fría"... Para mí por lo menos ese era un tema alucinante. La imagen de la "Bomba Atómica" era una amenaza constante. Y la "nuclear" ya que ni se diga. A veces salía al jardín e imaginaba volando por el cielo un proyectil que caería cerca a casa (como en una de las escenas de la película "Al día siguiente", con la cual, dicho sea de paso, lloré como una loca). Nunca he ido al cine a ver tantas películas de terror como cuando era pequeña y nunca he pensado tanto en el apocalipsis ni en la existencia del demonio como en mis primeros años. La figura de los jinetes en sus caballos y el río de vomito eran imágenes que me fascinaban y horrorizaban.
Es así, que a veces me pongo a pensar en la cantidad de fantasmas que atormentaban mi mente de niña y los enumero: los terrucos, drácula, el demonio, el día del juicio final, la bomba atómica, la nuclear, y ni hablar de los "vivos" que también me daban miedo... A veces pienso que mis obsesiones y fantasmas adultos son falsedades con las que quiero llenar el vacío que me dejaron la "desaparición" del terrorismo, el fin de la guerra fría, el ya no creer en la historia bíblica... Esos temores llenaban tanto mi cabeza que ahora estaría buscando sustitutos. No lo sé...
Pero yo estaba hablando de mis amigos y de lo cariñosos que somos los unos con los otros. Imagínense, ¿cómo no iba a querer ir al colegio a conversar de todos estos temas? Como, pensando en estos temas ¿no me iba a pasar los tres primeros años de la secundaria jugando Ouija con mis amigas y pensando que realmente nos comunicábamos con espíritus superiores? ¿Cómo no quedarme al aire libre con una amiga a los 10 años hablando de Dios y decir que "lo habíamos sentido"? ¿Cómo no irme a un grupo cristiano para encontrar gente que me entendiera a los 13 años? ¿Cómo mi madre no me iba a sacar de los pelos de ahí? ¿Cómo no sentirme rara cuando hablo de la guerra fría y hay "niños" que me dicen que eso fue hace como 20 años? ¿Cómo olvidar el toque de queda y el decidir a los 15 que preferías morir en una discoteca con tus amigas que en tu casa con tus padres? ¿Cómo olvidar las caras inmóviles cuando escuchábamos una explosión y los ojos unos encima de otros diciendo "bomba"? ¿Cómo no recordar las llamadas a las abuelas llorando porque los papás no llegaban de sus reuniones?
¿Cómo pensar que todo ese miedo no se imprimió en nuestros cuerpos?
¿Cómo pensar que "ya pasó"?
¿Cómo no abrazar a un amigo diciéndole: "Te quiero. Cuídate."?